Voces del público

 

Prepotentes y groseros

Quiero hacer manifiesta una denuncia contra “servidores públicos” que creen que por llevar uniforme pueden tratarnos con prepotencia y grosería. El miércoles 27 de junio, a las 15:30 horas, se suscitó un accidente cerca del parque de Itzimná (del cual el Diario informó). Una señora se pasó el alto, siguió de largo y se impactó con una combi del transporte público (ruta Itzimná-Águilas) que a su vez chocó contra un poste; la combi iba llena (entre 12 y 13 pasajeros), la mayoría terminó en el suelo; por supuesto que además de asustadísimos y con golpes fuertes en todo el cuerpo, quienes viajaban junto a las ventanas estrellaron la cabeza contra éstas; hubo raspones, cortadas, dificultad para respirar de algunas pasajeras y sangre de una joven que se abrió cerca de la ceja. Como pudimos nos ayudamos entre todos y nos quedamos adentro de la combi tratando de calmarnos y de recuperar el aire.

Al poco rato llegó un policía que preguntó si había lesionados; le contesté que todos estábamos bastante golpeados y que había alguien con sangre. Llegó la patrulla placas YZ-65722.

El oficial dijo que llamaría a los paramédicos; los pasajeros nos quedamos en el lugar, aturdidos, y empezamos a resentir el impacto; necesitábamos ser revisados. Después de mucho esperar llegó la ambulancia y nos bajamos de la combi, con excepción de dos pasajeras que prefirieron quedarse para ser revisadas ahí.

Los paramédicos las revisaron y cuando terminaron, sin mirarnos a los demás iniciaron la retirada. Pensé que irían a buscar algún instrumento médico, pero no, se subieron sin siquiera voltear o preguntar por otros lesionados.

Al darme cuenta de esto me acerqué a uno de los policías y le pedí que les avisara que aún habíamos pasajeros esperando ser revisados, pero de una forma prepotente y grosera me gritó: “¡Dígaselo usted! ¡Usted es la que está herida no yo!”.

Le contesté que es un servidor público y que su responsabilidad era apoyarnos, pero siguió gritándome que él no es quien tiene que hacerlo, que yo soy la interesada… le repetí que ahí la autoridad era él y que le tocaba hacerlo. Se acercó otro de los policías y con la misma actitud prepotente me dijo que todos estábamos bien, que sólo había una lesionada (la que tenía sangre).

El nombre de uno de los policías es Alberto Tun.

¿Cómo es posible tener a estos elementos nefastos como servidores públicos? ¿Quién les hizo creer que por llevar un uniforme y andar en un vehículo oficial nos pueden faltar al respeto? ¿Acaso se necesita estar medio muerto y desangrándose para ser atendido como lesionado?

Entre toda esta discusión le hice señas al paramédico y le dije que aún habíamos más pasajeros y que necesitábamos ser revisados, que por qué se estaban yendo… Sólo sonrió.

Al escuchar esto, un tercer policía me dijo: “Les pregunté si había lesionados”, y yo le recordé que le había dicho que estábamos “muy golpeados”. Me queda claro que para él eso no son lesiones.

¿Quién selecciona al personal? ¿No les da capacitación e información? ¿Y su ética profesional?, digo, si es que alguna vez la tuvieron. ¿Cuántas veces habrán actuado así? ¿Por qué les permiten esto sus jefes?

Queda claro que el policía Alberto Tun y sus dos compañeros hacen todo ¡menos servir al público!

Si alguna vez usted se encuentra en problemas y se acerca la patrulla placas YZ-65722 de la policía estatal o lee en el uniforme el nombre Alberto Tun, no espere que le ayuden en nada…, al fin que no es su trabajo. -Hilda Pérez Chávez; [email protected]; Mérida , Yucatán

Injusticia

El 5 de junio me dirigía a mi casa cuando un motociclista de la SSP me detuvo en el Paseo de Montejo. Me extrañó ya que mi vehículo placas YZJ-27-01 está al corriente y usaba el cinturón de seguridad.

El agente me dijo: “Cuando lo detuve no tenía puesto el cinturón de seguridad”, y le contesté: “Agente, usted está viendo que sí. No quiero discutir porque reconozco que es una autoridad, pero por favor tome en cuenta mis derechos”.

“Deme su licencia y su tarjeta de circulación”, me ordenó. Se los entregué y le pregunté: “¿Ahora qué sigue?”. “Lo multaré”, me contestó. ¡Pobres ciudadanos! ¿No será esta injusticia un desvío de recursos? -Guido Augusto Pérez Peniche; Mérida, Yucatán


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