“‘El Chapo’ era bien chido”

Periodista relata en su libro cómo era el capo en la cárcel

Militares mexicanos conducen al máximo dirigente del cártel de Sinaloa, Joaquín "El Chapo" Guzmán, quien fue detenido anteayer

MÉXICO.- Mientras estuvo en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera lo hizo su feudo: se dice que dentro de la prisión ocurrían fiestas, comilonas y se hacía todo lo que el líder del Cártel de Sinaloa indicaba. Así lo narra Jesús Lemus Barajas en su libro “Los Malditos”.

El portal ADN Político reproduce parte del libro de Lemus Barajas, periodista que fue encarcelado en el penal de Puente Grande en 2008 y exonerado y liberado en el 2011.

Al ser liberado, el reportero escribió el libro “Los Malditos, Crónica negra desde Puente Grande”, en el que narra sus vivencias y las de otros presos en esa cárcel y, aunque no le tocó convivir con “El Chapo”, su texto narra lo que otros presos le contaron sobre el tiempo que Guzmán Loera estuvo preso.

En el texto, Jesús Lemus dedica tres de los 14 capítulos a quien ubica como “La leyenda de Puente Grande”. “El Chapo” Guzmán estuvo preso en Puente Grande de 1993 al 19 de enero de 2001, fecha en que se dio a la fuga.

En su libro, Jesús Lemus da voz a varios presos que dicen haber estado en la cárcel cuando estaba ahí Joaquín Guzmán Loera. “El Chapo” se paseaba por todos lados de la cárcel. Él vivía en el módulo cinco, pero tenía amigos que visitaba en el módulo ocho y a veces venía a platicar con “El Güero” Palma”, cita Lemus a uno de los presos.

“(Con la población carcelaria) se portaba bien chido, siempre andaba preguntando qué necesitaba uno y si no le hacía falta nada a la familia. En ese tiempo aún me visitaban mis papás y él les mandaba dinero para que vinieran a verme”, continúa la cita del periodista.

Los presos narraron a Lemus Barajas que “El Chapo” era “la mera autoridad” en la cárcel y su influencia llegaba, literalmente, hasta la cocina.

“Le pedían opinión para hacer la comida (…) ordenaba lo que se le antojaba y con eso se ganaba a la población. Había veces que le decía al comandante de compañía que no hicieran de comer aquí.

Les daba descanso a las cocineras y entonces mandaba traer de fuera. Se hacían unos méndigos pachangones en el patio, porque cuando mandaba traer de fuera siempre pedía borrego o carnitas y en el patio se ponían los cazos y las ollas de carne y todo mundo contento”.

“Casi siempre que mandaba traer de fuera la comida también contrataba un grupo musical y él y con sus muy allegados, principalmente con “El Güero” Palma, se ponía a tomar whisky en una orilla del patio. Entonces allí sí ponía a su gente a que lo cuidaran, que no se les fuera a arrimar nadie, porque estaban hablando cosas de señores”, le contó uno de los presos a Jesús Lemus.

El periodista cita el relato y cuenta en su libro que en una celebración del Día del Padre, “El Chapo” mandó llevar comida y bebidas alcohólicas para todos los presos, además de cuatro grupos musicales distribuidos en los patios del penal. Sin embargo, hubo problemas porque varios presos tomaron de más y hubo peleas. A partir de ahí, “El Chapo” decidió suspender las fiestas.

“Cuando estaba “El Chapo” todo era más chido, nos prestaba el celular para hablar a la casa, para alguna necesidad, o simplemente para saber cómo estaba la familia (…) Yo no recuerdo que alguna vez haya negado un favor a alguien que se le acercó, y lo mismo apoyaba para comprar unas medicinas para alguien de la familia, que le ayudaba a tener visita íntima a los presos más abandonados”, cita Lemus a otro preso.

Quienes estuvieron presos con Jesús Lemus, le contaron que el líder del Cartel de Sinaloa era quien realmente gobernaba el penal, pues los oficiales “se cuadraban con el señor”. “El Chapo” ordenaba y todos obedecían”, escribió Lemus.En su libro, el periodista escribió que los custodios iban a presentarse al narcotraficante “para ver qué se le ofrecía”. La autoridad de Guzmán Loera abarcaba también hasta los directivos. “Normalmente ‘El Chapo’ caminaba en el patio del módulo tres y, mientras caminaba, allí comenzaba a recibir a los oficiales que le preguntaban qué era lo que querían que se hiciera de comer (…) y en ocasiones hasta a los directivos de la cárcel, cuando tenían que tratar algún asunto que tuviera que ver con la seguridad de los presos, principalmente”, cuenta Lemus. “El Chapo” nunca iba a las revisiones de los médicos de la prisión. Siempre iban médicos de su confianza a hacerle revisiones de rutina y nunca se tomaba la medicina que le ofrecían en la cárcel, sino la que llevaban sus propios doctores, se lee en el texto.

