Policías mexicanos criminalizan a deportados de EE.UU.

TIJUANA, B.C. (EFE).— Christian Ramírez, director de la Coalición de Comunidades de la Frontera Sur, consideró que las autoridades mexicanas deberían prestar más atención en el fenómeno de la emigración, ante el número récord de deportaciones realizadas por Estados Unidos en los últimos años.

“No existe una política pública para atender este fenómeno”, destacó el activista. “El Gobierno de México tiene la obligación moral y política de atender las necesidades de sus connacionales”.

“Lastimosamente los gobiernos municipales tampoco se sienten obligados a atender este problema, y la manera más fácil de hacerlo es por medio de la fuerza pública”, indicó.

En este sentido, Ramírez aseguró que se producen desalojos y maltratos por agentes de policía, lo que genera una criminalización de los inmigrantes, cuando la mayoría de ellos no tienen antecedentes penales y fueron expulsados de Estados Unidos tras cometer ofensas menores.

Rufino González, quien fuera deportado hace un año desde San José (California), señaló que está siendo una experiencia amarga llegar a Tijuana tras vivir por décadas en el país vecino.

Dijo que uno de los mayores problemas que enfrentan son abusos y maltratos de la policía local, quienes los tachan de delincuentes, cuando la realidad es que únicamente buscan un trabajo y un lugar donde quedarse en tanto se consigue dinero para regresar a su ciudad de origen.

“No somos criminales”, dijo. “Yo ahora lo que quiero es regresarme a Puebla con mi familia. Aquí no se puede estar”.

Recientemente, un grupo de universitarios lanzó un proyecto a través de Facebook para que inmigrantes refugiados en el campamento puedan ofrecer sus servicios profesionales, que en muchos casos eran los trabajos que realizaron durante su estancia en EE.UU.

De esta forma, Leopoldo Rocha, quien llegó de Los Ángeles, obtuvo un empleo temporal instalando ventanas, con el cual ganó 350 pesos en una hora.

“Es lo que yo hacía, construcción, plomería y mecánica”, comentó. “Muchos de los que están aquí solo quieren un empleo en lugar de estar allá afuera haciendo cosas malas”.

Además de la ayuda de estos grupos, los inmigrantes del campamento también han recibido el apoyo de residentes de Tijuana, que han donado su tiempo.

Tal es el caso de la estilista Ana María Cervantes, quien una vez a la semana corta el cabello a habitantes del campamento.

“Un corte por más sencillo que sea les levanta el autoestima, los hace verse mejor”, dijo Ana Cervantes, quien explicó que sintió la necesidad de “apoyar a su gente” y que la mejor paga que puede recibir “es una sonrisa”.

“Muchas veces caen en depresión por los problemas que traen de Estados Unidos”, dijo la estilista, que reconoció que estas personas están “muy vulnerables” en esta situación.




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