Espejo de la sociedad
El cine, para hacer pensar y sentir al público
Jorge Fonz, director de "Rojo Amanecer" y "El callejón de los milagros", entre otros. A la izquierda, Lorenzo Hagerman, realizador de "0.56"
Provocar, generar reacciones en el espectador es el objetivo del cine, como lo es de toda manifestación artística, afirma el cinefotógrafo Lorenzo Hagerman en entrevista con Grupo Megamedia.
Además, considera que el cine que no se hace a favor o en contra de una causa pierde parte de su valor. El cine debe tomar partido sí, pero no por un partido político, debe estar del lado de la sociedad.
El realizador dirigió “0.56%”, historia por la que recibió el Premio Honorífico del Jurado del VIII Festival Internacional Documenta Madrid 2011. Ha trabajado como corresponsal de guerra y fotógrafo para el documental “Presunto culpable” de Roberto Hernández, entre otros.
¿Qué piensa del cine como vehículo de formación política?
Yo no pienso en el cine como un sistema o instrumento de formación; el cine, como la literatura, el teatro, la danza o la arquitectura provocan, hacen pensar y sentir. Soy más de la idea de que el cine no es para analizar sino para provocar a la gente, no molestarla, sino provocarla en el sentido de hacerla vivir una experiencia y toda experiencia te hace madurar. No siento que sea un instrumento de formación; sí se utilizan los medios audiovisuales como en la Telesecundaria, pero no es cine, se usa como material didáctico. En la historia del cine, y sobre todo en Latinoamérica, el tipo político ha sido una escuela desde los inicios del cine, sobre todo en países emergentes, donde hubo dictaduras o los procesos democráticos no se dieron a la par que en países industrializados; en algunos sigue siendo así.
El arte en general ha sido la forma de liberar quejas o inquietudes de una sociedad, incluso para expresar diferentes puntos de vista. El documental político en Latinoamérica es la historia del documental, y hay muchos ejemplos como Miguel Littín, todos esos creadores que son reconocidos y que hoy día viven exiliados, pero son los inicios de la escuela documental en Latinoamérica. El cine siempre va a la par del contexto y la situación de la sociedad, es un reflejo, un retrato de seres humanos. Pertenecemos a una sociedad, y es común que estemos sincronizados con las inquietudes de la sociedad.Sí existe un género, aunque no le llamaría así, sí existe un cine político.
¿Cree que esté bien que el cine tome partido?
El cine que no toma partido pierde gran parte de su valor; el valor del cine o de cualquier expresión artística es que toma partido, aunque no usaría esa palabra porque se puede relacionar con partidos políticos, pero toda expresión artística tiene una expresión política, si no es así pierde mucha trascendencia. Un cineasta lo que hace es expresar desde un punto de vista un fragmento de la realidad, entendida desde muy diversas formas; creo que es importante que haya un punto de vista en el cine.
Si se refiere a expresar preferencias por cierta ideología, es totalmente válido, y esa ha sido la dinámica del arte en la historia de la humanidad. Son otras formas de expresarse usando la estética, de expresar perspectivas, puntos de vista, formas de pensar y sentir desde el punto de vista del realizador.
El cine no es periodismo, no es un estudio académico, no es un ensayo donde uno va a reportar sobre los hechos o hacer un análisis sobre circunstancias. El cine y las artes justamente el valor que tienen es que cada obra de cada artista parte desde la visión del mundo y de la realidad vista desde una sola perspectiva, por eso podemos ver la misma historia filmada muchas veces, como La Conquista, la vida de Gandhi, la infidelidad, el desempleo, la migración; aunque es el mismo tema y aunque en términos generales cuentan la misma historia, lo que uno ve es un punto de vista distinto y entre más puntos de vista haya sobre un mismo acontecer o sobre la realidad, es más enriquecedor para el espectador. No sólo es válido sino necesario que haya un punto de vista y que el cineasta tome una posición frente a lo que narra o expresa.
En el cine y el documental el tema es sólo una excusa para hablar de algo más, sobre una esencia o lo que mueve la historia. La anécdota es una simple excusa para hablar del ser humano desde el punto de vista de ese cineasta.
¿Es válido usar el cine como medio de propaganda política?
