Cautivos del tiempo

El Barrio de los Sapos, ícono de lo antiguo en Puebla

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A la izquierda, uno de los locales del Barrio de los Sapos que ofrece muebles antiguos. Abajo, un oferente de monedas en desuso
Arriba, otra muestra de la mercancía que se ofrece en el Barrio de los Sapos, como botes de leche, jaulas, percheros o cantimploras. A la derecha un puesto de cámaras, teléfonos y radios


PUEBLA (Notimex).- La ciudad de Puebla posee un sinfín de sitios que sorprenden a sus pobladores y visitantes, pero la rutina de recorrer a diario sus calles puede obligar a los peatones a no admirar la belleza de zonas como el Barrio de los Sapos, ícono de antigüedades y compra-venta de objetos fuera de lo ordinario.

Este barrio se localiza en el primer cuadro de la ciudad: comienza en la avenida 7 Oriente y 4 Sur y se prolonga a la calle 3 Oriente y Bulevar 5 de Mayo, donde también se pueden encontrar locales que ofertan muebles rústicos, restaurantes, cafeterías, y pequeños hoteles, sin faltar los negocios que venden y compran artículos antiguos.

El secretario de la Agrupación de Locatarios “Adolfo López Mateos”, Samuel Tabares Melgarejo, originario del barrio, relata cómo este espacio se ha transformado poco a poco con el paso del tiempo, donde antes de la década de los 60 llegaban los alfareros, albañiles y de cualquier otro oficio.Desde las 6 de la mañana se colocaban para ofrecer su mano de obra y, a las 8 de la mañana, ya estaba limpia la plazuela, porque la gente ya se había colocado para trabajar. A mediodía, la vida continuaba con el ir y venir de los vecinos, ya que las viejas casonas en este barrio, albergaban por lo menos a 60 familias en cada uno de los inmuebles, donde las señoras barrían las entradas, otras más salían por el mandado y los niños arrastraban sus viejos carritos de madera en la plazuela.Por las noches no había descanso, ya que la bohemia iniciaba con la presencia de mariachis, tríos y cualquier tipo de músico que se apostaba para ser contratado por las parejas de enamorados o algún hombre dolido por una mujer, dispuesto a ahogar su pena entre las notas de las cuerdas de guitarras.Cerca de 1970, debido a la romería que se armaba en Los Sapos, donde también se ubicaba el famoso restaurante café “El Taquito”, o el “Guadalajara de Noche”, los músicos comenzaron a proliferar y asentarse en el Alto, llamado hoy Garibaldi.Tabares Melgarejo recuerda cómo la vida del barrio cambió con la llegada de los bares como “Los Alambiques”, de los hermanos Orea, ya que a causa al ruido de la música y por la falta de estacionamiento, la gente comenzó a disiparse, ambiente que hoy nuevamente quiere retomarse.En Los Sapos, también se localiza la cantina “La Pasita”, que antes se llamaba “La Guadalupana” y era una tienda de abarrotes donde se reunían varios amigos del propietario, Emilio Contreras Ovando. Debido al buen carácter que éste tenía se hizo de muchos amigos, a quienes les ofrecía una bebida rústica hecha a base de uva y alcohol, hoy conocida como “La Pasita”.

Fue en 1975 cuando comenzó a convertirse en un polo de desarrollo con la instalación de puestos que ofrecen antigüedades y artículos viejos.

Melgarejo detalló que lo antiguo se caracteriza de 100 años de viejo o más, mientras que lo viejo es de 10 a 80 años. Lo moderno es lo que no tiene más de 10 años.

El iniciador de esto fue el señor Salvador Macías, quien tenía el lugar más soberbio de antigüedades en toda la ciudad de Puebla, con piezas que eran réplicas de las originales, por ello, se le consideraba como “el rey de la réplica”.

Fue durante la administración del doctor Alfredo Toxqui, cuando se impulsó que se cerrara la calle a los vehículos y permitiera que los vecinos se colocaran afuera de las casonas y dar inicio así al gran bazar de reliquias.

Ello le valió ser visitado por el entonces conductor de televisión Raúl Velasco, logrando así llevar a nivel nacional las imágenes de este barrio.

Más sagaz

“Mi hermano Carlos y yo trabajábamos sacando y metiendo piezas de las bodegas a los puestos. También raspábamos y lijábamos los viejos muebles, pero mi hermano siempre fue más sagaz y eso permitió que poco a poco instaláramos nuestro propio puesto”, relató.

