“El cuerpo y la sangre de Cristo”

La Eucaristía fomenta y exige la unidad. Hermanos en Cristo Jesús, 
puesto que la solemnidad de Corpus Christi tiene particular importancia 
para todos los cristianos católicos, aprovecho como Pastor de esta 
Iglesia particular que peregrina en Yucatán dirigir esta breve reflexión 
a todos y todas los fieles en Cristo Jesús.

1. Cuerpo de Cristo e Iglesia

La expresión “cuerpo y sangre de Cristo” es referida al misterio 
Eucarístico, ya que Jesús está presente en las especies del pan y del 
vino una vez consagradas por mediación del sacerdote que, “in persona 
Christi”, repite las mismas palabras que nuestros Señor dijo aquél 
jueves primer jueves santo antes de padecer en la cruz. Pero “cuerpo de 
Cristo” es también la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, 
quienes en virtud del bautismo y el don del Espíritu Santo se han 
transformados en “ungidos”, en otros “cristos”, y es por ello que son 
cristianos. Los que se dice del individuo se dice del conjunto, es por 
ello que la comunidad de los ungidos, la Iglesia, es cuerpo de Cristo. 
Así vistas las cosas, vemos que el sacramento del Cuerpo de Cristo, la 
Eucaristía, está íntimamente ligada al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Jesús, al instituir la Eucaristía cumplió la promesa de darnos su cuerpo 
en alimento y su sangre como bebida, como consta en el Evangelio de 
Juan, que hoy hemos escuchado. Así lo anunció en el discurso eucarístico 
sobre el pan de la vida, en la sinagoga de Cafarnaúm, al día siguiente 
de la multiplicación de los panes, Aún resuenan hoy sus palabras: “Yo 
soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan vivirá 
para siempre, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo… 
Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”.

Es bien sabido que la Eucaristía es también llamada sacramento de la 
Comunión. Con ello se pone de manifiesto que este sacramento es signo de 
la unidad eclesial. De hecho, el pan eucarístico es el alimento del 
nuevo maná del nuevo pueblo de Dios, pues la Iglesia como peregrina, 
camina por el desierto de la vida en marcha siempre hacia la patria 
esperada cuando se manifieste plenamente el Reino de Dios. Eso es lo que 
prefiguraba el maná del pueblo peregrino del Antiguo Testamento, tal 
como hemos escuchado en libro del Deuteronomio en la primera lectura. 
Además, el pan que compartimos en la mesa común del altar nos une a 
todos los cristianos, nos hermana, nos hace a todos un solo Cuerpo de 
Cristo, tal como afirma San Pablo en la segunda lectura: el pan es uno; 
y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque 
comemos del mismo pan.

Por tanto, el cuerpo eucarístico dice relación directa con la Iglesia, 
que es el Cuerpo Místico de Cristo. De ahí que la Eucaristía, para ser 
auténtico memorial del Señor, es decir, del misterio profundo de amor 
que es la pasión, muerte y resurrección de Jesús, está al mismo tiempo 
pidiendo la unión, el amor fraterno y la completa unidad del grupo que 
celebra con fe la cena del Señor, hasta el punto que es escandaloso 
celebrar la Eucaristía sin comunidad de amor.

2. Comemos el Cuerpo para ser cuerpos comidos

La Pascua cristiana consiste precisamente en esa victoria de Cristo 
sobre la muerte, en la victoria del amor sobre el pecado. Y es eso lo 
que celebramos en la Eucaristía, la entrega de Cristo por amor, amor que 
vence a la muerte y que nos da la vida, no una vida cualquiera sino la 
Vida Eterna. Por eso, el Pan y el Vino en la Eucaristía son señal y 
memorial de la Pascua de Jesús:

El pan es su cuerpo entregado, muerto y resucitado. No podemos olvidar 
que Cristo está Resucitado, pero conserva las llagas de la cruz, por eso 
cuando comemos del Pan Eucarístico La Misa nace durante una comida ¿qué 
significa comer juntos? Que nos alimentamos de Cristo crucificado y 
resucitado. Por esa razón en nuestros templos siempre hay un crucifijo, 
recordándonos la entrega amorosa de Jesús, amor que ni la cruz puede matar.

