Derrota sin mella al régimen autoritario

Colosio aceptó las reglas del PRI por una candidatura

De izquierda a derecha, Luis Donaldo Colosio, Ernesto Zedillo, el entonces presidente Carlos Salinas y Manuel Camacho Solís

MÉXICO (Por Elia Baltazar, corresponsal AEE-Diario de Yucatán).- A 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, Camacho Solís concluye que esa muerte significó una derrota política para el país, que no pudo desmontar “el régimen autoritario” que hoy prevalece.

Hubo avances, dice, como la reforma política de 1996. “Esa crisis es una causa inmediata de la apertura electoral, de la autonomía constitucional del IFE y, finalmente, de la alternancia de 2000. Sin embargo, esos movimientos en favor de la democracia y la alternancia nunca estuvieron acompañados de una idea clara de transformación de las instituciones políticas para desmontar el régimen autoritario y tener un sistema controlado por la sociedad”.

-¿Colosio habría podido acabar con ese régimen? ¿Hubiera podido solo?

-Yo no digo que Colosio por sí mismo hubiera desmantelado esto. Lo que digo es que las circunstancias políticas que venían de 1988 y que hicieron explosión en 94 obligaban a una corrección en el rumbo del país.

Colosio mismo lo había advertido y tomó una posición de apertura a la democracia, asegura. “Era un hombre muy cercano al aparato priista, que había aceptado todas las reglas del sistema porque pensó que esa era la manera de lograr una candidatura. Estaba muy en la línea de la continuidad de todo eso. Pero cuando él mismo comenzó a sufrir las consecuencias, a ver que había un movimiento social que estaba captando más la atención de lo que él proponía, y que se estaban generando procesos políticos que no había previsto, comenzó a correrse hacia una posición reformista, explica.

Entonces firma, junto con los otros candidatos (Cuauhtémoc Cárdenas y Diego Fernández de Cevallos), el acuerdo en favor de la paz, la justicia y la democracia, en el cual acepta que se abra el proceso electoral.

“Después viene su discurso del 6 de marzo, cuando propone la reforma del poder, el control social del poder político, que era un compromiso claro con la transformación democrática de las instituciones. Y luego ocurre la cena en casa de Luis Martínez, en la que él y yo hacemos un acuerdo para impulsar la transición de la democracia”.

Ese cambio de posiciones no fue bien visto por “los intereses de la corrupción”.

¿A quienes se refiere?

-A los intereses de la gente que estaba metida en los negocios de la corrupción, los que pensaban que no había que negociar con la oposición, los que tenían una desconfianza extrema en los intelectuales libres, los que pensaban que a la prensa había que comprarla y controlarla. No eran intereses laterales, sino una parte esencial del antiguo sistema político.

-Entonces alguien ganó en aquellas circunstancias…

-Puede ser que algunos les haya ido bien. Se puede decir que a los que llegaron al gobierno les fue bien. Pero yo ni siquiera me atrevería a decir eso. Fue tanto lo que perdió el país que la ecuación es de suma cero. Fue puro perder y perder.

Hipotéticamente digo que si Luis Donaldo Colosio hubiera sido presidente, la probabilidad de que hubiera ocurrido una crisis económica a final de año hubiera sido menor, se hubiera abierto más rápidamente el sistema político y sí creo que hubiera logrado un equilibrio frente a la parte puramente tecnocrática de las políticas neoliberales con mayores contenidos sociales. Me parece que hubiera sido mejor para el país que lo que terminamos viviendo.




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