“Entonces nos dedicamos a la compra-venta de viejos artículos e identificando cuáles eran de estilo colonial, porfiriano, barroco, o de otro estilo, incluso a identificar qué artículos podrían servir y cuales no”.

Después del parque de conservación de vida silvestre Africam Safari, fue el Barrio de Los Sapos, el segundo polo turístico en Puebla.

Fue así que comenzaron a llegar personalidades al Barrio, tales como el cantante Juan Gabriel, o las actrices María Félix e Irma Serrano, pero también figuras políticas como Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, por mencionar sólo algunos. Los extranjeros también han visitado este extraordinario espacio, pero ellos se llevan nichos, viejos botes de leche, arados, herraduras, imágenes de santos que están arruinados para permanecer en algún templo.Las antigüedades eran obtenidas de municipios del interior del estado, donde entonces se conseguían muebles en sabino, escaños, bebederos grandes, carretas, casas de cajón, trastiendas y mostradores. A la semana lograban sacar a la venta cinco camiones cargados de objetos.Debido al auge de las antigüedades, surgió el mueble rústico, porque los empresarios Teodoro Morales y Carlos Orea iniciaron la moda de este tipo de mueble.En 1979 se registró un sismo que provocó importantes daños materiales en Ciudad Serdán, muchos de los propietarios de los bazares de antigüedades obtuvieron muebles viejos, ventanas y puertas de esas ruinas.Carlos Orea, con su visión que le caracterizaba, cuando no vendía por decir algunas puertas, las arreglaba y si a una puerta le faltaba una hoja, la convertía en una mesa, o un mueble arruinado lo transformaba en un porta trastes.Entonces así empezó el mueble rústico, con copias de los originales, el auge de este tipo de mueble fue de 1980 a finales de 1997.Bares como “Los Alambiques”, “La Bóveda”, “La Batalla”, “La Bella Elena” y otros, proliferaron en 1997, por lo que se degradó mucho la zona.El alto consumo de alcohol, la falta de seguridad, e incluso la venta de droga, provocó que la gente abandonara el sitio y poco a poco muriera la fiesta nocturna.Actualmente, los cerca de 200 locatarios trabajan unidos por rescatar la actividad en este tradicional barrio de la capital poblana, pues es ésta su única fuente de ingreso.La mayoría de los propietarios de estos inmuebles, les rentan los espacios, mientras ellos radican en otros sitios, incluso, otros sólo reciben sus rentas mientras viven en Nueva York.Las actuales administraciones, estatal y municipal, implementaron un programa de rescate, limpiaron y pintaron las fachadas de las casas y comercios, ya que la hermosura de sus balcones se había perdido por el abandono en que los mantenían sus propietarios. También lograron un reordenamiento de los vendedores.”Hoy la gente compra diferente, incluso la demanda es diferente, pues tan sólo llevo más de un año que no salgo a recorrer los pueblos en busca de mercancía, la gente ya no compra como antes”, mencionó el locatario Samuel Tabares.”Nada de los objetos que tengo es por encargo, porque es muy difícil sacarlas a la venta, ya que los clientes son muy diferentes en gustos”, dijo. Recordó que el artículo más raro que vendió fue un retablo colonial hecho en pintura vegetal que vendió hace 30 años, una pieza exclusiva que la persona que hoy la posee sacó varias copias para vender.La gente que vive en Los Sapos es gente de trabajo, de lucha, de solidaridad y mucha fiesta.Este año esperan celebrar en grande la fiesta patronal en honor a San Jerónimo, una fiesta que realizan desde hace 11 años, ya que parroquialmente el barrio pertenece a la parroquia de Analco.El 30 de septiembre se celebra a San Jerónimo, su santo patrono, al cual veneran porque hizo la traducción de La Biblia al latín, de manera que el pueblo entendiera las Santas Escrituras, y a quien los fieles le rezan para que lleve a las almas en pena al descanso eterno.Las autoridades municipales prevén darle más vida a este barrio, con la ampliación de más calles peatonales, y así lograr que aumente el número de visitantes los sábados y domingos, días en que se coloca la mayor parte de vendedores de antigüedades, aunque el comercio permanece toda la semana.Los visitantes a esta ciudad podrán apreciar desde antigüedades hasta objetos curiosos como cartas de un enamorado dirigidas a su amada, viejos artículos coleccionables de una marca refresquera.Así como muñecas de porcelana, lámparas y candiles, charolas de viejas marcas de cerveza, o figuras en corcho, por mencionar sólo algunos extraños objetos.




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