Pudo más la fe que el sismo

Miles de personas llegan a Iztapalapa para el vía crucis

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MEXICO (Por Gabriel Chan, enviado especial del Diario de Yucatán).- No era una representación más de la pasión y muerte del Cristo, se trataba de la 171 en Iztapalapa, la que se caracterizará porque tuvo una mañana con un sismo de 7.2 grados que hizo pensar que la tradición se rompería, pero no fue así, la fe pudo mas.

Ya habían pasado las dos de la tarde cuando entre los miles de asistentes se comenzó a murmurar “Ahí viene Jesús, ahí viene”, muchos hacían puntillas pues estaban hasta en la parte de atrás del tumulto y no podían ver nada, igual que el pasaje bíblico de Zaqueo, el cobrador de impuestos.

La representación de los pasajes bíblicos se cumplieron, el primero en recibir a Jesús, representado por Eduardo Guzmán, fue Poncio Pilato, el segundo Herodes y de nuevo Poncio Pilato, quien finalmente condena a Jesús a la muerte en la cruz.

En Sol pegaba como pocas veces en el Distrito Federal, el calor estaba por arriba de los 30 grados, aunque conforme fue pasando la tarde las nubes se fueron adueñando del cielo capitalino; niños, señoras, jóvenes y todos los asistentes escuchaban atentos, aunque un poco irritados por lo que pasaba.

“¿Por qué le pegan, mamá?”, dijo una niña. “Porque así tiene que ser”, recibió como respuesta. Jesús estaba en el centro de la plaza Cuitlahuac, siendo azotado por el jefe de los soldados Romanos.

Y comenzó el vía crucis, las caídas, las verónicas que lloraban en el camino y los azotes que hacían que los asistentes tuvieran en el rostro la expresión de dolor, ternura, lástima y al mismo tiempo ira por los que le pegaban al nazareno; muchos no se contenían y decían insultos.

La llegada al Cerro de la Estrella, que sería el Gólgota, no fue fácil para “Jesús”, ya estaba muy agotado y con los pies muy lastimados por los varios kilómetros que había caminado cargando la cruz. Llegó la crucifixión, y con ella algunas gotas de lluvia que ponían a pensar a todos sobre todo a la prensa, inventarse algo para guardarse del agua, que casi, casi también es una tradición luego de la crucifixión en el Cerro de la Estrella.

Y siguió transcurriendo todo tal y como en la Biblia, “Jesús” murió, las lágrimas de los presentes eran inevitables, la gente miraba a lo lejos, desde el pie del cerro, pero eso no impidió que la tristeza igual les invadiera. Al finalizar, cargaron el cuerpo y lo llevaron de nuevo a la Plaza Cuitlahuac, ya lo esperaba el sepulcro.

PreparativosMás de 50 kilos carga Edgar, no en forma de cruz como muchos otros iztapalapenses que se encuentran en la Macro Plaza Cuitlahuac, él es voluntario y el peso es de su equipo de rescate. “Pues cuando te metes a esto ya no te puedes salir, no soy de ninguna dependencia de emergencia soy voluntario”, comentó.La recién remodelada plaza ya está abarrotada de gente, los jardines, como cada año, se encuentran llenos de cruces de madera que los nazarenos llevaron arrastrando durante la mañana por el recorrido por las calles de Iztapalapa.Es Viernes Santo, es viernes de tradición, y ni el sismo de 7 grados Richter de la mañana, ni el intenso sol del mediodía impiden a la gente participar de las festividades de Semana Santa en lo que se considera la obra teatral más grande del mundo.El viernes Santo para los de Iztapalapa es día de fiesta, granizados, chicharrones y demás botanas están a la venta por medio del comercio informal, para la deshidratación hay “chinas” y bolsas de agua que la gente puede obtener de manera gratuita, todo está listo, “Jesús” fue aprehendido por la madrugada, viene la condenación y el camino al calvario.




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