Banderas monumentales, orgullo nacional de la Sedena

Foto de archivo de la Bandera Monumental en el malecón de Campeche.- (Foto: Sergio Caamal Mass)

Foto de archivo de la Bandera Monumental en el malecón de Campeche.- (Foto: Sergio Caamal Mass)

MÉXICO, D.F.  (Notimex).- Una torre de seguridad y paredes verde olivo resguardan las 11 naves industriales que conforman la fábrica de vestuario y equipo de la Secretaría de la Defensa Nacional, donde además de elaborarse uniformes se manufacturan las banderas monumentales que ondean en las astas de la geografía del país.

 En esas instalaciones, dos mil 100 militares distribuidos en procesos diferentes confeccionan dos mil pares de botas y dos mil uniformes para abastecer al Ejército y a la Fuerza Aérea. Estos productos son parte de una gama de 700 artículos, entre los que destacan las banderas monumentales.

 La ciudad fronteriza de Tijuana, Baja California, albergó la primera de ellas, al inicio del Programa de Banderas Monumentales en 1997.

 La elaboración de la enseña nacional de mínimo 50 metros de alto y que se izará en una asta de al menos 100 metros está regida por la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, no obstante su proceso de producción ha sido modificando con el paso del tiempo.

 El director de ingeniería de la Dirección General de Fábricas de Vestuario y Equipo, teniente coronel, ingeniero industrial, Roberto Zepeda Bastién, señaló que desde hace ochos se usa la tela Ripstop Diamante como materia prima, ya que está compuesta cien por ciento de nylon y su tejido en forma de rombo evita que el lienzo se rasgue, una vez que la enseña nacional ondea en alguna plaza.

 El esmero y orgullo con el que los militares confeccionan estas banderas es patente desde el primer proceso de fabricación, que consiste en recibir y revisar la calidad de la tela proveniente de Estados Unidos.
 Posteriormente la materia prima se lava, blanquea y se tiñen e impermeabilizan los colores rojo y verde, con el fin de aumentar su vida útil que es de un año aproximadamente.

 El lábaro patrio tuvo su antecedente en la época porfiriana, cuando se usó una bandera dividida en tres colores: verde, blanco y rojo, y en el centro un águila que veía al frente mientras devoraba una serpiente encima de un nopal, semi rodeado por una corona de laureles, como señal de triunfo y victoria.
 En la Revolución Mexicana el presidente Venustiano Carranza expidió un decreto en el que ordenaba colocar al águila de perfil y en actitud de ataque mientras devoraba a la serpiente de cascabel, en referencia al lugar donde los aztecas fundaron México-Tenochtitlán.

 Más tarde, el 27 de diciembre de 1967, el presidente Gustavo Díaz Ordaz publicó la Ley sobre las características y el uso del Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, con el que se instauraron las características del Escudo y la Bandera, tal como se conoce hoy en día. El color verde simboliza esperanza, el blanco unidad y el rojo, la sangre derramada por los héroes nacionales.

 El tercer paso de la manufactura de la bandera monumental consiste en cortar la tela. En rollos que contienen 150 metros aproximadamente, la tela se extiende a una longitud de 16.85 metros y se cortan hasta 20 lienzos por cada color, lo que equivale a dos rollos y medio de tela, o bien 360 metros de cada color, para una bandera de 50 metros de alto y 28.6 metros de ancho, como la que ondea en el Zócalo del Distrito Federal.

 A las seis de la tarde, un cerco de gente detiene su marcha y observa el paso de los elementos del Ejército Mexicano que salen del Palacio Nacional hacia el asta para arriar el lábaro patrio monumental más representativo del país.

 Las banderas, cuya manufactura es exclusiva del Ejército, se ensamblan dando prioridad a la parte blanca, pues ésta requiere de más tiempo ya que el Escudo Nacional se hace a mano.

 Tras unirse la tela blanca, se calca el Escudo y se colorea con brocha, usando 11 pinturas textiles diferentes. Posteriormente se matiza y da sombra con otras cinco, tarea que lleva dos días para completarse y tres días más para que seque una sola cara del lienzo.

 De la misma manera que la tela blanca, las 20 tiras de color verde y rojo, que conforman un tercio de la bandera, se cosen por separado y de forma horizontal, pues de acuerdo con los estudios efectuados por el Ejército la confección horizontal da una mejor resistencia al viento.

 Cuando el Escudo Nacional está seco se unen a la parte blanca los lienzos verde y rojo. Asimismo se colocan los herrajes con los que la bandera se sujetará al asta.

 Finalmente se pone un aditamento llamado cono de viento, ‘que evita que las puntas se muevan de forma brusca y se rompan’, explicó el teniente coronel Zepeda.

 La bandera monumental de 50 metros pesa alrededor de 230 kilogramos y cuesta aproximadamente 250 mil pesos. Actualmente la bandera más grande se encuentra en Piedras Negras, Coahuila. El asta mide 120 metros de alto y la bandera 60 metros.

 Está planeado que durante este año se hagan 800 banderas de diferentes tamaños, entre las que destacan 30 monumentales, y  escudos que pueden ser pintados con pinceles o brocha, mediante el uso de serigrafía, o bien bordados a máquina o a mano, proceso que hacen cuatro militares con hilo dorado durante quince días, informó el capitán primero, ingeniero industrial, Julio César Ríos Tirado.

 La producción de banderas se comercializa en las oficinas de gobierno, en edificios públicos y en las escuelas, donde cada lunes se rinden honores al lábaro patrio, como este 24 de febrero, Día de la Bandera, celebración que fue instituida por el presidente Lázaro Cárdenas en 1940.- (Por Julieta Aragón)

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