Juntos en la enfermedad y la esperanza

A pesar del dolor, mantienen viva la fe, en Valladolid

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Juanita Dzib Quetzal y su esposo Romualdo Uicab, de Valladolid, se dedican a vender flores para poder comprar sus medicinas y comida
Romualdo Uicab, quien también padece de las rodillas, ayuda a su esposa para trasladarse. Debajo, su baño sin terminar


VALLADOLID.- La cuesta de enero afecta a muchas personas, en su mayoría a aquellas de escasos recursos.

Este es el caso de Juanita Dzib Quetzal y su esposo Romualdo Uicab Mazún, ambos de 70 años de edad.

Juanita Dzib Cetzal, quien vive en la calle 51 entre 36 y 38 del barrio de San Juan, asegura que la cuesta de enero ellos la viven todos los meses del año, pues tienen que luchar mucho para conseguir lo indispensable.

Ella tiene diabetes, mal que le diagnosticaron hace unos 40 años. Además, hace aproximadamente dos años, perdió la sensibilidad en las piernas y no puede caminar.

Al hacer memoria de su vida, comenta: “Hace varios años, cuando yo estaba embarazada, iba viajando en un taxi junto con mi esposo y tuvimos un accidente; como resultado se fracturó mi espalda y los médicos me dijeron que no iba a volver a caminar, que iba a perder a mi bebé; yo recuerdo que nunca perdí la fe; todos los días le rezaba a la Virgencita para que me ayudara a que se salve mi hijo y a que vuelva a caminar… y sucedió”.

Tras el milagro ocurrido hace más de 20 años, Juanita Dzib asegura que Dios nunca la abandona y que él la ayuda para conseguir un poquito de comida todos los días.

Pese a que no puede caminar y su esposo también tiene problemas en las rodillas, ambos se dedican a vender flores, a 5 pesos el ramo. De ese modo se ayudan para comprar sus medicinas y conseguir comida.

El matrimonio tuvo seis hijos, uno de los cuales ahora vive con ellos, Ángel Martín Uicab Dzib, quien gana poco y los ayuda en lo que puede. Los demás hijos se casaron y ya no viven en Valladolid.

Romualdo Uicab Mazún interviene: “Yo me preocupo por mi esposa, no puede comer cualquier cosa, para andar en la casa la tengo que poner en la silla de ruedas, me cuesta trabajo, porque ya casi no puedo caminar, pero lo hago con gusto”.

Juanita Dzib se siente muy agradecida con sus vecinas, en ocasiones le regalan comida o la visitan para comprarle flores.

Cuando ambos trabajaban empezaron a construir su baño, que no pudieron terminar.

“Me gustaría tener un burrito ortopédico para caminar, pero es muy caro y nunca lo podré comprar”, agregó Juanita Dzib.- Víctor Novelo Loría




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