Un alto costo colateral

Un alto costo colateral

La popularidad de Manuel Camacho murió con Colosio

Manuel Camacho Solís y Luis Donaldo Colosio Murrieta, dos políticos priistas durante la época salinista

MÉXICO (Por Elia Baltazar, corresponsal AEE-Diario de Yucatán).- La suerte de Manuel Camacho Solís rodó cuesta abajo en Lomas Taurinas. Junto con el cuerpo del candidato asesinado, se desplomó su nombre. Él lo supo desde el momento en que llegó a sus manos la tarjeta que le anunciaba la muerte de Luis Donaldo Colosio. Estaba en la casa del arzobispo de San Cristóbal, Samuel Ruiz, en medio de las negociaciones con el EZLN.

Era en ese momento uno de los protagonistas más relevantes en la escena política, como comisionado para la paz en Chiapas. Pero Colosio muerto acabó con su popularidad. La rivalidad política entre ambos devino sospecha: él había aspirado a la candidatura del PRI, regateado su apoyo a Colosio y hasta reclamado al Presidente la elección de su sucesor. Desde entonces, cada 23 de marzo, Camacho tiene que volver al pasado para reconstruir las horas y los días que descarrilaron su futuro.

“Se me vino el aparato encima con todo. Hicieron todo lo que pudieron para bloquearme y estuvieron a punto de romperme. Yo estaba dispuesto a morirme pero no a dejarme. Y no por valentía, sino porque no me quedaba de otra”, dice Camacho Solís, hoy senador por el PRD.

-¿Temió por su vida en algún momento?

-Sí. Pero no me gusta hablar de eso porque no soy una víctima. Simplemente sobreviví lo mejor que pude.

-¿Supo de inmediato el costo para usted del asesinato de Colosio?

-Sí. En San Cristóbal el Ejército rodeó de inmediato mi hotel. En el velorio de Luis Donaldo la gente me gritaba. Desde el día siguiente de su muerte, todas las columnas políticas eran en mi contra. Usaron mi nombre y me involucraron para tratar de justificar todo. ¡Era asqueroso!

En medio de aquel clima de “linchamiento”, Camacho temió también por su familia. Creía que sus hijos estaban en riesgo y hubo quien le recomendó sacarlos del país “por las venganzas que pudieran venir”. Pero “decidí quedarme”.

-¿Qué pasó en el PRI? ¿Cómo fueron las horas siguientes?

-Fue muy doloroso, independientemente de los intereses políticos y de que al día siguiente muchos ya estaban viendo cómo se posicionaban para la elección. Muchos querían saber qué puestos iban a ocupar luego de que Zedillo llegara a la Presidencia. Pero esas cosas ocurren en la política. Sin embargo, sí hubo un dolor sincero. Al PRI sí le dolió mucho que mataran a su candidato, lo sentían como alguien muy suyo, porque Colosio era un hombre muy popular dentro del partido. Más popular adentro que afuera, entre los ciudadanos.

Luego vino el pragmatismo dice. “La utilización de Colosio y la estrategia del miedo para ganar la elección”.

Pero el triunfo de Zedillo no pudo contener la crisis política avivada por la crisis económica que había precipitado el asesinato de Colosio. “Frente al riesgo de tener que enfrentar a la oposición en las calles, Zedillo decidió abrir el espacio político para la competencia electoral y hacer concesiones a la oposición. Esas concesiones no le gustaron al PRI, porque sintió que lo habían entregado. Incluso hay una versión en el PRI de que Zedillo le entregó el poder a Vicente Fox. No que éste ganó la elección, si no que le entregaron el poder. No es verdad, pero ciertamente Zedillo concedió la derrota, la aceptó, y eso para el PRI fue sumamente doloroso”.

-¿En algún momento la mirada de los priistas se volvió sospecha hacia Salinas?

-La fuerza del presidente siguió siendo muy grande hasta el día en que se fue. Los reclamos fueron mínimos. Hubo algunos que cuestionaron. Amigos de Colosio que yo creo que de verdad estaban preocupados y trataban de conectar distintas informaciones para ver si había una explicación del crimen, si había un responsable intelectual. Pero no hubo tiempo ni circunstancias para que alguien dijera “aquí hay esta responsabilidad”. Nadie lo hizo, nadie con fesó.

“Salinas tuvo problemas a raíz de la detención de su hermano Raúl. Pero en esas semanas, en eso meses posteriores al asesinato, todo el mundo pasaba revista con Carlos Salinas. Todos acudían a ver al presidente o al que iba a ser el próximo presidente”.Salinas, sin embargo, fue llamado a declarar. Lo hizo durante 12 horas y respondió 397 preguntas, de acuerdo con el expediente del caso. -¿Confió en la investigación? -Es muy difícil hacer una evaluación sobre una investigación judicial, pero lo que sí podemos decir es que en las investigaciones hubo contradicciones. Sin embargo, nadie ha presentado una evidencia que niegue la validez de esa investigación. Pero el punto no es decir si está bien o mal la investigación, sino qué hacemos frente a este y otros temas parecidos. Yo creo que el país necesita establecer en la constitución el derecho a la verdad, porque todos los temas delicados que hay en México nunca se esclarecen.

En sus propias palabras

Manuel Camacho Solís

“Colosio era un hombre muy emotivo, a veces no controlaba suficientemente sus emociones. Las preocupaciones se le reflejaban. Pero cuando lo ponías contra la pared, tomaba el lado bueno. Tenía la valentía de inclinarse hacia el lado correcto, y creo que es lo mejor que le puede pasar a un político”.

“Salinas tuvo problemas a raíz de la detención de su hermano Raúl. Pero en esas semanas, en eso meses posteriores al asesinato, todo el mundo pasaba revista con Carlos Salinas. Todos acudían a ver al presidente o al que iba a ser el próximo presidente”.

“El punto no es decir si está bien o mal la investigación, sino qué hacemos frente a este y otros temas parecidos”.




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