Oran al dios de la lluvia

La ceremonia maya en el cenote Kikil, de Tizimín

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Los pibes fueron enterrados para que se cocieran; luego se repartieron entre los participantes. A la izquierda, un momento de la ceremonia, ayer en Kikil
El j'men (sacerdote maya) Dionisio Pat realiza el sacrificio de una gallinas en el altar, en Kikil, Tizimín
Participantes en la ceremonia maya aprovecharon visitar el cenote de Kikil. A la izquierda, una exposición de reliquias y bordados en el ex convento franciscano de la comisaría


TIZIMÍN.- Turistas nacionales y extranjeros participaron en una ceremonia maya ayer en el cenote de Kikil (sangre que chorrea).

El J’men (sacerdote maya) Dionisio Pat fue el encargado de pedirle a Cha-Chaac, dios de la lluvia, que aplaque la sequía de este año.

A las 7 de la mañana se comenzó a preparar el altar para solicitar a los guardianes (aluxes) permiso para honrar al dios de la lluvia.

Entrada la mañana, a las 9, ya con el altar preparado, Dionisio Pat comenzó las oraciones y explicó que el altar se pone de frente al sol para la entrada de la energía.

En los cuatro puntos cardinales puso velas y el pozole en jícaras. Luego, el sacerdote elaboró el licor con miel, agua y corteza de la planta de balché, el cual fue resguardado bajo el altar hasta la repartición de los pibes.

Durante la ceremonia, turistas se acercaban para presenciar el ritual y tomar fotos. Algunos fueron parte de la celebración al sacrificar gallinas y pasándolas a las mujeres nativas del poblado, quienes se encargaron de hervir y desplumar a las aves para preparar el “cool”.

Otro grupo le daba forma a los pibes. Unas colocaban las nueve capas de masa y otras personas rellenaban los pibes con pepita de calabaza (símbolo de los 13 cielos mayas).

Al museo

Mientras se preparaban los pibes, los espectadores visitaron un museo temporal, en el ex convento franciscano.

Ahí se expusieron varias piezas arqueológicas y fragmentos de restos prehispánicos y artefactos coloniales. En el recorrido se pudo apreciar el arte del bordado de varias artesanas de diferentes comisarías de Tizimín.

Por otro lado, a un costado del cenote, María del Rosario Escamilla mostraba reliquias y contaba la leyenda de su antepasada Jacinta, una mujer de 25 años que acostumbraba ver las luciérnagas de noche.

Según se cuenta, un día al observar que salía fuego de la tierra, espantada regresó a su casa. No contó nada de lo que sucedió y al día siguiente se asomó para investigar qué era lo que se apreciaba por la noche. Al excavar cerca del árbol donde observó las luces, encontró un cofre lleno de oro y mapas de la Península. Todo fue expuesto para apreciación de los turistas.

Casi a las 3 de la tarde, la princesa maya entregó la ofrenda al dios Chaac, un ramo de flores que se aventó al cenote de Kikil con la finalidad de honrar a las personas ahogadas ahí.

Para consumar esta ceremonia, el J’men Dionisio Pat realizó una limpia con oraciones para librar de los malos aires que pudieran llevar consigo los presentes.

Todo el día se vivió la tradición mezclada con el folclor de las ceremonias y de los eventos culturales que se presentaron en la explanada.

Los participantes visitaron el cenote y se deleitaron con la maravilla natural.- Jacqueline Mejía Castor

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