Productores de pinos

Cambian el uso de su tierra: cultivan árboles de Navidad

El Bosque de los Árboles de Navidad, en Amecameca, un sitio muy visitado durante el fin de año

MÉXICO (El Universal).- En los últimos dos años Israel Hernández ha pensado en vender sus 10 hectáreas de tierra y cada vez recibe más ofertas. Hace casi dos décadas dejó de sembrar haba, frijol y maíz porque la erosión del suelo ya no permitía la agricultura, además la mancha urbana también fue ganando terreno.

Entonces Israel comenzó con los árboles de Navidad. La amenaza es frecuente en el bosque de Tlalpan, donde muchos de los ejidatarios han decidido vender sus tierras porque dejaron de ser productivas y rematarlas a proyectos inmobiliarios.

A sus 55 años Israel, su esposa y sus cuatro hijos viven al día. Rentan caballos y tienen una pequeña granja didáctica en el kilómetro 12 de la Carretera Picacho-Ajusco; pero dice que todo el año cuida de los árboles de Navidad. Tiene una producción de mil ejemplares, pero el año pasado sólo vendió 300.

“La gente tiene la idea de que estamos deteriorando el bosque, pero entre más vendamos podemos tener una vida más digna y no irnos al extranjero a trabajar como migrantes”, cuenta Israel.

Y si ha querido vender es para que sus hijos tengan una mejor calidad de vida, “esto del campo es una de las cosas que siempre está en rezago y marginación; y si estoy tentando a vender es para tener una vida mejor, que mis hijos tengan una buena preparación académica”, dice el hombre. La familia López Sarabia heredó el amor por la tierra. Profesionistas que ejercen sus carreras, los hermanos Javier, Germán y Elizabeth también dedican buena parte de su tiempo a la conservación de las 10 hectáreas del centro “El Pinar”, en el kilómetro 43 de la carretera MÚxico-Cuernavaca, que comenzó con su papá y su tío.”Nosotros buscamos hacer estas tierras rentables, la vocación original no es agrícola sino forestal; sembrar árboles de Navidad era una manera de hacer productivo el terreno”, declara por su parte Elizabeth Sarabia.

Reconvertir sus tierras no fue una tarea sencilla, asegura, porque las autoridades ambientales tardaron dos años en darles respuesta.

El primer árbol de navidad se cortó ocho años después. “No había precedentes ante las autoridades, había pasado en Amecameca o en Puebla; pero no existía en la ciudad de México”, añade.

Primero nos enfrentamos a la reglamentación, tuvimos que ubicar los volúmenes de crecimiento”, cuenta Germán. Ahora tienen capacidad para producir mil árboles por año, pero las ventas nunca rebasan los 500 ejemplares. “Lo que nos falta es que la gente conozca de estos lugares, más apoyo para promocionar nuestros árboles. No podemos competir con Walmart, pero intentamos venderle al cliente una experiencia, porque aquí puede elegir su árbol y cuando termina la temporada lo regresan, lo trituramos y la composta alimenta a los otros ejemplares”, dicen.

Producción | Pinos

Algunas familias del D.F. han decidido usar sus tierras para producir árboles de Navidad.

Profesionistas

Profesionistas que ejercen sus carreras, los hermanos Javier, Germán y Elizabeth Sarabia dedican buena parte de su tiempo a la conservación de 10 hectáreas del centro “El Pinar”, kilómetro 43 de la carretera México-Cuernavaca, con una respuesta aceptable.




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