Retos de la apertura del sector petrolero

Por KATHERINE CORCORAN y E. EDUARDO CASTILLO

MÉXICO (AP).- La decisión de México de eliminar siete decenios de protección nacionalista y permitir que compañías extranjeras participen en las operaciones petroleras es crucial para atraer la tecnología y el capital necesarios para rejuvenecer su esclerótica industria energética, afirman partidarios de las reformas.

Pero incluso después de la abrumadora aprobación de ambas cámaras del Congreso esta semana, los escépticos preguntan si el país tiene la capacidad de regular los contratos privados para beneficio de todos los mexicanos y no de sólo unos pocos.

La fase final de la reforma energética que el Congreso mexicano aprobó el jueves es su aval por parte de 17 de los 31 estados del país, debido a que los cambios modifican la Constitución.

Ese aval se considera casi asegurado, a pesar de que los artículos modificados se consideraban sagrados, una protección contra el espolio del patrimonio mexicano por parte de los extranjeros.

Analistas del sector y compañías petroleras de Estados Unidos dicen que los dos países se beneficiarán de la medida, que pone fin al monopolio de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y permite al gobierno de México firmar contratos con empresas como Exxon Mobil y BP para explorar y perforar en busca de crudo y gas que México no ha podido explotar.

“Es algo muy positivo para todas las partes”, dijo William Colton, vicepresidente de Planeación Estratégica de Exxon Mobil, en una transmisión por internet. Se proyecta que las exportaciones de crudo mexicanas a Estados Unidos bajen a medida que la producción norteamericana de crudo aumenta a partir de nuevos yacimientos, pero los analistas dicen que una mayor inversión en la economía mexicana es positiva para todos, no sólo para el sector energético.

“Aumentará la productividad, el crecimiento económico y la creación de empleos”, dijo el presidente Enrique Peña Nieto, quien presionó a favor de la reforma, en Twitter después de la votación del jueves. México enfrenta ahora la enorme tarea de hacer de Pemex una empresa más competitiva y eficiente. Aunque es un símbolo de orgullo y éxito del país, la compañía es considerada ampliamente un ente con exceso de personal, atrasado y corrupto.

La producción de crudo de Pemex ha bajado 25% desde 2004 y sufre una cantidad récord de combustible por parte de sus propios empleados. La empresa está controlada por un sindicato dirigido por el poderoso y acaudalado Carlos Romero Deschamps, cuya familia es famosa por su ostentoso estilo de vida.

Pemex produce el doble de petróleo que la también petrolera estatal noruega Statoil, pero tiene 6,5 veces más empleados, según el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) de México. Muchos mexicanos están menos que contentos con las privatizaciones anteriores de empresas estatales. La privatización de los sectores de banca y telecomunicaciones a principios de los años 1990 resultó en algunas de las tasas de préstamos y facturas telefónicas más altas del mundo desarrollado.

“En mi país no sabemos regular ni supervisar absolutamente nada”, escribió esta semana Carlos Puig, columnista del diario Milenio. “Seamos honestos: no sabemos meter en orden ni al transporte público concesionado. Si no podemos con unos taxis, cómo le vamos a hacer con Exxon, Shell o BP?” Los que se oponen a los cambios temen que las multinacionales, especialmente de Estados Unidos, recuperen el tipo de dominio que tenían sobre el petróleo mexicano antes de ser nacionalizado en 1938.

Los que respaldan los cambios insisten en que México no va a entregar su petróleo y su gas a la empresa privada, sino que el gobierno contratará la pericia privada necesaria para explotar grandes reservas. Aunque Pemex produce 2,5 millones de barriles diarios de crudo, ninguno proviene de pozos en aguas profundas.

Pero esa fuente tiene el potencial de aumentar la producción en una tercera parte, más de 1 millón de barriles diarios, dijo Carlos Morales, director general de Pemex para Exploración y Producción. México importa ahora aproximadamente el 20% del gas natural que consume.

Peros sus reservas de gas de esquisto tienen el potencial de producir 7.08 billones de metros cúbicos (250 billones de pies cúbicos) de gas, lo que triplicaría la producción nacional diaria, dijo Morales. Pero la explotación de esas reservas exige tiempo y dinero para encontrarlas y explotarlas -unos 60,000 millones de dólares al año- dice Pemex, que ha tenido que trabajar con 28,000 millones de dólares al año.

“En los pozos de aguas profundas, no se puede pensar en menos de seis o siete años. En los campos de esquisto puede ser más rápido, pero no menos de tres años”, dijo Morales. Luis Serra, investigador del CIDAC, dijo que los primeros contratos probablemente no se emitan hasta diciembre del próximo año, y la primera gota de crudo de los nuevos yacimientos probablemente no se extraiga hasta después que concluya el sexenio de Peña Nieto en 2018. El próximo paso es que el Congreso redacte las leyes que determinarán cómo se implementará la reforma, incluido cómo se otorgan los contratos y se manejan las ganancias.

La ley aprobada el jueves contempla mecanismos para prevenir, detectar y castigar la corrupción en todos los nuevos contratos. También parece reducir la influencia de Romero Deschamps y su sindicato, que ya no será parte de la junta directiva de Pemex. A pesar de todas las interrogantes, Steve Otillar, socio el bufete de abogados Akin Gump, con sede en Houston, Texas, y especializado en el sector petrolero, dice que el interés es elevado.

“Hay muchos que dijeron que nunca se iba a poder cambiar la Constitución”, dijo. “La gente reconocerá que esto es real y que va a suceder, y que vamos a comenzar a movernos”.




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