Primera Columna

-El periodista

Por Carlos R. Menéndez Navarrete


En rincón frondoso del parque de San Juan, el doctor Vittorio Zerbbera y César Pompeyo dedican su charla del 30 de mayo a un camino que puede guiar o extraviar a la sociedad en su jornada cotidiana hacia el bien común: el periodismo.

-¿Cuál es vuestra opinión, César -pregunta el señor Zerbbera- sobre el periodismo entero, en toda la extensión de la palabra?

-A mi manera de ver, Vittorio, el periodismo es la historia en movimiento perpetuo, con principio y con fin, pero sin final. El periodista es el historiador de cada día. A partir de la experiencia, que es la presencia asesora del pasado, reseña los sucesos de hoy y los interpreta para alumbrar la andadura hacia el porvenir.

-El alfabeto del periodista modélico se compone de siete letras: cuatro son “H” y tres son “P”. Las siete son vasos comunicantes que no funcionan en la ausencia de una. Me ayudaré de los números para explicarme:

1.”H” de honestidad, entendida como la credencial que identifica al hombre decente que de palabra y de hecho observa los principios dictados por la moral social.

2.”H” de honradez, que es la franqueza en la expresión frontal del pensamiento y la rectitud escrupulosa, insobornable, en lo tocante a la procedencia y el uso del dinero propio y ajeno. Es un antídoto de la corrupción.

3.”Honor”: la cualidad que nos impulsa al cumplimiento de nuestros deberes con nosotros mismos y con los demás.

4.”Honorabilidad”: digno de honra, que es la buena opinión y fama que se consiguen con la práctica comprobada de la virtud y su resultado, que es el mérito.

-Estas cuatro manifestaciones de la “H”, Vittorio, se reúnen en la aplicación de las tres letras “P”:

1.”Pudor”: la exigencia íntima, irresistible, de ajustar nuestra conducta a las creencias que profesamos. Obrar de otra manera nos causaría una vergüenza insoportable.

2.”Pundonor”, que es, en nosotros, el sentimiento de la dignidad personal y, en los demás, el reconocimiento a nuestro pudor.

3.”Pericia”: el dominio de las vertientes y los entresijos de la profesión, puesto al día en un afán constante de superación.

-La satisfacción de las siete conduce a las dos cumbres del periodismo: una, el Criterio, que es la única vía accesible a la segunda, que es el Crédito.

-El Criterio es la facultad adquirida de distinguir entre la verdad y la falsedad, entre la sinceridad y la apariencia. Esta capacidad nos autoriza a tener y formar opinión sobre un asunto. Mediante el raciocinio, protegido por la prudencia y vigorizado por la reflexión, arribamos al juicio certero.

-La expresión continuada de un criterio que muestra y defiende los intereses legítimos de una comunidad desemboca en el Crédito, que es la opinión favorable que se tiene de nosotros, la buena fama que extiende una invitación clara a decir y hacer lo que nosotros decimos o hacemos.

-Viene al caso citar aquí un párrafo del poeta y novelista clásico español Vicente Espinel: “… con esto y otras cosas estoy tan acreditado, que toda la gente ordinaria de esta corte acude a mí”.

-El Crédito es un río con dos afluentes. Uno es la “Lealtad”. La fidelidad a toda costa a nuestras convicciones, de modo que se nos considera incapaces de mentir, engañar o traicionar. Tiene un sinónimo: la congruencia que nos hace dignos de respeto y de confianza.

El otro es el “Desinterés”: el convencimiento general de que nunca buscamos el beneficio nuestro sino el provecho social. Es el “yo” subordinado al “nosotros” y al “ustedes”. Es vecino de la generosidad y la humildad, distante del egoísmo y la vanidad.

-Llego ya a mi concepto sobre el periodismo ideal: el que informa y orienta con la misión de fortalecer y defender las tradiciones, las costumbres, los comportamientos y las reglas morales que son los valores que nutren el bien común, primero en la familia y enseguida en la escuela, la sociedad y el país. El periodismo que puede perder batallas, pero nunca la guerra. Que, nunca despistado, sabe siempre a dónde va: en pos de la verdad, la justicia y la libertad. El periodismo que es la conciencia pública.

-¿Puede mencionar, César, a un periodista frondoso, con la personalidad y la ejecutoria que usted nos ha descrito? -preguntó, por último, don Vittorio.

-Don Abel Menéndez Romero, segundo director (1961-1986) del “Diario de Yucatán”. A su muerte física, el periódico, que cumple mañana 87 años, lo calificó de “periodista total”. Totalidad ejercida detrás de los reflectores, a la sombra fecunda del culto al trabajo, la austeridad y la modestia.- Mérida, 31 de mayo de 2012.


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