Francisco, primer papa hispanoamericano y jesuita
El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio asume la sucesión de Pedro
El cardenal argentino, Jorge Mario Bergoglio, fue proclamado sumo pontífice de la Iglesia Católica, con el nombre de Francisco I, hoy miércoles 13 de marzo de 2013
(Mons. Emilio Carlos Berlié, Arzobispo de Yucatán, compartió el siguiente texto durante una rueda de prensa que ofreció la tarde del miércoles 13 de marzo de 2013)
Esta es la biografía del nuevo papa.
Jorge Mario Bergoglio, 77 años, nació en el barrio argentino de Flores en el Gran Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Tras estudiar como técnico químico eligió el sacerdocio y entró en la Compañía de Jesús.
Estudio filosofía y teología en ambas facultades del Colegio Máximo San José. Fue maestro de novicios y profesor universitario en teología, provincial de los Jesuitas en su país y presidente de la Conferencia episcopal del 2005 al 2011. El 13 diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote. Cumplió un postgrado en la Universidad de Alcalá de Henares y en 1986 concluyó su tesis doctoral en Alemania. Juan Pablo II lo creó cardenal en el 2001.
Según indiscreciones, en el cónclave de 2005 la última votación lo vio protagonista junto a Ratzinger. Tiene una fuerte experiencia pastoral, se caracterizó por decir verdades siempre de manera clara. Su pagina en Facebook cuenta más de 37.000 ‘me gusta’ aunque no es él quien la cuida. Viaja normalmente en subterráneo, metro o medios públicos.
No da entrevistas por lo que los periodistas toman sus declaraciones de las homilías. Se enfrentó fuertemente con las autoridades locales en temas como aborto, matrimonio homosexual y liberalización de drogas.
El cardenal primado de Argentina tomó siempre una posición cercana a las clases menos favorecidas, y de reciente criticó a los sacerdotes que no aceptan bautizar a bebés extramatrimoniales, según indicaron los medios locales.
A los religiosos le pidió “salir a dar testimonio e interesarse por el hermano” porque la cultura del encuentro “nos hace hermanos, nos hace hijos, y no socios de una ONG o prosélitos de una multinacional”.
En diversas oportunidades criticó fuertemente la corrupción y la trata de personas con imágenes fuertes: “Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros”. O “la esclavitud está a la orden del día, hay chicos en situación de calle desde hace años, no sé si más o menos, pero hay muchos”. Se “sigue fracasando en librarnos de la esclavitud estructural”. “En esta ciudad está prohibida la tracción a sangre” si bien “todas las noches veo carritos cargados de cartones y tirados por chicos, ¿eso no es tracción a sangre?”.
Recordó que “hay chicas que dejan de jugar a las muñecas para entrar en tugurios de la prostitución, porque fueron robadas, vendidas o traicionadas”. Criticó fuertemente el “limitar y eliminar el valor supremo de la vida e ignorar los derechos de los niños por nacer”. Y aseveró: “el aborto nunca es una solución”. Se opuso a la liberalización de drogas y exhortó a los jóvenes a no creerles a “los mercaderes de la muerte”.
Advirtió que su país “no se cimentó con delirios de grandeza desafiantes”, e invitó a ir “más allá de las diferencias”. Criticó la falta de “humildad” de los gobernantes y la “veleidad” como un desvalor “que carece de toda propuesta”.
Sobre Aparecida indicó que “la inspiración del Espíritu es la gran luz que hubo ahí. Sombras son las mil y una cositas que trababan y tuvimos que superar”. “Todo fue un complejo de luces y sombras y que ganó la luz”.
Siempre se mostró reacio a obtener encargos de un cierto peso en la Curia Romana, si bien fue nombrado consultor de la Pontificia Comisión de América Latina; miembro de las Congregaciones para el Culto Divino y la disciplina de los sacramentos; del Clero; de los Institutos de Vida Consagrada, del Consejo postsinodal, y de la presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
La fuerza de la Iglesia -indicó el purpurado en el sínodo sobre la nueva evangelización- está en la comunión y su debilidad en la división y en la contraposición.
El cardenal Bergoglio se despide de la presidencia
BUENOS AIRES, miércoles 9 noviembre 2011 (ZENIT.org).- El cardenal Jorge Bergoglio se despidió de la presidencia de los obispos argentinos con una larga entrevista. En la misma, hace un repaso por la situación de la Iglesia. Sobre los laicos, afirma que corren peligro de “clericalización” y que es más fácil ser monaguillo que protagonista.
