Colosio: 20 años de dudas

Colosio: 20 años de dudas

Distanciamiento de la ideología del PRI, su perdición

Luis Donaldo Colosio, en el mitin en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana, poco antes de ser asesinado

MÉXICO.- En el contexto de un año inusual para México en la década de 1990, con un levantamiento armado en el sur del país y una campaña presidencial con un candidato oficial que parecía distanciarse de sus antecesores y correligionarios, un suceso vino a conmocionar y a enrarecer aún más el ambiente nacional.

El 23 de marzo de 1994, en un hecho para los mexicanos de ese entonces por demás inusitado, fue asesinado en Tijuana el aspirante del PRI a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio Murrieta.

A ese magnicidio siguió el homicidio del entonces secretario general priista, José Francisco Ruiz Massieu, en circunstancias que, igual que el crimen de Colosio, a 20 años de ocurridos, no han quedado claras del todo.

El 28 de noviembre de 1993 Colosio pronunció un discurso para aceptar la precandidatura del PRI a la Presidencia de México, recuerda el periódico “Excélsior”.

El 8 de diciembre se convirtió de manera oficial en el candidato del Partido Revolucionario Institucional durante la celebración de la Octava Convención Nacional priista y ante el entonces presidente de ese partido político, Fernando Ortiz Arana.

Ante las acciones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas (EZLN), Luis Donaldo Colosio, ya como candidato, incluyó en sus discursos el tema de la situación de los pueblos indígenas en el país.

Por ejemplo, el 5 de febrero de 1994 en San Pablo Guelatao, Oaxaca, propuso un pacto de cinco puntos que de ganar las elecciones impulsaría desde la Presidencia de la República con las comunidades indígenas.

El primer punto, planteó el político sonorense, era poner en marcha un programa que concentrara recursos económicos, para iniciar acciones que incidieran decisivamente en las condiciones de nutrición y de salud de las comunidades más pobres del país; en especial, dijo, la atención debe de ser para los niños indígenas.El segundo consistía en una reforma de justicia, tanto en el ámbito federal como en el de los estados.En el tercer punto habló de la seguridad en la propiedad indígena, “porque debemos de hacer de la protección a las tierras indígenas un hecho definitivo y cotidiano”.Como cuarto punto señaló el de mejorar la impartición de educación en las comunidades indígenas.Así, propuso hacer de la educación y la capacitación para el trabajo un elemento decisivo para romper el círculo vicioso de la pobreza, con mejores escuelas, maestros mejor pagados, más preparados y maestros bilingües.Se refirió a mejores condiciones de estudio con programas adecuados y respetuosos de la identidad cultural. Finalmente, habló de tener municipios fuertes en las comunidades indígenas, que deben tener, sostuvo, los gobiernos que mejor respondan a sus necesidades.

El 18 de marzo de 1994 la información proveniente de Pátzcuaro, Michoacán, donde Colosio había estado de gira, indicaba que el candidato presidencial del PRI se pronunció por una política de paz y concordia, de tranquilidad y estabilidad, de hermandad; “de respeto a nuestros adversarios y a la pluralidad, pero sin bajar la guardia”.

Distanciamiento

De acuerdo con algunos analistas políticos, los discursos de Colosio que se distanciaban aparentemente de la ideología priista, pudieron haber causado su muerte.

Colosio dijo que su partido está consciente y sabe lo que significa la competencia política, pero que está preparado para enfrentarla y ganar. Pidió el candidato presidencial respeto a la pluralidad y a las distintas fuerzas que participan en la contienda por la Presidencia de la República.”Quiero decirles, amigos y amigas del partido, que me queda muy claro cuáles son los retos de la competencia en Michoacán, pero no le tenemos miedo a la competencia y lo que sí rechazamos es la incompetencia política”, dijo el político sonorense.Según Colosio, ese 1994, el PRI volvería a ganar, como lo hizo en 1991 y en 1992. “Aquí ya dimos muestras de que cuando nos organizamos, cuando nos unimos, triunfamos. En 1991 el PRI en Michoacán ganó, en 1992 el PRI en Michoacán ganó y en 1994 el PRI en Michoacán volverá a ganar. ¡Vamos por la Presidencia de la República!”, arengó Colosio en la plaza Vasco de Quiroga.Colosio convocó a los priistas de la entidad a unirse y a trabajar en esa tarea porque, dijo, no están solos, ya que millones de mexicanos que comulgan con el tricolor están en esta lucha por la Presidencia de la República.