El día de la fuga

Jesús Lemus narra que, al interior del penal de Puente Grande, decir el nombre de “El Chapo” Guzmán estaba prohibido, quizá por la pena que provocaba en las autoridades el hecho de su fuga. .

Lemus escribió en “Los Malditos” la narración de un preso sobre el día que se fugó “El Chapo” del penal de Puente Grande, en enero del 2001.

Cada viernes, el narcotraficante llevaba a su celda a su novia, quien llegaba a su celda desde Guadalajara. Sin embargo, ese viernes 19 de enero, la chica no fue, lo que llamó la atención de los demás presos. Según el testimonio, “El Chapo” se la pasó esa mañana en el patio haciendo llamadas telefónicas desde su celular. Joaquín Guzmán Loera avisó a los presos que ese día habría una revisión de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y que irían policías federales a buscar armas y drogas en todo el penal.

Sin embargo, en la tarde de ese viernes, ya nadie lo vio, pero algunos dieron noticias de que se encontraba en el consultorio médico, lo que les llamó la atención porque él nunca asistía con los doctores del penal.

“Mientras estábamos jugando ajedrez, llegó alguien y nos dijo que venía de la enfermería y que allí vio recostado al jefe, esperando que lo revisara la doctora, porque tenía un fuerte dolor de cabeza.”Después, como todos los días, nos comenzaron a mandar a nuestros módulos, (…) unos 15 minutos antes de las seis de la tarde los guardias nos mandaron a nuestros módulos. Nadie se fijó si ‘El Chapo’ seguía en la enfermería o se había ido a su celda”, dice la narración.

Esa noche llegaron decenas de elementos uniformados, con siglas de la PGR y la Policía Judicial Federal, procedentes de la ciudad de México, a hacer una revisión a Puente Grande. Y ahí ya no se supo más de “El Chapo”; cuando se notó la ausencia del líder del cártel, se activó la alerta roja y todas las fuerzas de seguridad se abocaron a buscarlo al interior de Puente Grande. El preso narra que, después del operativo, un compañero vio cómo la policía sacaba el uniforme de preso que el sinaloense había dejado en la enfermería.

“Seguramente ‘El Chapo’ estuvo recorriendo el pasillo vestido de policía y se salió de la cárcel como entre las cinco y las ocho de la mañana del día siguiente al que dicen que se fugó, cuando todo el país ya sabía que se había salido de esta cárcel, y lo hizo por la puerta principal. ‘El Chapo’ tuvo la inteligencia y la sangre fría para permanecer en esta cárcel de máxima alerta cuando todo mundo lo estaba buscando, y se confundió entre los que lo buscaban. Se volvió un policía más y así pudo engañar a todos”, cita Lemus a quien le cuenta su testimonio. Una de las versiones sobre su huída es que Joaquín Guzmán Loera se escondió en uno de los carritos de lavandería y fue así como logró escapar de Puente Grande.

“El Chapo” | Cárcel

Presos narraron a Lemus que “El Chapo” era “la mera autoridad” en la cárcel y mandaba hasta en la cocina.

Vestido de policía

“Seguramente ‘El Chapo’ estuvo recorriendo el pasillo vestido de policía y se salió de la cárcel como entre las cinco y las ocho de la mañana del día siguiente al que dicen que se fugó, cuando todo el país ya sabía que se había salido de esta cárcel, y lo hizo por la puerta principal”.

Sangre fría

“El Chapo’ tuvo la inteligencia y la sangre fría para permanecer en esta cárcel de máxima alerta cuando todo mundo lo estaba buscando, y se confundió entre los que lo buscaban. Se volvió un policía más y así pudo engañar a todos”, cita Lemus a quien le cuenta su testimonio.

Salió por la lavandería

Una de las versiones sobre su huida es que Joaquín Guzmán Loera se escondió en uno de los carritos de lavandería y fue así como logró escapar de Puente Grande.

Todo era “chido”

“Cuando estaba ‘El Chapo’ todo era más chido nos prestaba el celular para hablar a la casa”.

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