Oficina alterna

Oficina alterna

Los políticos y las cantinas protagonizan una antigua relación

2003. Una camioneta con placas oficiales se detiene a escasos metros de la entrada del bar Chemas, en la calle 55 con 66. Descienden dos personas que entran a la cantina y de inmediato solicitan que les sirvan cervezas.

No pueden pasar inadvertidos. Son nada menos que el gobernador Patricio Patrón Laviada y el secretario de Gobierno, Pedro Rivas Gutiérrez. El primero pide que le sirvan “orejas asadas” de botana, para acompañar la bebida.

Una hora después se retiran tal y como llegaron: sin escolta, sin asistentes, sin protocolo…

Mediados de los 80. Interinato de Víctor Cervera Pacheco. El gobernador ordena un servicio a “La prosperidad”, entonces el bar de moda, para siete u ocho personas. La sede de la reunión es el despacho del Ejecutivo en el Palacio de Gobierno. Dos meseros se encargan de servir la comida y las bebidas al selecto grupo. Los testigos sólo identifican, además del gobernador, a Ignacio Mendicuti Pavón.

Pasadas las horas, whisky de por medio, Cervera Pacheco comienza a hablar de temas que, a juicio de su jefe de ayudantes, eran delicados. Ese auxiliar, que ahora es alto jefe policíaco, decide pedir a los meseros que se retiren. La salida es por la calle 60.

Estas anécdotas, narradas por gente que las vivió de cerca, marcan una relación muy antigua: los políticos y las tabernas. Es una relación abierta, en la mayoría de los casos, que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo. Ahora los políticos de las nuevas generaciones no visitan las cantinas tradicionales: prefieren exclusivos restaurantes de franquicias en el norte de la ciudad, aunque finalmente el resultado sea el mismo.

Muchos políticos de la vieja guardia, de todos los partidos, eran o son -según el caso- asiduos visitantes de esos locales. Son comunes sus “altos” en la rutina diaria para ingerir alguna bebida embriagante, pasar un rato de entretenimiento con colegas o colaboradores y -¿por qué no?- hacer acuerdos o tomar decisiones que pueden influir en la vida de otros. Así, en muchos casos, la cantina se convierte en oficina alterna.

“Recuerdo a muchos alcaldes que iban a las cantinas y allí hacían sus ‘bistecs’, como decimos en el argot cotidiano. Allí hacían sus negociaciones”, dice el antropólogo e investigador Sergio Grosjean Abimerhi, autor del libro “Anécdotas de las cantinas de Mérida”.

“No voy a decir nombres, pero veías que allí hacían sus transacciones, allí soltaban sus ‘mordidas’, porque las había, y luego felices de la vida tomando sus ‘aguas fuertes’. De repente se hacían proyectos dentro de las cantinas”.

Cierto, en un bar confluye gente de todos los estratos sociales y de formación diferente, desde obreros hasta profesionales, pero la clase política siempre se ha distinguido entre la parroquia.

Reporteros de Grupo Megamedia se dieron a la tarea de recopilar información sobre los antiguos lazos entre políticos y cantinas. La intención no es satanizar esa relación y mucho menos denostar a los personajes de las historias. Es sólo el retrato de una realidad poco conocida fuera de ese ámbito, salpicada con detalles curiosos y, en algunos casos, jocosos.

Hay anécdotas que no se encierran en las paredes de una cantina, como la relatada sobre el interinato de Víctor Cervera, pero sí están ligadas a un negocio de ese tipo y al hecho de departir al calor de las copas. Todas nuestras fuentes atestiguaron lo narrado.

A continuación, la primera parte del material recopilado:

Origen del “Cheché”

Todos, o casi todos, saben que el ex alcalde meridano Carlos Ceballos Traconis carga con el sobrenombre de “Cheché”, pero muy pocos están enterados del origen de ese alias.

“Le dicen así porque desde sus inicios en la política se movía entre el Chemulpo (bar ya desaparecido) y el Chemas. Era de Che a Che, y se ganó el mote de ‘Cheché’”, explica antiguo cantinero que en múltiples ocasiones atendió al ex presidente municipal.

Muchos recuerdan que hace más de tres décadas Ceballos Traconis, entonces presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, tenía prácticamente su oficina vespertina en el Chemas. Allí se reunía a beber con sus más cercanos colaboradores. En los fines de semana las reuniones se prolongaban varias horas. (Continuará).- ÁNGEL NOH ESTRADA

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Mérida | Cantinas

La Real Academia define cantina como “puesto público en que se venden bebidas y algunos comestibles”

Más de 400

Según investigaciones del antropólogo Sergio Grosjean Abimerhi, en Mérida hay poco más de 400 cantinas que operan con el concepto tradicional.

Giro en el negocio

Hace unas décadas cobraron amplia popularidad los negocios con música viva y abundante botana.




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