Voces del público: Despojos e imposiciones

En 1858 Yucatán sufrió la separación y escisión, por motivos políticos, del territorio que hoy ocupa el hermano estado de Campeche. Cerca de 51,000 kilómetros cuadrados.

En el año de 1902 Yucatán volvería a perder otra parte de su territorio, aproximadamente más de 50,000 kilómetros cuadrados, ello con la creación, durante el gobierno de Porfirio Díaz, del antiguo Territorio de Quintana Roo. No está de más recordar que el Tratado de Límites entre México y Guatemala de 1823 le quitó a Yucatán el Petén, y el celebrado con Inglaterra en 1892 legitimó a Belice.

Con tales cercenamientos territoriales, resulta obvio que la memoria histórica de los yucatecos no pueda estar congratulada con los gobiernos del centro. Hubo, hasta hoy día, un sentimiento de disgusto y rechazo a toda intervención del gobierno federal en los asuntos del Estado. Ninguno de los yucatecos olvidamos que las mejores tierras y riquezas naturales, la costa oriental de Yucatán, incluyendo sus islas, quedaron comprendidas en los territorios escindidos, dejándonos apenas 38,508 kilómetros cuadrados de tierra árida y pedregosa. Ante estos golpes definitivos que han contribuido determinantemente en nuestras dificultades económicas, podríamos sentar que el contexto de la nación Yucatán debiera denominarse “hermanastra” de la República.

Los campesinos estaban sujetos a la voluntad del hacendado y por medio de las cuentas de raya se obligaba a los indios a servir a sus amos por toda la vida. Cierto que al comienzo del siglo anterior había bonanza y hasta riqueza en Yucatán, pero de lo anterior únicamente ran usufructuarios los prominentes miembros de la seudo-aristocracia, oligarquía dominante a la que habría de denominar Salvador Alvarado como “La Casta Divina”.

Y si hablamos del renglón económico, no podemos dejar de mencionar que varios de los gobernantes yucatecos del siglo pasado nos fueron impuestos por el centro. Olegario Molina Solís, nacido en Bolonchén, del hoy estado de Campeche; José María Pino Suárez, tabasqueño; Salvador Alvarado, sinaloense; Tomás Garrido Canabal, tabasqueño; en septiembre de 1951 el presidente Miguel Alemán impuso como candidato al gobierno de Yucatán a Tomás Marentes Miranda, nacido en Tenabo, Campeche.

Ante esta imposición, el gobernador José González Beytia renunció al cargo y el Congreso designó como interino a Humberto Esquivel Medina. Luego vino Víctor Cervera Pacheco. Marentes,ante el repudio popular sólo tardaría año y medio en la gubernatura, siendo sustituido por el Profr. Víctor Mena Palomo para concluir el sexenio 1952-1958. Otro gobernador depuesto lo fue el general Graciliano Alpuche Pinzón, quien aunque electo para el ejercicio de 1982 a 1988, se vio forzado a solicitar licencia al Congreso Local, el cual designó en su lugar a Víctor Cervera Pacheco. El sucesor de Cervera Pacheco sería el licenciado Víctor Manzanilla Schaffer, para el sexenio 1988-2004. En febrero de 2001 solicitó licencia para dejar el cargo y entró como interina la entonces senadora Dulce María Sauri Riancho.

Dos meses antes de concluir su gestión, ésta solicitó licencia y el Congreso designó como interino a Ricardo Ávila Heredia. Así se ha escrito y vivido la historia económica y política de Yucatán.

—Lic. Noé Góngora Navarrete
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Mérida, Yucatán




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