Desde febrero del mismo año, la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio llevaba 46 días opacada por el levantamiento armado en Chiapas, así como por la imagen del subcomandante Marcos, líder zapatista, y su novedoso discurso. También por el protagonismo que el presidente Carlos Salinas de Gortari le dio a Manuel Camacho Solís, nombrándolo comisionado de paz en el conflicto.

En el cese al fuego y en las negociaciones entre el gobierno y el Ejército Zapatista, en la catedral de San Cristóbal de las Casas, se clavaban los ojos de todo el mundo.

El jueves 24 de febrero de 1994, la noticia importante en los medios de comunicación era que Camacho y el EZLN tenían un acuerdo en salud, educación y vivienda para los indígenas chiapanecos que le habían declarado la guerra al gobierno y al Ejército mexicanos.La campaña de Colosio, candidato presidencial del PRI, que andaba en Campeche proponiendo un nuevo pacto federal, entraba con calzador a los medios, estaba en segundo plano.En San Cristóbal de las Casas los zapatistas no daban su brazo a torcer con eso de los acuerdos con Camacho y mandaban la decisión definitiva a lo que dijeran en las comunidades de la Selva Lacandona.Camacho Solís hablaba de consolidación de acuerdos y deslizaba frases como ésta: “Hemos tenido una constante comunicación con el Presidente de la República (Carlos Salinas de Gortari) para contar con el apoyo necesario”.En Mexicali, a más de tres mil kilómetros de distancia de Chiapas, Diego Fernández de Cevallos, candidato presidencial del PAN, revelaba hace 20 años cómo a su llegada a la Universidad Autónoma de Baja California el mismísimo comisionado para la paz lo había llamado por teléfono, aun cuando los teléfonos celulares no eran lo que hoy, es decir, un artículo de primera necesidad.”Llegando aquí -dijo Fernández de Cevallos a los reporteros-, a la universidad me llamó el señor Camacho, entre otras cosas para informarme, lo cual le agradezco profundamente, que van bien esas pláticas por la paz. Aquí estando en la universidad tomé la llamada y me informó que van avanzado esas pláticas, que van bien y que espera que pronto nos pueda tener noticias en su condición de mediador”.En la crónica, Francisco Garfias, periodista de Excélsior, escribió que “El Jefe Diego” no encontraba ningún mensaje político a la llamada telefónica de Camacho, aludiendo que el excanciller estaba en su derecho de hacerlo “y porque con alguna frecuencia se comunica conmigo y yo con él”.En esa gira por Mexicali, Diego Fernández de Cevallos no perdió la oportunidad de criticar a Luis Donaldo Colosio, diciendo que el priista no podía ofrecer nada positivo a la ciudadanía, pues formaba parte de aquello que en su discurso afirmaba que habría de combatir.El panista recordó que cuando Colosio fue designado candidato del PRI (en un proceso entre el 28 de noviembre y el 8 de diciembre de 1993) hubo cambios en el gabinete del presidente Carlos Salinas de Gortari. El único que Fernández de Cevallos dijo que desde su punto de vista no podría justificarse era el del secretario de Educación, Ernesto Zedillo (quien se convirtió en el coordinador de campaña de Colosio).El panista ironizaba así: “Si estaba en Educación y lo mandaron al PRI tiene una tarea portentosa”.La sorna del candidato presidencial blanquiazul pasó al lado serio: “Nunca nos hubiéramos imaginado una propuesta para privatizar toda la educación. Lo que sí creemos que se debe establecer, en la medida de las posibilidades, un mayor gasto en la educación, porque se tiene que revaluar el papel de la educación y el papel del maestro. Pero también tiene que meterse mano en el sindicato. El sindicato en México como institución, salvo excepción, que sinceramente no es la de los maestros, es un coto caciquil gobiernista impermeable a la democracia”.Entonces, Elba Esther Gordillo llevaba cinco años al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y faltaban 19 para que fuera llevada a prisión.Cuauhtémoc Cárdenas, el otro contendiente por la presidencia de México, en esta segunda ocasión con el PRD, puebleaba por el territorio del estado de Guerrero. Urgía al entonces presidente del Instituto Federal Electoral (IFE) y secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, a que hubiese una respuesta positiva a su demanda de una reforma electoral.”No queremos enfrentamiento o violencia, ni antes ni después de las elecciones del 21 de agosto. De ahí que nuestro interés, tanto en Chiapas como en lo referente a garantizar elecciones limpias y creíbles, es que haya soluciones reales que aseguren una paz duradera en todo el país”.La columna Frentes Políticos, entonces firmada por Aurora Berdejo, publicó ese 24 de febrero de 1994 los “Rumores de campaña”. En esa parte de la columna se hacía referencia a que durante dos semanas y media las acciones de Camacho Solís opacaron todas las campañas políticas que apenas comenzaban.Por tal motivo, sigue el texto de Berdejo, empezó a correr el rumor de que Camacho iba a convertirse en el nuevo candidato del PRI para las elecciones de agosto, rumor generado y propagado, se aseguraba, por algunos excesivamente devotos seguidores de Camacho, que se decía sólo vino a atraer confusión entre la población y que desvió la atención -por un momento- del debate y las preocupaciones centrales del país. También en el extranjero circuló esta hipótesis y se dijo que Camacho aspiraría a convertirse en candidato independiente o a ser nominado por un partido de oposición.

