Voces del público: Casa que nunca pierde

Casa que nunca pierde
Un sitio donde la casa nunca pierde es el casino. La constante en los casinos es mucha gente perdiendo todo, poca ganando poco. Muchos jugadores afirman que no se debe jugar sin llamar a la suerte, porque eso abollaría la autoestima de cualquiera. Muchos ludópatas niegan ser supersticiosos, pero también dicen que cuando cuando se apuestan 4 mil pesos cada semana hay que pedir ayuda divina.

Casi todos los jugadores entran con buena actitud al casino pero al día siguiente estarán de un humor terrible: no sólo les incomoda que alguien no tenga un rito para la fortuna, sino que ese alguien se siente junto a ellos, porque, dicen, la mala suerte es como la gripa: contagiosa y duradera. Cuando alguien se sienta junto a ellos la dan por sacar de su bolsa una estampa con la figura de San Cono, que es el santo de los apostadores.
Afuera de las paredes del casino los apostadores perdedores —casi todos— parecerán dementes rezándole a unos botones luminosos, pero aquí, como en cualquier casino, esos es tan común como fumar.

En los casinos hay dos clases de clientes: los que no merecen un apodo y los que se los ganan a billetazos. Los primeros son los “pobretones”, novatos que pagan 100 pesos para echar un vistazo a un mundo desconocido o los que apuestan menos de mil pesos una vez a la semana.En los casinos el respeto se gana, pero a diferencia de otros lugares no se obtiene ganando, sino gastando.— Noé Góngora Navarrete, [email protected], Mérida, Yucatán

“Bullying” desde kínder
¿Quién no sufrió “bullying” en la escuela? El “bullying” es el acto de hacer violencia; pero hay que dejar en claro que esto comienza desde preescolar, en algunos status sociales. Sin embargo, cuando llegan a la primaria, como dice el dicho “Dios los hace el diablo los junta”, se juntan los malos amigos para lastimar, humillar, burlarse de palabras o apodos o el “qué me ves” sólo por el mero hecho de caerles mal al niño o niña que ha crecido de diferente forma. Lo agarran de “ponch” cuando están solos o a la salida de la escuela; es imperativo aclarar que esos grupos de menores que hacen ese “bullying” el día de mañana serán tal vez futuros criminales; es preciso castigarlos con encierros preventivos para evaluar sus hábitos familiares y sociales, porque de allí provienen sus razones, de familias coartadas estructuralmente.—Jorge Borges Loría, [email protected],Mérida, Yucatán




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