Encuestas, ¿mito o realidad?

Los sondeos deben tomarse con gran cautela, publica importante revista

“En el mundo, las metodologías de investigación para determinar las tendencias electorales han avanzado mucho, pero lo cierto es que los resultados de las encuestas deben tomarse ‘con un grano de sal… o dos’”, publica en su edición de esta semana la revista Newsweek en Español.

La actual contienda electoral en México es ríspida, agrega el semanario, y argumenta que la desconfianza en las encuestas hechas por casas especializadas, algunas de ellas contratadas por medios de comunicación, tienen gran parte de culpa.

Esta desconfianza empeora por el contenido del cable filtrado por Wikileaks con referencia 09MEXICO212, del 26 de enero de 2009, originado en la embajada de Estados Unidos en México.

Ese cable, explosivo de resultar cierto, señala en su sección 7: “Quizás, como nunca antes en las contiendas electorales, Peña Nieto está enfocado en las elecciones de julio -inició obras públicas importantes en áreas enfocadas en busca de votos-, y tanto analistas como líderes del PRI han expresado repetidamente al funcionario político (de la embajada estadounidense) su creencia de que está pagando a medios por debajo de la mesa por cobertura noticiosa favorable, así como potencialmente financiando a encuestadores para inclinar los resultados de las encuestas”.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda, varias de las casas encuestadoras que trabajan activamente en el actual proceso electoral pertenecen a la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública (AMAI), cuyo papel al agrupar a varias de estas instituciones es profesionalizar el gremio y establecer estándares de buenas prácticas y honestidad, incluso requiriendo de modo obligatorio la certificación de calidad de sus miembros para ingresar y permanecer en la asociación.Newsweek en Español entrevistó al doctor Javier Alagón, director de la empresa Estadística Aplicada, maestro en Estadística e Investigación de Operaciones por el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas de la UNAM y doctor en Estadística Aplicada por la Universidad de Oxford, y a Francisco Abundis, director asociado de la casa encuestadora Parametría, S.A. de C.V., candidato a doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Connecticut y con maestrías de las universidades de Oxford, Columbia y Michigan, “con la finalidad de brindar a nuestros lectores la información necesaria para evaluar las encuestas de manera inteligente”.

La primera duda que surge es la factibilidad de extrapolar la opinión de una muestra de 1,000 ó 1,200 personas a las intenciones de voto de casi 80 millones de mexicanos en el padrón electoral, a lo que Abundis comenta a la revista: “Primero hay que decir que la estadística es muy generosa y nos permite hacer este tipo de ejercicios. Y a partir de una muestra bien diseñada, que debe cumplir algunas características como aleatoriedad, se (asegura) que esos (casi 80) millones de electores tengan la misma oportunidad de ser entrevistados y que abarque territorialmente la mayor parte del país.”Lo que ha pasado con la estadística es que buena parte del desarrollo ya no se ha dado por sofisticación matemática, sino más bien por el poder de la computadora. Eso a los pollsters (encuestadores) nos ha hecho más precisos, contar con más herramientas estadísticas, tanto como para diseño de muestras, para precisión, como para análisis; para entender mejor al elector, a sus segmentos, pero es básicamente lo que llaman poder de máquina, poder de computadora”.No lo que piensan

“Sí se puede representar lo que te dicen, no necesariamente lo que piensan, sino lo que te dicen 1,200 ó 1,500 personas representativas de un universo de ochenta millones, explica Alagón.

“La estadística es en cierta forma antiintuitiva porque estas 1,500 personas te funcionan en un universo de 80 millones o un universo de 1,200 millones de chinos, por ejemplo. Con una muestra de ese tamaño podemos llegar -si sabemos y tenemos los elementos para realizarla correctamente- a conocer lo que ellos dicen, no lo que ellos piensan porque no necesariamente te lo manifiestan. “Eso simplemente es un resultado estadístico que tiene que ver con algo que se conoce como la ley de los grandes números y el teorema de límites central, pero más allá de eso, sí se puede”.”Una muestra exacta cuesta más de lo que los medios de comunicación y los partidos políticos pueden pagar”, agrega.

