Comercian con santería

Comercian con santería

Los charlatanes en Valladolid son 5, dice un proveedor

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La fachada del comercio de esoterismo en la calle 39 con 32 de Valladolid, en el barrio de Santa Ana, cerca del mercado. A la izquierda, Julián Alberto Reyna López, dentro de su negocio, ayer


VALLADOLID.- En esta ciudad funcionan al menos 15 establecimientos de santería y de brujos, como comúnmente los llaman, pero unos cinco de ellos son charlatanes que se aprovechan de la gente, según manifiesta Julián Alberto Reyna López, propietario de un negocio de productos esotéricos.

El comerciante dice que su negocio “está limpio”, lo que quiere decir que sus productos “no están trabajados por ningún santero o brujo”, sino que funciona como proveedor de lo que ellos necesitan.

Su negocio se denomina “Los siete arcángeles” y se ubica en la calle 39 con 32 en el barrio de Santa Ana, cerca del mercado.

Ahí vende “amarres” y “desamarres”, medallas, dijes, piedras de la obsidiana y cuarzo, talismanes, polvo de oro, plata y cobre, herraduras, libros, imágenes, polvos esotéricos, baños aromáticos, incienso, esencias, perfumes, “aguas espirituales”, velas y veladoras de varios tipos.

-Todos estos productos están limpios, pero son utilizados por los santeros a quienes surto -dice.

-Los precios que ofrezco son los más bajos, pero cuando el cliente o la víctima acude con su santero, se los venden hasta tres veces más caro, con diversos pretextos, pero es lo mismo -agrega.

Reconoce que mucha gente es incauta y se deja engañar por los santeros, que usan diversos métodos de convencimiento a fin de que la gente caiga en la trampa.

-Hay dos tipos de santeros -dice-. El bueno es quien te hace un trabajo y no te pide determinadas cantidades de dinero y el malo es es charlatán que desde el primer momento te empieza a pedir diversas cantidades de dinero, a fin de que caiga el cliente. Luego del fraude desaparecen -advierte.

En su negocio recibe a decenas de personas que se quejan de que los defraudaron y él siempre les recomienda que acudan donde tengan fe y no les pidan dinero, sino que aporten lo que ellos mismos quieran como donativo.

-Por fortuna, los vallisoletanos ya casi no se dejan engañar; las más incautas son las familias humildes que vienen de las comisarías -dice.- Juan Osorio Osorno




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