El retraso mental es multifactorial, asegura investigador

Escena de la película Yo soy Sam

GUADALAJARA, Jalisco (Notimex).- El retraso mental, entendido como una reducción en las capacidades adaptativas de un ser humano, debido a un desarrollo tardío, es un trastorno multifactorial en el que se involucran una alimentación deficiente, factores genéticos y traumatismos craneoencefálicos, entre otras causas.

El titular de la División de Neurociencias del Centro de Investigación Biomédica de Occidente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Jalisco, Ignacio González Burgos, dijo que además está asociado a situaciones como consumo de drogas durante el embarazo.

Así como infecciones en la mujer gestante, alteraciones al nacer como falta de oxigenación o dificultades por estrechez del canal pélvico durante el parto vaginal, cuadros infecciosos en el recién nacido como meningitis o encefalitis e ingesta de metales pesados como el mercurio o el plomo.

Estimó que entre el dos y el tres por ciento de la población en general, presenta retraso mental en algún nivel de los cuatro tipificados (leve, moderado, severo y profundo) y hasta en un 50 por ciento de los casos el origen del padecimiento es genético.

Explicó que el retraso mental en un individuo, no sólo se traduce en problemas de aprendizaje, sino también trastoca aspectos afectivos y/o emocionales dado que la inmadurez no sólo a nivel cerebral sino también conductual, caracteriza a esta problemática.

‘Son personas que normalmente tienen dificultad para establecer relaciones duraderas y profundas, son muy dependientes en lo afectivo’, comentó el experto.

Esencialmente, el retraso mental se caracteriza por dificultad para aprender, por un comportamiento infantiloide y reacciones inmaduras y por una marginación social’, refirió el investigador.

Añadió que un parámetro utilizado para determinar si una persona tiene o no retraso mental es realizar pruebas para medir su coeficiente intelectual, antes de los 18 años, que es cuando su cerebro está en proceso de maduración.

Por ello, es factible detectar si tiene niveles adecuados conforme a lo esperado de acuerdo a su edad.

No obstante, afirmó que se puede sospechar de un retraso mental desde los primeros días de vida de un niño, dado que puede presentar signos como no lograr ‘prenderse’ al pecho o biberón durante la lactancia, lo cual prácticamente lo haría de manera instintiva; no sonreír, no emitir sonidos o balbuceos, además de ser irritable, indicó.

Ya en la etapa preescolar y escolar, el retardo mental se hace más evidente, pues el niño no logra articular el lenguaje correctamente o bien aprendió a caminar tardíamente, aunado a que no coordina su motricidad, tiene problemas para aprender y adaptarse, y puede hacer ‘berrinches’ de una manera desproporcionada a la situación.

González Burgos señaló que una detección e intervención temprana puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes con retraso mental, porque gracias a la plasticidad cerebral es posible reorganizar la conexión entre neuronas que regulan ciertas funciones habituales.

‘Al menos en casos de retraso mental con causas ambientales, si logramos identificar el problema y la causa probable, brindar estimulación temprana podría atenuar o incluso revertir los efectos del retraso mental, partiendo de que la plasticidad cerebral para lograr reconexiones neuronales operaría en favor del paciente’, indicó.

El especialista en Neurociencias lamentó que existan personas que ya se encuentran en la edad adulta y nunca fueron diagnosticados adecuadamente con retraso mental, para establecer un plan de intervención temprana que pudiera favorecer su desarrollo en todas las esferas de su vida.

 




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