Insistiendo en el tema de la aleatoriedad y que la muestra sea realmente representativa del universo de electores en México, Abundis explica: “El primer problema que tenemos es que no es información pública, solamente la pueden utilizar los partidos o el IFE y tenemos que recurrir a una segunda unidad de análisis que se llama sección electoral. La sección electoral es donde la gente va a votar. Ya hay más de 64,000 ó 70,000 en todo el país. Esas secciones electorales tienen un historial de participación, de cómo están compuestas. Son relativamente homogéneas. Así está dividido todo el electorado y con esas variables y con esas secciones, dado su tamaño y su participación, nosotros podemos diseñar una muestra que nos represente al país y lo hacemos a través de simulación”.Alagón profundiza: “Todo depende de esta selección aleatoria y el diseño estadístico, y hay muchísimos diseños estadísticos. Entonces, ¿qué quiere decir esto? Que para acercarnos a la verdad las muestras sí son muy complicadas; es decir, los 1200, por darles el número, pero pudieran ser 1000 o menos, van a venir de una diversidad enorme de pueblos. ¿Y qué crees? Va a costar muchísimo dinero ese levantamiento, mucho más de lo que la gente, de lo que los medios o de lo que muchas veces los partidos políticos pueden pagar.”Y aquí entramos en otro tema. Hay ciertos precios por encuestas que las agencias o las casas encuestadoras pactan con los medios o con los patrocinadores, pero una encuesta de este estilo, donde implicaría hacer levantamientos en muchas partes de la república mexicana, cuesta mucho dinero. Más de lo que normalmente se maneja en el medio. Eso es una limitación importante. No estoy (generalizando) y no digo que no se hagan, porque es muy probable que se realicen, lo que pasa es que no lo sabemos. No sabemos quién lo hace, quién las paga. Algunos partidos llegan a hacer levantamientos serios, pero estas encuestas no se publican, agrega Alagón.

Históricamente, las muestras de rechazo público se dan contra quien sostiene el poder en ese momento.

Preguntado sobre el efecto que podrían tener en los resultados de las encuestas, Abundis indica: “El elemento en lo que va de la elección que yo considero más relevante, que ha llevado a cambiar las preferencias -más allá de las marchas, los estudiantes, de errores en conferencias de prensa-, ha sido la campaña negativa contra Peña Nieto, que no sólo lo ha afectado a él, sino también a Josefina Vázquez Mota. Hay una caída en la imagen de Peña Nieto de 15 puntos en los últimos dos meses -no de preferencia, sino de imagen- a partir del cuestionamiento de su historial, que es lo que lector tiene más a la mano para juzgar esta preferencia electoral o para juzgar al candidato, refiere Abundis.

“Yo creo que la estabilidad en la medición de Peña Nieto se debe a que no había un factor clave que lo hubiera golpeado, a diferencia de lo que está pasando ahorita. Creo que hay más elementos a la mano, el elector tiene más elementos con los que está cuestionando su preferencia por esta primera fuerza electoral. Ahora, ¿por qué, si esta fuerza está siendo afectada, da la impresión de que no se mueve tanto? Irónicamente, si bien es cierto que Acción Nacional o Josefina Vázquez Mota le están pegando a la imagen de Peña Nieto, también está cayendo su imagen. Parte de esto podría ser atribuible a esta misma campaña negativa. Estamos en un momento en México donde la gente no sólo está viendo mucha violencia, sino que está viendo mucho conflicto y es a ello a lo que rehuye.

“Que alguien organice una campaña negativa contra otro candidato no resulta muy atractivo ni simpático”, concluye. Moneda en el aire

Las campañas se han enfocado en el descrédito, no en la capacidad para dar resultados, lo cual es un lamentable indicador de la falta de madurez de la democracia mexicana.

Por otra parte, existe una multitud de encuestas en internet y redes sociales que arrojan resultados diametralmente opuestos a las encuestas publicadas. Pero estas encuestas no cuentan con la metodología necesaria para considerarlas realmente veraces. “Es fácil creer que lo que pasa en Twitter lo lee todo el mundo, pero hay 4 millones de tuiteros, y muchos tienen menos de 18 años”, añade.

