Decano del sacerdocio

Padre Ambrosini, cura en activo más longevo en México

El sacerdote Mariano Ambrosini Viscardi, quien a los 98 años es el cura más longevo en activo en México

MÉXICO (Notimex).- A sus 98 años de edad y 74 de sacerdote, Mariano Ambrosini Viscardi es el sacerdote en activo más longevo de México, quien a su edad sorprende a propios y extraños por su enorme sentido del humor y espiritualidad.

La receta, dijo, es trabajar mucho y estar contento porque un santo triste es un triste santo; pese a los momentos difíciles, aun así hay que estar contento de todos modos. ¡Todo pasa!, y no hay como la oración, pedir a Dios que me eche una manita”.

En entrevista, el padre Ambrosini Viscardi refirió que tiene 58 años de ser “orgullosamente chilango”, pues cuando llegó a territorio mexicano tenía 39 años de edad, e indicó que no hay nada pendiente en su vida.

“No, yo le digo a mi Señor que soy como la canción del puente: ¡Señor, me hiciste un puente entre ti y mis hermanos, ojalá este puente no se rompa. Pero si este puente ya no sirve para mis hermanos, rómpelo a tu antojo entre tus manos!”, recitó.

“Porque hasta que Dios me dé vida y salud, no quiero ser un desocupado. Hasta el final de mi vida, quiero trabajar. Y es que si yo fuera a Italia, por mi edad me pondrían en un convento de ancianos, ¡a ver quién muere antes! Aquí me siento útil, todavía trabajo”, dice sonriente.

En la plática, el sacerdote Ambrosini Viscardi, formado en la Congregación La Pasión, fundada en 1720 por San Pablo de la Cruz en Italia, aseguró que los momentos más felices de su vida han sido su toma de hábito y su ordenación.

Pero también “haber venido a México. Me siento contento, si no quisiera estar aquí, pediría regresar a Italia, pero aquí la gente es muy sencilla, muy humilde”, comenta el ministro, de 1.75 metros de estatura y complexión robusta.

“A mí me gustaría morir aquí. Hasta tengo un nicho en la iglesia”, soltó al tiempo de abrir las puertas del lugar de la parroquia donde se guardan las urnas, de los cuales al menos seis están destinados a los pasionistas.

Ataviado orgulloso con su hábito negro, con broches en el cuello, sin alzacuellos, escudo negro con la cruz y un corazón blanco, el sacerdote de origen italiano se consideró “más chilango que el nopal”, aunque nunca aprendió a comer picante y, el tequila, “muy poquito”.

A paso lento pero firme, ofreció un recorrido por la parroquia que encabeza como superior y vicepárroco desde 1967; se trata del convento pasionista del Espíritu Santo y Mueve Corazones, ubicado en la colonia Escandón de la capital mexicana. El religioso, quien fue confesor en varias ocasiones de Girolamo Prigione, representante de El Vaticano y nuncio apostólico en México durante 19 años, asegura que nunca ha titubeado de su vocación como sacerdote, “al contrario, el único miedo era que me corrieran”, rió. Cuando tenía entre cinco y seis años, relató, un capuchino visitó su pueblo Arcene, localidad de la provincia de Bérgamo, en Italia, para ayudar a los seminaristas; entonces “le pregunté a mi mamá por ese hombre vestido con sotana, de barba. Me dijo que era un capuchino; desde entonces me impactó y me nació el deseo de ser como ellos”. A los ocho años y medio fue con los capuchinos a pedir que le aceptaran, pero “me dijeron que era demasiado chico, que esperara uno o dos años más”. “Así que fui con los dominicos, me aceptaron en ese momento, pero yo había cursado sólo tercer año de primaria, me pusieron en secundaria, no sabía nada, no entendía nada, no estudiaba nada, a final de año, me reprobaron y me corrieron, me mandaron a mi casa”, rememoró. Cursó el cuarto año de primaria en su pueblo y aunque fue de nuevo con los capuchinos, “me dijeron que naranjas, que si había ido con los dominicos y si no serví para ellos, tampoco para los capuchinos”. Por eso “regresé a mi tierra, en donde pasó un pasionista y le pedí entrar a su congregación. No me querían aceptar porque estuve con los dominicos”. Tuvo que esperar 15 días la decisión del superior, quien lo llamó y le dijo “arriba y adelante”… y ya son 86 años con los pasionistas, pues a los 12 entró a estudiar con ellos; fue a los 17 cuando profesó como religioso, y el pasado 25 de septiembre cumplió 80 años como tal.

Fuerte y de buen ánimo, detalló un día cotidiano: “Me levanto a las 5 de la mañana, me lavo, me afeito y me preparo para la misa.

“A las 5:45 vienen por mi las hermanas clarisas, me llevan a su convento en la colonia Del Valle; ellas mismas después me llevan a la Nápoles, con las Siervas de María, quienes asisten a enfermos”. De ahí es trasladado a la calle Mier y Pesado, en Tacubaya, a un asilo de ancianos. “Son las tres misas diarias”.

Luego va al Hospital de México, en la colonia Escandón, donde presta sus servicios de sacerdote desde hace 40 años para ver si hay bautizos o enfermos que necesiten y quieran oración. También responde a los llamados para asistir enfermos, bendecir alguna casa, confesar durante las misas y termina sus labores a las 22 horas.

Contó también que ha tenido tentaciones, como cualquier ser humano; “una vez una señorita vino a confesarse y antes de la confesión me dijo ¡qué bonitos ojos tiene padre! y yo me dije: Marianito, Marianito, ¡cuidadito! Nunca me hizo una propuesta, pero yo preventivamente me alejé. Y es que tengo que vivir y morir en gracia”. El padre Ambrosini reconoció que no es fácil practicar lo que se predica, y en ese marco aconsejó a los sacerdotes jóvenes “orar mucho, evitar demasiada familiaridad con mujeres y confiar en Dios”. Enfatizó que no está de acuerdo con que los sacerdotes se casen, como muchos han sugerido; “un sacerdote casado es un sacerdote a la mitad; porque si yo tengo familia, esposa e hijos, y si se enferma un hijo no podría atender a un moribundo que me necesite. Y cuando un hombre es casado, su prioridad debe ser su familia”.El padre cumple 98 años hoy día 15: “Sería el 14 de diciembre en México, por la diferencia horaria de siete horas, es decir, a las 09:30 de la noche en punto del 14 cumplo 98, porque nací a las 4:30 de la madrugada”.

Además el 23 de diciembre cumplirá 74 años de sacerdocio y el pasado 25 de septiembre cumplió 80 años de religioso.Refirió que en su familia fueron siete hermanos, “yo soy el quinto… no hay quinto malo”; de ellos, dos son monjas de clausura y una de vida activa, otros tres se casaron. “Sólo quedamos yo y la más chica; ella es viuda, está en Italia, en un asilo de ancianos. Tiene 90 años”.De hecho visitó a su hermana en mayo de este año, “fui yo a Italia. El año próximo no se si podré ir, por las rodillas; me he caído varias veces y me duelen un poquito”, pero fuera de eso “no me duele nada”.

En sus propias palabras

Padre Mariano Ambrosini

“No es fácil practicar lo que se predica y por ello los sacerdotes jóvenes deben orar mucho, evitar demasiada familiaridad con mujeres y confiar en Dios”.

“No estoy de acuerdo con que los sacerdotes se casen, como muchos han sugerido; un sacerdote casado es un sacerdote a la mitad”.

“En mi familia fuimos siete hermanos, yo soy el quinto… no hay quinto malo; dos son monjas de clausura y una de vida activa, y los otros tres contrajeron matrimonio”.




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