La historia de amor de Mireles

Divorcio en puerta

En el momento del encuentro con su nuevo amor,  Mireles tenía 27 años de casado con Ana Valencia, la mujer con la que procreó tres hijas y dos hijos, cuatro de ellos profesionistas, mayores que la novia.

Pero la relación con su esposa, dice, se fue deteriorando por incompatibilidad de intereses, sobre todo a partir del alzamiento de las autodefensas contra el cártel ocurrido el 24 de febrero de 2013.  “Incluso el día que tomamos Pareo”, comenta, “que tuvimos que enfrentar las balas un rato,  después tuve que enfrentar la batalla de la casa, la más difícil y que nunca gané”.

Explicó: “La señora nunca estuvo de acuerdo con los comunitarios,  sus héroes naturales son los ‘templario’. Los admiraba “porque traían carros del año, que traían muchas armas y todas las viejas atrás de ellos”. Esa admiración fue a pesar “de que a ella le mataron familiares y no quisieron entregarle ni las uñas”, platica. “Incluso un sobrino de ella andaba de jefe del cártel de Jalisco”.

En diciembre a su esposa le dijeron del noviazgo de Mireles, y tronó el asunto.

El 19 de diciembre el alzado tomaba Zicuirán en medio de peligrosos enfrentamientos,  y el teléfono no dejaba de sonar con llamadas de su esposa haciéndole “un teatro”.

Hasta que vino la ruptura: “Y entra la llamada de mi hijo más chico:  ‘Mi amá dice que si quieres que te deje en paz que le des la casa de Colima y una camioneta’”. “Le dije: ‘Dile a tu madre que le regalo eso pero que me deje en paz, no quiero saber nada de ella”, apunta Mireles.  “Yo necesitaba concentrarme para poder defenderme”.

El avionazo

Manuel Mireles comenta que desde la separación, su ex esposa y su hija mayor se dedicaron a acosar a su novia. “Yo le digo ‘La Niña’”, apunta.

A fines de diciembre, al estar en campaña en Zicuirán, decidió permanecer ahí un par de meses y llevarse a la novia a vivir con él. Los padres aceptaron. Sin embargo, al cerrar 2013 recibió un mensaje urgente de la Secretaría de Gobernación para asistir a una reunión en la capital mexicana. Desde octubre de 2013 Mireles y otros líderes del Consejo de Autodefensas hacían labores de coordinación con el gobierno federal.

Mireles dice que como estaban sitiados en Zicuirán,  sólo pudo salir en un taxi aéreo.  Acudió a la reunión gubernamental y regresó a Tepalcatepec, finalmente, para recoger a su novia en una avioneta y regresar a Zicuirán a vivir juntos.

El encuentro fue en la pista aérea de Tepalcatepec: “Y le dije a la mamá: ‘Échenos la bendición’, y no quiso, ‘Bueno, no me la eche pues, allá me la va a echar el cura’, y ya, nos subimos al avión y nos fuimos, y pos no llegamos”.

La avioneta se desplomó cuando viajaban a Zicuirán. Mireles sufrió fracturas varias y la muchacha únicamente contusiones.

Tras las mutuas convalecencias, prosiguió el noviazgo.

“Ella cree en mí y se lo dice a sus papás”, detalla. “Les dice: ‘yo he tenido muchos novios pero este señor me trata con mucha ternura, con mucho cariño y los otros no, luego, luego querían bajarme los calzones y éste no ha querido, ni siquiera lo ha intentado’, y le dice la mamá: ‘A lo mejor ya no puede’”, externa entre risas.

El futuro de su relación es incierto, ahonda, porque, por la complejidad de la situación actual, el padre de la novia quiere llevársela a vivir a Estados Unidos.

La idea de una separación lo entristece: “Siento feo, es más, hasta siento ganas de irme tras de ella,  así de sencillo.  No me voy porque aquí tengo a mi padre todavía”.
—¿No se quedaría por las autodefensas? —se le pregunta.
“No, no, los bandidos siguen siendo bandidos aunque traigan camisetas de nosotros, y yo les he dado duro, ese es el temor que tengo”, concluyó.




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