“No hay proporción en lo que pasa ahí. El habitante promedio en este país tiene ocho años de escolaridad, 60 por ciento de los adultos mayores de 18 años en este país jamás ha usado una computadora. De ahí, sólo 30 por ciento la usa de modo cotidiano, y tienes 30 millones de usuarios de redes, pero no todos son mayores de edad.”Hay un sesgo muy claro de gente escolarizada, con recursos, que no es el promedio en este país. Por eso se generan estas distorsiones de opinión. Si vas con un campesino de Yucatán, Jalisco o Nayarit te va a decir: ¿de qué me hablas?”Estamos hablando de que, de los casi 80 millones, con niveles de participación del 60 por ciento, que es lo que se esperaría históricamente, estamos hablando de un electorado de 50 millones de personas. El 20 por ciento son 20 millones. De esos, 10 millones de electores, que son ese voto joven, representan un 10 por ciento de la población. Entonces estamos hablando del 20 por ciento o del 10 por ciento con educación universitaria. Dos por ciento del electorado completo que son los que tuitean. Son los 4 millones, los de redes, de internet, que tienen otros 30 millones, no todos con posibilidad de votar”.Volviendo a las encuestas publicadas en los medios de comunicación, existe la obligación de informar sobre la metodología utilizada. En todas ellas se indica algo estadísticamente llamado “margen de error”, que señala la posibilidad de que, debido a algún factor imprevisto, el resultado del estudio pueda variar en cierto porcentaje, el cual se reduce al aumentar el tamaño de la muestra. Al respecto, Javier Alagón explica: “Dadas las formas en que hacemos los muestreos en México -y no es que esté hablando mal de la forma en que se hace el muestreo aquí-, mi crítica va en el sentido de que es muy fácil encontrarse diseños estadísticos, de probabilidad, de muestra de encuestas serias y, una vez presentada la metodología del IFE, que cuando uno entra como auditor estadístico, diría: ‘¿Sabes qué? Te faltó muchísimo para acercarte a los márgenes de error que tú estás diciendo’. Y este es otro problema, muchos de mis colegas te dicen: ‘A ver, ¿cuál es el margen de error de una muestra de 1,200 con un muestreo aleatorio simple?’. Entonces se van a los libritos y te dicen: con 1,200 ó 1,250 el margen de error es de 2.8 por ciento, o con 1,000, de 3.1 por ciento. Entonces, ¿que quiere decir? Pues si yo tengo una muestra de 1,250 me voy a alejar máximo 3 por ciento de la verdad para cada parámetro. Es decir, que si yo le asigno una estimación para Peña Nieto de 45, entonces puede ser 48 o 42, pero no podría ser de 40 o 50 porque estamos en 45.”Resulta que no, porque dado el diseño muestral que se utilizó específicamente aquí, muchas veces hay un proceso que se llama de desestratificación, que separa por tipo de preferencia partidista. Eso ya es un diseño multietapa por conglomerados. Cuando se usan estos diseños, que son los que usamos aquí en México porque no hay de otra, el margen de error es más grande. Y el margen de error no es el 2.8 por ciento ni el 3 por ciento. ¡El margen de error puede ser dos o tres veces más grande de lo que dice esto!”La estadística siempre se maneja dentro de ciertos márgenes de incertidumbre y por eso cuando decimos que tenemos un margen de error del 3 por ciento, eso debe ir acompañado de esta afirmación del 3 por ciento al 90 o al 95 por ciento de confianza. ¿Qué quiere decir? Que yo voy a estar a tres puntos de la verdad, pero con un nivel de confianza del 90 o 95 por ciento. Si estoy al 95, eso quiere decir que cada 20 veces que yo haga esas encuestas, en 19 voy a estar en lo correcto y en una no. Si todas las encuestas fueran hechas de manera impecable, sobre todo con los medios ortodoxos estadísticos, una de cada 20 debería ser estridente por regularidad estadística. La estadística no puede ser perfecta, está muy lejos de ser perfecta. Nos acercamos de alguna manera a la realidad, pero muchas veces la realidad resulta ser mucho más compleja que el instrumento que tenemos para medir.”Tal vez aquí lo ideal es que diferentes organismos apartidistas, no gubernamentales, pudieran financiar una que otra encuesta muy fuerte y sin mayor limitante, con mucha fortaleza estadística para poder aproximarnos a la verdad. Sabemos que las preferencias sí cambian con el tiempo y lo que yo estoy midiendo ahorita no necesariamente es lo que va a pasar en tres semanas”.Finalmente, sobre el futuro que parece o no predecirse en las encuestas de opinión política, el doctor Alagón concluye: “La moneda sigue estando en el aire. Es una moneda en el aire con probabilidades de caer con los colores que vemos en las encuestas, sí. Pero es probabilístico, puede que nos llevemos algunas sorpresas”, indica Alagón.

Lo que me preocupa es que estas elecciones salgan lo más limpias posibles, lo más creíbles, lo menos cuestionables, porque no queremos -como sociedad- vivir otro 0.56 por ciento (como en 2006). Hemos tenido fracasos históricos, y también aciertos históricos. Lo que pasa es que muchas veces le pedimos demasiado a la estadística, que tiene limitantes. Y no olvidamos el margen de error. Yo lo que quiero es que el gremio salga lo mejor posible porque, en la medida en que le vaya bien en opinión pública, le va mejor en investigación de mercados”. Las encuestas pueden ayudar a ver cierto panorama que puede ser verdadero si existe una concatenación de eventos -una serie de sucesos que no siempre es probable que se den a la vez-. Por otra parte, siendo la estadística algo creado por el humano, es inherentemente falible.

Debemos, pues, ver las encuestas como lo que son: un ejercicio probabilístico que depende de demasiados factores para ser exacto. Y hasta el 1 de julio, el resultado final, como la proverbial moneda que menciona el doctor Alagón, sigue en el aire.

Vea en el sitio en internet del Diario el texto íntegro de la información que sobre las encuestas electorales publica Newsweek en Español.


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