Luego del asesinato de Colosio, varios sujetos fueron vinculados al crimen, además del presunto autor material, Mario Aburto, quien aún se encuentra preso.

Según “La Jornada”, con base en la teoría de la acción concertada, fueron acusados de ser copartícipes del homicidio de Colosio:

Domiro García Reyes, Tranquilino Sánchez Venegas, Vicente Mayoral Valenzuela, Rodolfo Mayoral Esquer, Othón Cortés Vázquez, así como José Rodolfo Rivapalacio Tinajero.

En ningún caso el Ministerio Público Federal pudo acreditar su responsabilidad en el crimen y lograron sentencias absolutorias.

Vicente Mayoral falleció en enero de 2012, en la clínica 20 del IMSS en Tijuana, por complicaciones de diabetes. Su hijo, Rodolfo Mayoral, no pudo consolidar un negocio de lavado de autos en esa ciudad.

El general Domiro García Reyes, integrante del Estado Mayor Presidencial y encargado de la seguridad de Colosio Murrieta, también fue acusado de haber colaborado para abrirle paso a Aburto Martínez. Fue absuelto el 14 de abril de 1995. Hasta hace tres años trabajaba en la Secretaría de Seguridad Pública en Veracruz.

Fernando de la Sota Rodalléguez, encargado de seguridad de Colosio fue detenido y absuelto después.

Héctor Javier Hernández Thomassiny, “El Lentes”, formó parte del Grupo de Orden y Vallas. Los primeros días de la investigación se consideró que podría ser el segundo tirador contra Colosio, porque su playera tenía manchas de sangre. Se acreditó que su tarea era abrirle paso al candidato, sin que lo hubiera logrado.Mario Alberto Carrillo Cuevas, “El Clavadista”, un empleado de la delegación del PRI en Tijuana, supuestamente se tiró al paso de Colosio para permitir que Aburto disparara. No se comprobó su participación en el crimen.Othón Cortés Vázquez fue torturado durante la gestión del fiscal Pablo Chapa Bezanilla, y acusado de haber disparado el segundo tiro contra el candidato. En primera instancia fue sentenciado a 50 años de prisión. Tras apelar de la condena, fue absuelto. Pasó dos años y medio en la prisión de máxima seguridad de Almoloya.Cortés Vázquez sufrió lesiones auditivas por la tortura. Aunque pidió una reparación del daño al Estado, nunca obtuvo ninguna compensación, actualmente labora como vigilante en un parque de Tijuana.

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