El enfoque holístico del Coaching

 

*Por: Gabriela Soberanis Madrid

 

 

“Un ser humano es parte de un todo, llamado por nosotros universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto… algo así como una ilusión óptica de su conciencia. Esta falsa ilusión es para nosotros como una prisión que nos restringe a alcanzar nuestros deseos personales. Nuestra tarea debe ser el liberarnos de esta cárcel ampliando nuestra comprensión …” – Albert Einstein

 

En algún otro escrito abordamos el tema del Coaching como una herramienta que ha venido cobrando mayor presencia dentro del mundo empresarial y ahora, dentro del ámbito personal. Para quienes no conocen el término, el Coaching es una metodología impulsora del potencial humano. Esto significa que hace aflorar las posibilidades de un individuo para que consiga realizar cosas que antes no era capaz de hacer. Se basa en un principio que rige a todas las modalidades existentes: ayudar a aprender. Es decir, el Coaching no se distingue por ser una herramienta que enseña, sino una herramienta que sirve para aprender. En el proceso, el Coach tiene el compromiso de colaborar con el cliente para que, por sí mismo, encuentre la respuesta a sus cuestionamientos y la solución a sus problemas.

 

En virtud de que el trabajo del Coaching es potencializar las habilidades naturales de un individuo, un equipo de trabajo o una empresa con el fin de llevarlos de dónde se encuentren a dónde quieren llegar, entendemos que, ante todo, el Coaching debe ser un proceso que debe comportarse como agente de cambio, conduciendo a la transformación, el crecimiento y la mejora. Si el proceso de Coaching es un trabajo que se realiza con y por la gente,  resultaría natural pensar que cuando un Coach se compromete con su cliente, lo hace con todos los aspectos que componen la vida de ese individuo, en el entendido de que no podemos apreciar el comportamiento de alguien observando únicamente una de las partes que conforman su ser y su entorno. Por lo tanto, resulta lógico pensar que para comprender las partes hay que ver el conjunto en su totalidad.

 

En el intento de evolucionar los procesos de coaching para explotar todo el potencial de esta herramienta, algunos profesionales en éste ámbito comenzamos a comprender la importancia de contar con un modelo transdisciplinario bio-psico-socio-cultural que se base en una óptica más integradora del ser humano y las empresas. Por lo tanto, las nuevas tendencias en Coaching apuntan a dos premisas importantes: 1) El Coaching debiera ser un catalizador del autoconocimiento, donde el conocimiento de uno mismo se reconozca como fuente real de todo cambio sostenible y el marco a través del cual una persona u organización puede acceder a un desempeño extraordinario. 2) El Coaching debe capaz de apreciar todos los componentes del cliente, en el entendido de que, en su totalidad – y solo así – se puede acceder a los elementos que de forma individual determinan el potencial para realizar transformaciones de valor.

 

De lo anterior es que, en mi práctica como Coach promuevo como principio de cambio (se trate de un individuo o una empresa) el autoconocimiento. El autoconocimiento de la mente, de las emociones, del cuerpo y del espíritu; porque solo desde una perspectiva integral es que se puede tener acceso a un desarrollo y crecimiento completo. Solo desde una perspectiva más holística es que nos podemos asegurar de que ningún aspecto quede excluido y que estamos trabajando con todo de lo que se dispone.

 

Hace 30 años, en los inicios del Coaching – como lo conocemos ahora – el principio que regía el trabajo de esta metodología, se encontraba en la premisa de que en  cada persona o equipo se encuentra la presencia de “un juego interior” (inner game). Este “juego” se juega en nuestra mente y es tan importante como el exterior, aún en el trabajo y constituye el enemigo supremo que, en muchos sentidos, somos nosotros mismos. Así es como el Coaching daba lugar a conceptos como la conciencia, la libertad, la voluntad, la autorrealización, y liberación del potencial; pero no había encontrado la forma de incorporarlos a la vida de las personas y las empresas, transformándolos en productos de su realidad, sino hasta ahora que comienza a introducirse este enfoque holístico del que hablamos anteriormente.

 

Como yo lo veo, la visión holística viene a dar respuesta a muchos profesionales del coaching sobre la forma más eficaz de ayudar a sus clientes a moverse hacia la consecución de sus objetivos. Empieza a convertirse en un aporte de gran trascendencia, llamado a producir cambios insospechados en este ámbito, en virtud de que se presenta como un proceso global evolutivo, integrador, concatenado, organizado y sucesivo.

 

Con el fin de ir comprendiendo más la integración de esta tendencia a los procesos de Coaching, vale la pena comprender lo que significa el holismo. La holística es aquello perteneciente al holismo, una tendencia o corriente que analiza los eventos desde el punto de vista de las múltiples interacciones que los caracterizan. El holismo considera que el sistema completo se comporta de un modo distinto que la suma de sus partes. De esta forma, resalta la importancia del todo como algo que trasciende a la suma de las partes, destacando la importancia de la interdependencia de éstas.

 

Bajo esta nueva tendencia, el Coaching se convierte en un medio que busca entender al individuo y sus eventos desde el punto de vista de las múltiples interacciones que lo caracterizan. Así, el Coach requiere convertirse en una guía integradora que conduzca al cliente no sólo al autoconocimiento, sino a la comprensión contextual de su individualidad, sus pensamientos, emociones, y protagonistas siempre dentro de un entorno. Derivado de esto, vemos como resulta imprescindible que los profesionales del Coaching desarrollen una absoluta disposición a ver al individuo en su totalidad, en su conjunto, en su complejidad, pues de esta forma se pueden apreciar interacciones, particularidades y procesos que entran en relación y que por lo regular no se perciben si se estudian los aspectos que conforman el todo, por separado.

 

Cuando hacemos coaching desde la perspectiva holística nos enfocamos a interpretar los intereses, problemas y necesidades de nuestros clientes desde las tres principales áreas de cualquier ser humano: cuerpo, mente y espíritu.  Los modelos de coaching basados en esta perspectiva conciben el acompañamiento de los clientes en términos de integración e interrelación, considerando al individuo un sistema no solo vivo sino también dinámico, de tal forma que posibilita la toma de conciencia y el aprendizaje como ningún otro método lo hace.

 

Lo que he venido diciendo en otras palabras es que hace falta una consideración por el ser completo. Tenemos médicos que tratan el cuerpo físico, terapeutas que trabajan con la mente y tal vez maestros religiosos o guías espirituales que se enfocan al espíritu, pero debemos reconocer que trabajar por separado no ha sido suficiente. Se requiere una visión integradora para realizar un trabajo completo que ofrezca resultados que se mantengan con el tiempo.

 

Mi propuesta sobre incorporar la perspectiva holística a la práctica del coaching tiene como propósito principal encontrar el sentido más profundo de las cosas y traerlas al plano consciente, sin pretensión de agotar el conocimiento ni mucho menos hacerlo propio pero  reconociendo que existe una conexión absoluta e inevitable de todos los planos que conforman la vida de un individuo e incluso, de una organización.

 

*Dirección General Enfoque Integral

Consultoría, Capacitación y Coaching para el éxito

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