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Concentración total en el salón de clases

Cómo evitar las distracciones y soñar despierto

Hay que combatir las distracciones para no perder la concentración.

Cuando se está concentrado, el cuerpo, los sentidos y los pensamientos se enfocan en algo. Llevar al cabo este proceso es de los más natural, sobre todo en momentos de esparcimiento como, por ejemplo, ir al cine.

Sin embargo, a veces resulta complicado hacerlo en ámbitos como el escolar. “El trabajo de los estudiantes es aprender”, les dicen los padres a sus hijos. El maestro facilita ese proceso de aprendizaje. Entonces ¿por qué es difícil concentrarse en un salón de clases?

La realidad es que es muy sencillo perder la concentración, pues hay tantas distracciones que se dividen en externas e internas.

Cualquier estímulo procedente del entorno que disminuye la concentración es una distracción externa. Esto puede ser el ruido en el salón vecino, la plática o ropa de unos compañeros, etc.

Para evitar esto, lo ideal es tener comodidad y tranquilidad en el salón. La clave para lograrlo es conseguir un buen lugar para escuchar mejor, preferiblemente en las filas de adelante.

Asimismo, hay dos situaciones qué se deben evitar al escoger un lugar. Sentarse cerca de la ventana puede ser perjudicial con el sol del mediodía y además propicia nuevas distracciones si se le da más importancia a lo que sucede fuera del salón. Al estar junto al alumn@ “buena onda” o con un buen amigo es factible que el tema central de la clase quede de lado fácilmente.

La distracción interna proviene de uno mismo y la principal es fantasear en lugar de prestar atención. Este vicio tan común es provocado por las pocas ganas del estudiante de estar en una clase determinada. Como los minutos transcurren como horas, el alumno prefiere fantasear para hacer más pasajero el tiempo.

Claro, el riesgo primario es que el profesor en turno se dé cuenta y el “soñador” recibe una reprimenda o lo que es peor: tenga que contestar una pregunta que ni siquiera escuchó.

Pero lo más negativo es que se perderá toda la información importante para tareas y exámenes. Entonces, todo parte de preguntarse: ¿Vale la pena soñar despierto?

El siguiente paso es lograr una autodisciplina para no hacerlo en horarios de clase y estudio. Tomarse unas vacaciones mentales ayuda a relajarse en situaciones tensas, pero hay que aprender a salir de la fantasía a tiempo.

 

 

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