El vino es su sangre derramada. Para los judíos la sangre es la señal de 
la vida. Al decir sangre derramada estamos diciendo también vida 
derramada, entregada. Es la vida de Cristo que se nos entrega para que 
vivamos como Él, para que continuemos su obra.

Por todo ello, debemos entender que comer el Cuerpo y la Sangre de 
Cristo en la Eucaristía compromete al cristiano a ser también cuerpo y 
sangre de cristo entregado para ser comido, compromete a vivir como 
Cristo vivió siguiendo su misión: la instauración del reino de Dios en 
nuestro mundo, en nuestra parroquia, en nuestra comunidad. Celebrar la 
Eucaristía es celebrar nuestro estilo de vida, nuestra misión, nuestro 
trabajo a favor de la superación de todo odio de toda división, de todo 
pecado. Comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo expresa que vivimos “ya” 
en comunión con Dios y con los hermanos y que nos comprometemos a luchas 
para que todo el mundo viva la comunión de amor, aunque n el intento 
esto nos cueste la vida…pues lucha por la comunión nos traerá 
necesariamente olor y sufrimiento, exigirá la entrega de nuestra vida.

3. Eucaristía, celebración que no se acaba

La Eucaristía nació durante una celebración que recordaba la liberación 
del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto por parte de Dios. Por 
eso, la Eucaristía, memorial de la victoria de Cristo sobre la muerte 
con su Resurrección es también una celebración, una fiesta. Es la fiesta 
de Pascua, la fiesta de la Resurrección, la cual es la gran liberación, 
no sólo de la esclavitud física sino sobre todo de la esclavitud del 
pecado y de la muerte. Esa celebración se extiende a la vida concreta 
del cristiano, ahí cuando se compromete a luchar por un mundo más justo 
y mejor, colaborando para que la igualdad y la justicia sea una realidad 
para todos.

El Pan y el Vino Eucarísticos repartidos entre todos son motivo de 
fiesta y señal de un mundo nuevo, de una nueva sociedad, cuando todo el 
fruto del trabajo de los hombres y todos los bienes de la tierra sirvan 
a todos por igual. Este mundo nuevo comienza aquí y ahora en la vida de 
las comunidades cristianas (Cf. Hch 2, 43-47; 4, 32-35) y llegará a su 
plenitud cunado el Señor vuelva con poder y justicia para juzgar a los 
vivos y a los muertos y a instaurar definitivamente su Reino de amor, de 
justicia y de paz. Entonces la alegría será plena y la celebración será 
eterna, no tendrá fin (Cf. Is 11, 1-10: 2 Pe 3, 12-13; Ap 21, 1-5).

4. Quédate con nosotros Señor

Los discípulos de Emaús le dijeron al misterioso peregrino: “Quédate con 
nosotros, porque es tarde y está anocheciendo” (Lc 24, 29) y Jesús 
“entró para quedarse con ellos”. A ese Jesús se le reconoce en la 
fracción del pan, puesto que Él se ha quedado con nosotros. Y ello es lo 
que celebramos, que Jesús no se ha ido, está con nosotros, su presencia 
real se manifiesta por antonomasia en la Eucaristía. Ahí está Él 
presente con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Y este sacramento nos 
recuerda aquellas palabra que Cristo Resucitado le dijo a sus 
discípulos: “sepan que Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin 
de los tiempos” (Mt 28, 20).

Mérida, Yucatán, 19 de junio de 2014, Solemnidad de Corpus Christi.

+Emilio Carlos Berlie Belaunzarán

– 
Mario Ovies Gage
Editor de Imagen




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