Voces del público

Combate eficaz

Con reiterada frecuencia se ha dicho que la prostitución es la “profesión” más antigua del mundo. Y aunque les duela a ciertos tradicionalistas y timoratos que pretenden tapar el sol con un dedo, tendremos que admitir que existe mucho de verdad en tal aseveración. Nace en los tiempos primitivos; subsiste a través de las centurias cavernarias y desemboca en el llamado mundo civilizado de ayer y de hoy, alcanzando, eso sí, grados más altos de refinamiento al ritmo de la evolución o involución de las costumbres. Estando ligada fatalmente la prostitución al desahogo de una urgencia imperativa, por ello se explica su universalidad y hasta cierto punto la imposibilidad de ser erradicada de las sociedades humanas.

Hay una tendencia a encontrar calidad prostituible sólo en el sexo femenino. Pero en justicia, la semántica y aún la noción intrínseca y ética del vocablo abarcan por igual a hombres y mujeres. Si bien es cierto que la costumbre sólo da categoría comercial al oficio comercial de ramera, a la luz de este criterio, un acto de prostitución cometido por persona del sexo femenino arruina a los ojos de la sociedad su honra y su prestigio, en tanto que no afecta en nada la comisión de un acto análogo.

Se ha pretendido que al acabar con las reglamentaciones de la prostitución y cerrar burdeles que funcionan en las urbes de mayor desarrollo económico se acabará con la prostitución, pero lo cierto es que en vez de extinguir el ejercicio, han exacerbado su auge y apuntalado el morbo masivo.

Lo cierto es que para combatir la prostitución tiene que participar la pluralidad de los elementos que integran la comunidad. Para combatir con eficacia la prostitución, antes hay que hacerlo con el lenocinio. ¿Cuantos “moteles” dedicados a la prostitución existen en Mérida y zonas conurbadas? ¿No saben las autoridades de la existencia los moteles que funcionan en los distintos rumbos de la ciudad? ¿A quién pagarán los lenones para seguir teniendo sus “negocios” florecientes? ¡Averígüélo? -Lic. Nóe Góngora Navarrete; [email protected]; Mérida, Yucatán




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