Las inundaciones de las últimas semanas, que colapsaron diversos puntos de Mérida, no tienen una causa única, pero sí un factor evidente: un modelo de expansión urbana que arrasa con la naturaleza y replica diseños arquitectónicos ajenos al contexto tropical.
Así lo advierte la doctora Silvana Forti Sosa, directora del Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo.
Además, señala que para dar un diagnóstico certero es necesario analizar cada sector de la ciudad de forma individual.
Con ese fin, su equipo de laboratorio se encuentra georreferenciando las zonas afectadas por las recientes lluvias para determinar si el origen del problema radica en la falta de permeabilidad del suelo, fallas de diseño urbano o una combinación de factores.
Para la especialista, el agua estancada en las calles es el síntoma de un problema estructural del que poco se habla: la deforestación masiva. “Las campañas urbanas de reforestación son insuficientes si no se detiene la pérdida de vegetación original”.
“No sirve plantar árboles si no proteges y evitas la deforestación. Esas medidas tienen que ser combinadas, sueltas no sirven”, afirma la doctora Forti Sosa.
“Si deforestas cinco hectáreas y plantas arbolitos, esos arbolitos no te resuelven los problemas ecosistémicos que resolvían esas cinco hectáreas de árboles”.
Sin el contexto tropical
Ante esta situación, la especialista apunta a una marcada ausencia de políticas públicas y propone legislar para poner límites estrictos a los desarrolladores inmobiliarios, permitiéndoles deforestar un 10% o un 20% de la superficie de sus terrenos, por ejemplo.
Asimismo, cuestiona los modelos de vivienda que se replican en la periferia de la ciudad. “Los diseños que hacen estas inmobiliarias son como traídos de fuera, no tienen nada que ver con el contexto tropical: casitas iguales una al lado de la otra que, además, obligan a la gente a usar aire acondicionado por las condiciones que el mismo entorno genera”.
También dice que, de acuerdo con estimaciones de biólogos, recuperar el aporte ambiental de una zona de selva baja deforestada puede tardar décadas.
“El monte, la selva, tiene alta diversidad, y cuando se deforesta y luego se planta pura palmera o puro maculís no se hace nada. El aporte ecosistémico ya no es el mismo (…) Es importante controlar la deforestación porque esos aportes no se reemplazan con árboles de una sola especie, por un lado, y por el otro lado, tarda muchos años en recuperarse”.
La entrevistada subraya que la pérdida de suelo permeable y árboles no solo agrava las inundaciones, sino que ha convertido a Mérida en una inmensa isla de calor, especialmente en áreas como el Centro Histórico.
Estudio
Para dimensionar el impacto de las planchas de concreto, la doctora Forti Sosa comparte un estudio realizado mediante vuelos mensuales de drones en el estacionamiento de la Universidad Modelo. Tras intervenir el diseño de ese espacio e implementar un modelo donde se plantaron más de 200 árboles y se sustituyó el pavimento por gravilla, las mediciones registraron una diferencia de hasta 10 grados menos en las zonas arboladas en comparación con las cubiertas por puro cemento.
“Imagínate la ciudad en zonas donde no hay árboles y es puro cemento, o colonias donde arrasan con la vegetación para luego plantar unas palmeras que nada que ver”, señala.
La investigadora también relaciona la crisis climática con el crecimiento desmedido del parque vehicular en Mérida, el cual ya alcanza cerca de 800,000 unidades en total, con un notable incremento en el uso de motocicletas.
Para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, Silvana Forti urge a descarbonizar el transporte y consolidar una red de ciclovías eficiente como en Sevilla, España. Mientras que la zona metropolitana de Mérida cuenta con alrededor de 200 kilómetros de infraestructura ciclista (veinte más que la ciudad española), el uso de la bicicleta aquí es sumamente bajo.
Vialidades
El problema, señala, no es la falta de vehículos no motorizados, sino las condiciones de las vialidades: “El 40% de los hogares en Mérida tiene una bicicleta, pero el uso es bajo por miedo, porque no hay infraestructura segura y por la violencia vial. Los conductores de carros son muy agresivos, sobre todo con las mujeres”.
“Entonces, si queremos que cambie y empiece a mejorar la cuestión climática o por lo menos no aportar tanto al desastre, pues sí tenemos que empezar a ver esos problemas. Un error es pensar y ver el problema de un solo lado y de un solo elemento cuando son problemas complejos que tienen elementos y dimensiones conectadas entre sí. Por eso para mí solo plantar árboles no resuelve nada. Hay que pensar estratégicamente. Vamos a reforestar, pero también evitar deforestar. Porque una cosa resuelve todo el problema”, apunta.




