Se gana la vida chapeando

Se gana la vida chapeando

En Valladolid una mujer cuenta una difícil experiencia

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VALLADOLID.- Sentada en una silla de madera y con machete en mano Jacinta Pool Canché limpia las yerbas crecidas en las puertas de su domicilio, en la calle 45 entre 10 y 12 de la colonia popular San Francisco

La mujer, quien a sus 65 años vive en la pobreza extrema, platica de la mala experiencia que vivió cuando fue objeto de explotación y maltrato de su pareja.

“Agustín tomaba y me pegaba mucho; era carpintero, siempre le ayudaba con los trabajos, a veces yo tenía que cargar las puertas cuando las íbamos a colocar en algún lugar”, relata .

Jacinta Pool procreó cinco hijos con su pareja: dos mujeres y tres varones; uno falleció cuando tenía apenas unas semanas de nacido.

“Hace 30 años que me dejó mi marido y se fue a Veracruz, yo tuve que hacerme cargo de mantener a mis hijos; sin embargo, por la situación económica en que vivía tuve que mandar a dos a ellos a un internado gratuito en Mérida”, dice.

Gracias a una vida de trabajo como ayudante doméstica y al sacrificio de separarse temporalmente de sus hijos, logró salir adelante.

Hoy día, los hijos están casados y viven en distintos lugares. No obstante, Jacinta Pool continúa trabajado día a día para sobrevivir.

Sin ayuda de algún tipo, la mujer vive sola en una casa de madera con techo de cartón. A diario lucha por salir adelante, se levanta temprano y sale a buscar trabajo.

Es como echar una moneda al aire, no sabe con certeza cómo le va a ir.

“A veces ganó $50 ó $100 limpiando casas; hay días que no me va tan bien y sólo ganó $30 por chapear”, comenta.

“A pesar de que a veces me regalan comida en casa de mis hijos, el dinero no me alcanza; tengo otras necesidades como la instalación de energía eléctrica, reparar el techo de mi casa antes de la temporada de lluvias; ni el documento de mi casa he podido hacer por la falta de recursos”, añade.

Su mayor anhelo es tener una casita con todos los servicios para disfrutar de su vejez, pero lo ve distante pues dice que en su caso nadie se preocupa por su situación.

“Una vez fui al municipio (Ayuntamiento) a pedir unas láminas de cartón para reparar mi casa, pero me dijeron que tengo que pagar la mitad de lo que cuestan. Si voy a pedir ayuda es porque no tengo para pagar, apenas me alcanza para comer tomate o frijol”, expresa.

“Me gustaría que alguien me apoye para juntar algo y pasar tranquila el resto de mis días; dentro de poco no podré trabajar”, dice Jacinta Pool Canché mientras chapea.- Pablo Chacón Yupit




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