“Queremos vivir en paz”

Piden rescatar a quien cayó en las bandas y drogas

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Un policía antidisturbios -con trajes especiales, cascos, rodilleras, pecheras, chalecos antibalas y tonfas-, popularmente conocido como "Robocop", cruza una calle de Flamboyanes, Progreso, donde hay constantes pleitos de dos pandillas. A la izquierda, vecinos que aún tienen la costumbre de "tomar fresco" a las puertas de su casa


PROGRESO.- Queremos vivir en paz, que haya tranquilidad, ya basta de tantos escándalos y enfrentamientos, afirmó Esther Noemí Méndez Mena, quien cobró $1,120 del apoyo bimestral del programa Oportunidades en el Centro Hábitat.

-Todos deben colaborar para que Flamboyanes sea una comisaría segura y tranquila. Padres de familia y autoridades debemos poner nuestro granito de arena porque está en juego el futuro de nuestros hijos -enfatizó.

Katy Manzano Escalante, quien cobró $2,370, a su vez consideró que la mayoría de los (7,000) habitantes de Flamboyanes quiere vivir en paz y que la comunidad sea un lugar donde las familias puedan andar con libertad y sin temor a ser agredidas.

-No todos los jóvenes y menores de edad son vándalos; hay buenos estudiantes, deportistas y trabajadores, a quienes se les debe apoyar, pero también hay que rescatar a quienes han caído en las garras de las bandas y consumo de drogas y alcohol -dijo por su parte Ángel Hipólito López Chan.

Amparo Romero Pérez afirmó que los vecinos consideran que la vigilancia debe de ser permanente, pero los policías no deben incurrir en excesos cuando catean a un menor de edad o joven.

Tampoco, añadió, deben catear y acosar a los menores o jóvenes reunidos si no están cometiendo algún delito, porque genera malestar y que se agreda a las patrullas.

Fundación

Los vecinos señalaron que Flamboyanes se fundó en 1980 y se comenzó a poblar después del huracán “Gilberto”, que azotó en 1988.

Fue cuando se hizo la primera reubicación de familias que habitaban en colonias de la ciénaga, en la zona federal, a Flamboyanes.

La segunda se hizo hace cuatro años, cuando se fundó la sección del IVEY, donde según policías municipales y vecinos tiene su base la banda de “Los Félix”.

En la zona conocida como Las Palmas están “Los Sureños”, rivales de “Los Félix”. Ambas se enfrentan a cualquier hora del día, pero por lo general en las noches.

El vandalismo se dejó crecer. Flamboyanes creció tanto en casas como en habitantes, pero sin autoridad.

Sanciones

Por eso los vecinos lo consideran un pueblo sin ley y ahora piden que se haga justicia y se castigue a quienes infringen la ley.

Flamboyanes también se pobló por familias que llegaron de comunidades de Tabasco, Campeche, Alvarado, Veracruz y Chiapas, para trabajar en la pesca, y ocuparon casas abandonadas.

El asentamiento creció sin contar con los servicios básicos, como transporte urbano de pasajeros y algún médico de planta.

El drenaje y agua potable fueron deficientes y la vigilancia policíaca fue casi nula, lo que propició la venta clandestina de bebidas alcohólicas y consumo de drogas.

Flamboyanes era considerado refugio de meseras que trabajaban en las cantinas de la ciudad y mujeres que eran sacadas a vivir por patrones de barcos y pescadores.

En los últimos dos años se pavimentaron calles, se construyó un Centro de Salud, se mejoró el transporte urbano de pasajeros y de taxis, se dan clases de zumba y se formaron grupos de Policía Vecinal para prevenir el delito.

Sin embargo, todo ello aún es insuficiente, denunciaron amas de casa.

La situación cambió un poco en Flamboyanes, pues se integran equipos de fútbol y boxeo, así como de activación física, pero falta mucho por hacer, señalaron las vecinas.

Ello porque se suscitan constantes escándalos, enfrentamiento de bandas, narco menudeo y viven bajo sitio policiaco en un intento por restablecer el orden.

Pago bajo vigilancia

Por ejemplo, luego que el lunes 12 unos vecinos lapidaron la caseta policíaca tras la detención de un menor de edad presuntamente con droga, el viernes se pagó el apoyo de Oportunidades bajo vigilancia de un grupo policíaco, pues las amas de casa cobraron desde $500 hasta $5,000 según el número de sus hijos en edad escolar.

Lo que falta

Las mujeres precisaron que falta más vigilancia policíaca y, sobre todo, que el gobierno realice actividades que involucren a los menores de edad y jóvenes, porque al no encontrar nada qué hacer, los muchachos buscan la manera de matar la ociosidad, son víctimas fáciles que caen en la delincuencia y consumo de enervantes.-

Ronda de opiniones

Amas de casa de Flamboyanes, Progreso, opinan de la inseguridad.

Manuela Manzano Medina

Lo que hace falta en Flamboyanes es más vigilancia con muchas patrullas para que haya más seguridad, ahora vemos que pasan los policías, pero antes por falta de vigilancia había mucho relajo. Como vecina y madre de familia lo que quiero, como la mayoría de los habitantes, es que haya tranquilidad, que se acaben los enfrentamientos y que se viva en armonía.

Mariana May Chim

La forma para que Flamboyanes sea una comisaría tranquila y que haya paz y tranquilidad, lo primero que se debe de aplicar es más vigilancia las 24 horas del día, porque se había descuidado mucho tiempo. A cualquier vecino que se le pregunte todos van a responder que quieren vivir en paz, sin que se tengan que encerrar en sus casas desde temprano.

Marisela Ortiz Tepal

Los padres son los que deben de dar ejemplo de buena conducta y educar a sus hijos para evitar que caigan en vandalismo y otros delitos. A mis hijos, su papá desde chicos les enseñó a comportarse con respeto, a no meterse en problemas y a que estudien. Es cierto que hay problemas en Flamboyanes, pero todos debemos colaborar para que retorne la tranquilidad.

Rosa Pérez Solís

Lo que hace falta es ocupar a los menores de edad y los jóvenes, que haya actividades y hasta trabajo; al estar ociosos buscan qué hacer, pero no hay nada productivo, salen a las calles y en algo se tienen que distraer. La vigilancia policíaca es buena, pero el gobierno debe de traer programas de atención integral y sobre todo trabajo para las familias y mantenerlas ocupadas.




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