Es una cosa u otra, o es cine o es propaganda y es creado financiado, distribuido, pensado en función de convencer a más gente para que un cierto personaje político tenga más popularidad o aceptación. La finalidad del cine no es tener mayores adeptos o convencer a la gente de que existe una sola opción o realidad, sea política o no. Lo que es propaganda es propaganda. No existe el cine con fines propagandísticos, finalmente acaba siendo propaganda, y eso quien lo juzga es la misma gente. Es bastante simple la condición del cineasta: no hay una institución o grupo de jueces que determinen más allá de lo que puede determinar el espectador que ve la película. Cuando el espectador siente que tiene fines propagandísticos se vuelve hermético. Es como cuando esté frente la televisión en los comerciales, es una decisión propia verlos o no. Un amigo cineasta que estudió en Inglaterra me decía: Cuando uno hace cine, hace un pacto con el público, el público acepta ser engañado durante hora y media, pero si durante la película le recuerdas que el público es un idiota y que lo engañas, se rompe el engaño. El público deja de aceptar tus engaños.Esa cuestión la decidirá el público, cuando se dé cuenta que es propaganda en ese momento se rompe la magia y el encanto y deja de creer en la película y se puede volver contraproducente.
¿Qué piensa del cine como medio de educación cívica?
Yo no creo que la finalidad del cine sea educar o formar a la sociedad. El compromiso o esfuerzo de los realizadores llega hasta antes de que apaguen la luz y comience la película, hasta ahí podemos cuidar la película Al prenderse el proyector todo lo que sucede sale de nuestras manos y habrá tantas reacciones como auditorio haya, porque uno como cineasta no se puede deshacer de su historia, contexto, ambiciones, ideologías. El público tampoco puede deshacerse del contexto con el que llega a la sala en la espalda.
Uno no puede pretender o esperar que al mostrar su película habrá una reacción determinada hacia ciertos pensamientos. Por eso me gusta la frase de Herzog: El cine es una provocación, si uno no está de acuerdo ahí hay un ejercicio de resistencia que puede llevar a una catarsis o a un aburrimiento total, pero esa no es la finalidad del cine, sino lo que queremos expresar. Yo hago cine para mostrar la realidad desde una perspectiva que yo escojo al momento de empezar la película, pues creo que podemos ver cosas que no se verán desde otro ángulo.
El valor de un cineasta o de un cinefotógrafo es llegar a un lugar donde no pasa nada y hacerle ver al público la importancia de las cosas que aparentemente no son relevantes. En la historia de Latinoamérica hay un sinfín de películas con temas políticos, como “La Historia Oficial”, película argentina de Luis Puenzo. Podía el tema ser muy susceptible para el pueblo argentino, pero finalmente de lo que habla, aparte de la política, es de los sentimientos de un padre en contextos extremos a donde puede llegar el ser humano, que es mucho más que la cuestión de la historia argentina. Una buena película trasciende el tema, va más allá de lo que es evidente para cualquier espectador; es sentarnos a ver elementos de la naturaleza humana.
Usted como cineasta, ¿cómo ve el panorama político nacional, el despilfarro, la oda a la imagen?El sistema democrático en México tiene mucho camino por recorrer, muchas cosas que pueden fortalecerlo; no creo que nada más sea cosa de instituciones, también es cuestión de la sociedad, y como decimos en fotografía, todo ayuda, todo esfuerzo o expresión cuando un grupo de gente se da cuenta que esa unidad puede generar cambios. Creo que México vive momentos en los que hay una parte de la sociedad que está dispuesta a dedicarle tiempo y energía y confiar más en movimientos ciudadanos que invertir tiempo y dinero en partidos políticos. La gente confía más en la expresión ciudadana que en los partidos políticos y eso es una buena señal.
La calidad de los políticos en general me parece tristísima, hay poca creatividad, poca capacidad de comunicación y de entendimiento de las necesidades y poca conexión con el que escucha. Yo veo más ambición, antiguos vicios, formas de hacer política de hace décadas, tendencias al cacicazgo, etc., pero es cuestión conjunta entre sociedad e instituciones; no creo que quitando a los políticos todo sea maravilloso, hay una gran responsabilidad de la sociedad.México vive una cuestión generacional muy clara, los integrantes del movimiento #YoSoy132 tienen en promedio 20 ó 23 años, cuando el PRI perdió ellos tenían 10 años.
En las épocas más conservadoras del PRI ellos no habían nacido o acababan de nacer. Sin embargo, ellos exigen ver para adelante, para saber qué sucedió está la historia, y dicen: queremos ir para adelante, y eso no sólo sucede con los jóvenes, también con gente mayor. La gente joven es la que está dispuesta al cambio, aunque también conozco gente joven que piensa como gente de la tercera edad, que no quiere que nada cambie.-Wendy Montalvo