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Cómo vencer a los extraordinarios

A convertirse en un cazador de “demonios”

Nunca se está solo. Con ayuda se pueden superar los exámenes extraordinarios.

El terror en el cierre de año lo causan los exámenes extraordinarios, que decidirán si finalmente se da otro paso más al frente en la preparación académica o no.

 El punto de partida es cazar a los “demonios” internos y no pensar en lo que ya fue: la realidad es que se falló durante el año o semestre en cuestión. Eso no va cambiar.

 Pero se tiene una última oportunidad y hay qué aprovecharla. La inquietud es cómo aprender en unos cuantos días todo lo que no se aprendió en un curso completo.

 El punto de partida es que, por más mal que le haya ido a un alumno, éste tiene un conocimiento básico del tema. Ahí debe comenzar a construir su “salvación”.

 Segundo, nunca se debe tener miedo a pedir ayuda. Ese es otro “demonio” al que se debe vencer de inmediato. El consejo de los maestros, la ayuda de los amigos y el apoyo familiar son decisivos para que la angustia se transforme en motivación.

 Los nervios siempre estarán presentes, pero se debe llegar lo más tranquilo posible al examen por cuestiones de concentración. Tampoco confundir tranquilidad por relajación, pues se tiene que asumir la responsabilidad del momento delicado que se vive.

 Si se está consciente de que no se aprobará la materia sin importar lo que pase en el examen ordinario, se puede utilizar dicha prueba como un ensayo de lo que está por venir.

 Por último, hay que ser realistas: el riesgo de fallar en la primera oportunidad del extraordinario es latente, pero igual se tiene una segunda. Un debido manejo de las emociones evitará que la angustia regrese. De lo que se trata es superar un examen, lo que ya se ha hecho muchas veces con anterioridad, sobre todo si el estudiante es de nivel licenciatura.

 Aunque la “campaña de salvación” resulte exitosa, es imperativo realizar un análisis personal del porqué no se obtuvieron los resultados esperados. A final de cuentas pasar “de panzazo” no es algo que resulte agradable más allá de la satisfacción de aprobar el curso.

 Es bueno que durante las vacaciones se trabaje para resolver aquellas dificultades y obstáculos que les impidieron avanzar o mejorar.

 La clave es encontrar la raíz del problema: conocer si la dificultad se debe a problemas de aprendizaje, emocionales, déficit de atención, organización, falta de herramientas de estudio u otros. Como siempre, el apoyo de la familia resulta vital.

Nota con información del sitio redsalud.uc

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