Anacahuita, “árbol de papel”, el más representativo de Nuevo León

MONTERREY (Notimex).- La Anacahuita, de origen náhuatl, cuyo significado es “árbol de papel”, es el más representativo de Nuevo León, el cual tiene alta resistencia a los drásticos cambios climáticos, sirve de alimento a los animales y los ancestros le atribuían poderes curativos.

De acuerdo con la empresa Agua y Drenaje de Monterrey, la especie denominada Anacua (“Ehretia anacua”), no necesita riego, crece hasta cinco metros de alto e igual que el huizache, es nativa de la región, por lo que resiste heladas y sequías.

De esta especie, apunta, se desprende la Anacahuita (“Cordia boissieri”), la cual demanda riego ocasional y es considerada la flor representativa del estado de Nuevo León, clasificado como un arbusto nativo de la región.

Aunque para algunos especialistas en la materia no es clasificado como un árbol, la Anacahuita ofrece bastante sombra, pues llega a crecer hasta casi cinco metros y su copa tiene un diámetro de hasta 1.5 metros.

Para términos prácticos, es un árbol caducifolio del género Cordia en la familia de Boraginaceae, y la especie es nativa de América del Norte.

Esta especie recibe el nombre común de Anacahuita en el norte de México y de Texas, en donde se le conoce como Olivo Salvaje.

Refieren los especialistas que a menudo es de hojas perennes, ovales, mismas que alcanzan hasta 12 centímetros de largo, y su corteza es fina y ligeramente vulnerable.

El periodo de floración, indican, es normalmente desde finales de la primavera hasta principios del verano, en algunos lugares, pero varias veces al año, o incluso durante toda la temporada es de crecimiento.

Las flores son en su mayoría blancas, con su interior de color amarillo, y el fruto es redondo, de color amarillo-verde, similar al fruto del olivo, de unos 2.5 centímetros de tamaño, mismo que contiene de una a cuatro semillas.

Este árbol portador de la flor representativa de Nuevo León, sirve para dar alimento a ardillas, aves y mariposas, así como al ganado.

Una ficha técnica que aparece en el libro “Norteñismos norestenses”, diccionario sobre el habla y otros referentes del noreste de México, dice que la frutilla surgida de este árbol es muy jugosa, además de que en medicina tradicional, se usa el tronco, las flores y el fruto contra problemas respiratorios.

Menciona que también se le conoce como Anacaguita, Anacahuite, Anacagua, Anacahua, Nacahuita, Nacaguita, Nacaguite, Nacagua y vara blanca, entre otros sinónimos.

El maestro Servando Santos Elizondo, en su escrito “Plantas silvestres de Anáhuac, Nuevo León”, refiere que el nombre de este ejemplar es de origen náhuatl, amacuahuitl, que significa el árbol de papel.

Explica que los aztecas usaban la segunda corteza para hacer un papel donde escribían sus jeroglíficos, así como lo hacían los egipcios con el papiro.

Los frutos, detalla, son esféricos con un diámetro de dos a tres centímetros, contienen hasta cuatro semillas, ingerir la fruta cruda puede causar mareos, sin embargo, al cocinarlos pierden las propiedades tóxicas y pueden ser ingeridos.

Diversos son los usos y beneficios que esta planta ofrece, entre los que destacan su uso como ornamento, sus flores son vistosas y de larga duración, también son de rápido crecimiento, y son muy visitadas por los insectos por su néctar, indicó.

De esta planta, dijo, se usan en terapéutica los frutos, las flores, las hojas y la madera.

Los frutos deben contener algún narcótico o emético, porque cuando son consumidos en abundancia provocan borracheras y vómitos, quizá a esto se deba que los jarabes y las bebidas obran como expectorantes y calman la tos.

Subrayó que se le considera un excelente remedio para la tos y resfriados, el modo de preparación en herbolaria es en jaleas y las hojas, se usan para combatir el reumatismo y las enfermedades pulmonares.

En el texto “Mitos y Leyendas de Homero Adame”, de acuerdo a la leyenda escuchada en el municipio de Mina, al norte del estado, se habla de la “Leyenda del Espíritu de la Anacahuita”.

La leyenda narra que Homero Adame cayó de un caballo que se asustó de los rayos y truenos, debido a una torrencial aguacero, y el corcel lo dejó abandonado a su suerte en medio del lodazal.

Homero caminó, se dio cuenta que le dolía la pierna, se sentó en una piedra y se percató que en realidad se había quebrado la extremidad, y aunque “el dolor era poco, pero cómo me asusté de verla suelta, suelta”.

“Pa’ no hacerle tan largo el cuento, me quedé bien dormido de a tiro, y me desperté nomás rayando el sol. Traía un hambre de la fregada, pero como no tenía qué comer, pos me comí unas bolitas de Anacahuita, que saben feas, pero ese día hasta me supieron dulces las condenadas”.

“Oiga, pos verá que el pie ya lo traía bueno; sin hinchazón, ni bola, ni sangre, ni nada, ni siquiera me dolía, el pantalón estaba todo sangrado”, expresa la leyenda de Homero Adame.

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