Una “estatua” llena de vida

Lo que impulsa a Ulises a esta dura labor es casarse

Ulises Arano Padía, estatua humana, en un descanso que toma para aliviar el peso de las alas en la espalda

Una gran fuerza física es la que se requiere para permanecer más de una hora inmóvil sobre una caja, aunque te pique la nariz, aunque se te entuman las piernas, así es el trabajo de Ulises Arano Padía como estatua humana, una representación urbana donde permanece inmóvil durante largos períodos de tiempo.

Ulises, de 29 años, se coloca todos los días en las calles del Centro, principalmente en el pasillo que se encuentra a un costado del “Parque Eulogio Rosado”, de 9 de la mañana y hasta las 6 de la tarde.

Pero más que fuerza física lo que lo motiva para que todos los días se coloque en las calles es el amor que le tiene a su novia, ya que, dice, está juntando el dinero suficiente para casarse.

Ulises lleva seis meses dedicándose a esta labor, la cual considera que es un arte y lo realiza muy alegre.

“Me gusta cómo los niños me sonríen y cómo las personas se quedan apreciando lo que hago”, expresó.

“Para realizar este ‘arte’ se necesita práctica y grandes dosis de paciencia y equilibrio físico”, enfatiza.

Ulises se considera un verdadero artista del disfraz; invierte horas improvisando un escenario creíble y creando el maquillaje para representar la idea y los conceptos que quiere transmitir, entregando toda su pasión para exhibir su trabajo.

Aunque afirma que a veces es difícil ya que las alas que usa pesan más de 10 kilogramos, por lo que tiene que tomar descansos de cinco minutos para seguir trabajando.

Originario de Veracruz, decidió aventurarse a conocer nuevos lugares y a la edad de 20 años se dirigió a Cancún, donde conoció a su actual pareja; debido a la inseguridad que vivían decidieron venir a la “tranquila” Mérida.

“Al principio fue duro -dice- ya que no encontraba trabajo por ningún lado, nadie me echaba la mano para chambear en lo que sea, así que decidí aventarme a realizar esta actividad”.

Comenta que en Cancún observó que una persona lo hacía y le gustó, y de ahí le nació la idea de hacerlo aquí.

“Es sólo agarrarle la maña, no se necesita de ninguna técnica especial”, expresa.

Afirma que cuando le va bien llega a ganar 200 pesos, aunque indica que tuvo que pagar derecho de piso para instalarse en las calles.

Para Ulises, aunque tenga dolores en la espalda por cargar mucho tiempo las pesadas alas y estar varias horas con la cara maquillada de blanco, todo vale la pena para darle el sueño a su compañera de casarse, “aunque sea una boda pequeña, humilde, lo importante es que ella esté feliz y que yo pueda darle esa felicidad”, manifiesta, mientras se quita las alas y el traje blanco que tiene para tomar un descanso, comer y aliviar un poco los hombros.

“Estar trabajando en la calle es complicado, no es seguro que ganes dinero y corres el riesgo de que te saquen los inspectores de Mercados, pero hay que hacer todo lo posible. No hay muchas oportunidades y menos para los pobres. Soy estatua, pero estoy vivo”, afirma.

Por lapsos de tiempo rompe su representación e interactúa con el público, sobre todo con los pequeños que se acercan y él amablemente les obsequia un dulce.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

Estatua humana

Las reacciones del público son diversas: muchos necesitan tocar al actor para saber si es un maniquí, si están hechos de algún material o si es realmente una persona; otros intentan buscar el contacto con los ojos, se detienen fijamente a mirar la estatua y le hacen gestos y guiños para ver si consiguen que el actor se mueva; otros, sencillamente, no lo entienden y pasan de largo, indiferentes. Esos son los menos.

Origen

Las estatuas humanas tienen su origen en el teatro callejero y a lo largo de la historia hay muchas manifestaciones de esta expresión artística. Se piensa que puede remontarse a una práctica de la antigua Grecia, utilizada para espiar al enemigo.




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