Sobre Buenos Aires, afirma –en una larga entrevista concedida a la agencia AICA- que hay muchas cosas por hacer: “Hay que seguir caminando e ir haciéndolas de a poco. Ésta es una ciudad que de noche tiene tres millones de habitantes y de día ocho”.
En este sentido, se refirió a la pastoral urbana y el congreso celebrado hacia fines de agosto en la región de Buenos Aires, que “nos hizo mucho bien”. “Nos hizo caer en la cuenta de que lo monocultural no corre. Decían en el Congreso que hay 6 o 7 ciudades imaginarias en Buenos Aires. El gran esfuerzo no solamente es inculturarnos –que siempre hay que hacerlo- sino comprender los lenguajes que van llegando que son totalmente distintos. Aparecida tiene unas consideraciones muy fuertes sobre la pastoral urbana”.
¿Cómo ve a los laicos en la Argentina? “Hay un problema, lo dije otras veces: la tentación de la clericalización. Los curas tendemos a clericalizar a los laicos. No nos damos cuenta pero es como contagiar lo nuestro. Y los laicos –no todos pero muchos- nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista de un camino laical. No tenemos que entrar en esa trampa, es una complicidad pecadora. Ni clericalizar ni pedir ser clericalizado. El laico es laico y tiene que vivir como laico con la fuerza del bautismo, lo cual lo habilita para ser fermento del amor de Dios en la misma sociedad, para crear y sembrar esperanza, para proclamar la fe, no desde un púlpito sino desde su vida cotidiana. Y llevando su cruz cotidiana como la llevamos todos. Y la cruz del laico, no la del cura. La del cura que la lleve el cura que bastante hombro le dio Dios para eso”.
¿Qué opina del concepto del papa Benedicto XVI que habla de la “belleza tecnológica”?
“Sí, las instituciones eclesiásticas siempre se han entendido más con la categoría “verdad” y no con la de “bondad” y la de “belleza”. La comunicación supone las tres. Comunicarse supone decir una cosa que uno entiende que es verdad, decirla con bondad y con belleza. Las tres juntas. Las instituciones eclesiásticas todavía no desarrollaron sobre todo la dimensión de la belleza. Creo que hay que trabajar mucho en eso. La belleza en el mensaje, en la transmisión, la vida misma, la captación de las cosas, las cosas son verdaderas, buenas y bellas. Y si le falta algo le falta algo de las tres. Una verdad que no es buena termina siendo una bondad no verdadera. Van juntas. Lo mismo con la belleza. O sea, que la relación tiene que ir por esos carriles. Y tenemos que hacer un esfuerzo por que eso madure y progrese. [Recomienda la lectura del documento conciliar Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social.]”.
¿Cuál es su mirada sobre el CELAM? “Que ha crecido, va madurando. De algo meramente funcional, porque tenía que ser así cuando empezó, se ha transformado en algo inspirativo. La última Conferencia del Episcopado en Aparecida es levadura de inspiración más que bajada de línea funcional. Es un llamado a la creatividad, marca líneas de misionalidad, no termina con un documento como las anteriores conferencias sino que termina con una misión. Eso es muy importante”.
Sobre Aparecida. Sus luces, sus sombras, afirma: “La inspiración del Espíritu es la gran luz que hubo ahí. Sombras son las mil y una cositas que trababan y tuvimos que superar. Pero no me atrevería a decir que la mayor luz fue ésta. Creo que todo fue un complejo de luces y sombras y que ganó la luz. Es la primera conferencia general del episcopado que se hace en un santuario mariano que tiene capacidad para 35.000 personas. Todos los días concelebrábamos los 200 y pico de obispos con gente. Los días de semana había poquita gente: 200, 300 personas, poquitas… Sábado y domingo, 30,000. Y las sesiones se hacían debajo del santuario, en instalaciones que hay ahí para los peregrinos. De manera que nuestra música de fondo eran los cantos del santuario. La voz del pueblo de Dios. Ésa fue una de las grandes luces de Aparecida: el pueblo de Dios metido en la conferencia, en un santuario mariano, la casa de la Madre”. — (ARQUIDIÓCESIS DE YUCATAN / COMISIÓN DIOCESANA DE COMUNICACIÓN)