Hambre, bullying y agresión

Penurias de una madre y sus cinco hijos en Tizimín

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María Candelaria Méndez Alcalá y su hijo José Manuel Poot Méndez, en el patio de su domicilio, en la calle 52 entre 63 y 65 de Tizimín, enfrente de un taller de vidrios y aluminios. A la izquierda, Kristal Guadalupe Poot Méndez, de 4 años de edad


TIZIMÍN.- Con cinco hijos, bajo su responsabilidad, una madre de familia afronta a diario la necesidad de sacar adelante a sus retoños.

Abandonada por su pareja y padre de sus cinco hijos, María Candelaria Méndez Alcalá relata con tristeza sus penurias desde la albarrada de su domicilio.

“Disculpe que no le reciba en la casa de mi mamá”, dice Candy, como le dice de cariño su familia. “Lo que pasa es que la más pequeña de mis hijas, Kristal Guadalupe Poot Méndez, de 4 años, tiene granitos, creo que es rubéola”.

Acompañada del mayor de sus hijos, José Manuel Poot Méndez, de 15 años, Candy relata que desde 2012 su pareja sentimental y padre de sus hijos los abandonó por una mesera de cantina.

“Nunca nos casamos. A los ocho años de que vivíamos juntos, su carácter cambió, me golpeaba para que yo pudiera tener relaciones con él”, dice. “En el mismo año que nos abandonó, me golpeó tan fuerte una tarde que llegó bien tomado (alcoholizado), que tuvieron que internarme en el hospital San Carlos.

“Estuve internada más de cuatro meses por las lesiones que me provocó; después de eso, el muy valiente nos abandonó. Yo a diario hago mi venta de panuchos, salbutes y enchiladas, que vendo a tres por 10 pesos, en las noches frente a la iglesia.

“Como no tengo más para invertir, los sábados y los domingos que son mis mejores días de venta, saco $120 y los otros días, 40 ó 60 pesos; junto $400 en toda la semana.

“De ahí saco para la comida de mis hijos; cuatro de ellos estudian, José Manuel, de 15 años, y Édgar Alejandro, de 14, estudian el sexto grado; Ángel Adolfo, de 9, está en tercer grado; los tres estudian en la Sebastián Molas.

“Jesús Agustín, de 6 años, está por concluir el kínder, en el preescolar María Conde Ruz; ahí tengo problemas con la cuota de 500 pesos; no la he podido pagar y la directora ya me dijo que si no la pago, no le van a entregar su certificado a mi hijo y que van poner mi nombre en la puerta, para que me dé vergüenza. Igual me dijeron que si no hay pago, no van a aceptar a mi hija Kristal, que debe iniciar sus estudios el próximo ciclo. Ya lo hablé con mi mamá y le dije que si no logro pagar la cuota, pues ni modo, los dos más chicos se van a quedar sin estudiar. Sin certificado Jesús no va a poder ingresar a la primaria y a Kristal no me la van a aceptar en el kínder”.

Al escuchar el relato, José Manuel, el más grande de los hijos, dice que a él le dan ganas de abandonar la primaria, porque constantemente es víctima de bullying, ya que al saber que su padre lo abandonó, en la escuela le dicen bastardo, que porque no tiene papá.

Pese a su necesidad, Candy dice que no puede ser egoísta con los demás. Cuando va a vender en el horario de receso en las afueras del colegio donde estudian sus hijos, le da pena que de repente algunos niños le pidan un salbut por 1 ó 2 pesos, ya que a veces solo eso llevan de gastada o se los roban sus compañeros. A ellos sí se los doy, pero a los adultos no, porque ellos a veces no quieren pagar su comida, pero bien que tienen para la cerveza”.

Violentos

“La familia de mi ‘ex’, sobre todo sus sobrinos nos agraden constantemente, o nos echan encima sus motos o pasan y tiran piedras a la casa, todo porque saben que demandé a su tío. Ahora, el muy valiente golpeador quiere regresar conmigo, porque dice que su querida le robó todo su dinero; él vive bien, tiene moto y coche; trabaja como albañil y antes fue policía; le dieron de baja porque su comandante supo que me golpeaba constantemente. Como no acepté que regresara conmigo, me amenazó con quitarme a mis hijos”.

El domicilio de esta familia está en la calle 52 entre 63 y 65, enfrente de un taller de vidrios y aluminios.- Ermilo Alcalá Dávila



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