Identifican especialistas retos en uso de transgénicos

MÉXICO (Notimex).- Europa enfrenta el problema de que sus leyes son muy restrictivas con el uso de alimentos transgénicos, lo cual afecta su economía, por lo que ‘cada vez somos más dependientes de las importaciones y ese mismo panorama tiene México’, expuso el investigador de la Universidad Politécnica de Valencia, José Mulet.

Consideró como una paradoja que “un país como México, que ha participado en grandes revoluciones agrícolas, donde se hicieron los experimentos de la llamada revolución verde y donde tienen grandes científicos, dependa de las importaciones del grano estadounidense por no querer apostar a la biotecnología”.

En entrevista con Notimex, el especialista español cuestionó el argumento de los ambientalistas en el sentido del peligro que conllevan los cultivos transgénicos para la siembra de maíz en México, considerado centro de origen de especies endémicas.

“Este argumento no es cierto, las especies nativas están bien conservadas en los bancos de germoplasma; si ese argumento es el problema (los ambientalistas) llegan como 200 años tarde porque desde hace 60 o 70 años se siembran especies híbridas”.

Según explicó, las especies híbridas han hecho que desaparezcan las especies nativas; un transgénico no es más que una especie híbrida con una pequeña mejora que consigue un cambio sustancial en el rendimiento y en la producción, con lo cual el agricultor es el principal beneficiado.

El problema, indicó el bioquímico, es que la opinión de mucha gente se basa en datos científicos que objetivamente no son ciertos.

Para Mulet, “la campaña que han hecho muchas organizaciones ambientalistas está basada en mentiras, en datos que no son reales y la mejor prueba es que el maíz transgénico lleva sembrándose 17 años y no ha habido ningún problema ambiental en ninguna parte del mundo y tampoco se ha extinguido ninguna especie”.

Refirió que alrededor de 40 por ciento del maíz que se produce en España es básicamente transgénico y gran parte se destina a la exportación a países europeos que tienen prohibido cultivar transgénicos, como Francia, Austria y Alemania.

A decir del también autor del libro “Los productos naturales, vaya timo”, la agricultura ecológica genera una especie de tecnofobia y promueve lo antiguo, como el uso de abono de origen animal, lo cual, advirtió, puede ser muy peligroso.

Refirió que en 2011 surgió en Europa una crisis por brotes contaminados de lechugas que causaron 50 muertes; en Estados Unidos, en 2012 se presentó una epidemia de hepatitis relacionada con el consumo de sustancias orgánicas.

Según explicó, “la gente que consume orgánico tiene que saber que hay más alertas alimentarias, que se trata de comida menos segura”.

Como propuesta a esta problemática están los fertilizantes sintéticos, abundó, pues funcionan mejor.

El problema de la agricultura orgánica es que quieren que todo sea natural y no siempre es mejor, pues se deben utilizar para los cultivos el mejor fertilizante, sea sintético o sea natural, concluyó Mulet.

Mark Lynas, ambientalista europeo y otrora detractor del uso de transgénicos, expuso a su vez que la mayoría de los países que han prohibido el uso de semillas genéticamente modificadas se basa en falsas evidencias científicas que muestran ser dañinos; “en Europa se han hecho prohibiciones basadas en supersticiones”, advirtió.




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