Ya no atraen las cantinas a los nuevos políticos

Ya no atraen las cantinas a los nuevos políticos

Les tienen miedo y prefieren ir a lugares de caché, aseguran

Con 40 años de experiencia en el ámbito de los bares y cantinas, Marco Antonio Martínez Encalada, conocido popularmente como “Palanca”, sostiene que la nueva clase política, incluyendo a los “júniors”, no frecuenta esos establecimientos que conservan su concepto original.

“La mera verdad, los políticos de ahora prefieren ir a bares más íntimos, donde casi no se les ve”, indica. “Piensan que si van a una cantina como el Chemas u otras enseguida los van a identificar: ‘Oye, allá estaba tomando los tragos el secretario del Ayuntamiento’, ‘¿Que no es el secretario de Gobierno?’. Por eso van a lugares más íntimos, porque creen que nadie sabe por allá”.

El antropólogo Sergio Grosjean Abimerhi, quien está preparando su segundo libro sobre las cantinas en Mérida, coincide en que los políticos jóvenes no se sienten muy atraídos por las tabernas tradicionales.

“Sí, ahorita (van) con menos frecuencia que antes”, afirma el investigador durante una entrevista. “Ahora que se han abierto bares de categoría, de caché en el Norte de la ciudad, como que les tienen miedo a las cantinas”.

“Ahora cuidan más su imagen, pero antes no, antes había muchas negociaciones en esos lugares”.

En efecto, veteranos cantineros señalan que es muy raro ver en sus negocios a políticos jóvenes. Ahora, dicen, la mayor parte de los diputados locales y federales, delegados e integrantes de los gabinetes estatal y municipal, entre otros servidores públicos, frecuentan establecimientos de grandes franquicias. Es común que en esos sitios sostengan “reuniones de trabajo” donde no falta el consumo de bebidas alcohólicas.

Martínez Encalada, quien ha sido promotor de varios establecimientos vinculados con los bares, define las cantinas como “centros de reunión”.

“Por lo general, allá va la gente que tiene problemas, y también la que no los tiene”, añade. “Los que trabajan en la barra son como los doctores y como los peluqueros: el cliente les cuenta sus penas. Con dos o tres traguitos empieza: ‘Fíjate que me pelee con mi mujer, que mi hijo me trata mal’. El cantinero llega a saber todo de un cliente”.

Grosjean Abimerhi dice que en las cantinas una historia sepulta a la otra. Ante esa realidad se decidió a escribir “Anécdotas de las cantinas de Mérida”, que salió a la luz el año pasado, y ya tiene en preparativos una segunda obra con el mismo tema, que incluirá un mapa sobre las tabernas que operan en la capital yucateca.

“Muchas veces se sataniza a las cantinas, se piensa que son sitio para gente mala, que puro golpe hay allá y no, es todo lo contrario”, subraya.- ÁNGEL NOH ESTRADA

@angelovaliant




Volver arriba