Un amor “para siempre”

Luego de 22 años, unirán sus vidas con lazo religioso

"Siempre hemos necesitado una lavadora o una estufa y me gustaría una foto enmarcada de nuestra boda", dice Francisca, quien pronto se casará por la Iglesia con Francisco, su pareja

A Francisco Pool la vida le ha dado segundas oportunidades. Papá soltero de tres hijos, pues su mujer los abandonó cuando el mayor tenía 10 años y la menor, seis meses. Volvió a Temozón después de dos años y conoció a quien es su pareja hasta la fecha y con la que este domingo 8 de diciembre se casará por la Iglesia.

Un día, caminando en el pueblo, vio a Francisca. “Me gustó su cara, así que la seguí para ver dónde vivía… Luego, con el pretexto de ir a comprar carne de venado (los hermanos de ella eran cazadores) empecé a ir seguido a su casa”, cuenta sonriente.

Eso fue hace más de 22 años y él visitaba la casa de Francisca hasta cuando ella no estaba, para “ganarse” a la familia, en especial a la suegra. El esfuerzo no fue suficiente, así que un día le dijo a su novia “Deja a la vieja en su casa y vámonos”; ella escapó y se casaron en el Registro Civil.

Seguirlo ha sido una constante en la vida de Francisca. Fue tras él cuando no había otra manera de estar juntos, y ha sido su sombra en hospitales y terapias desde hace dos años, cuando el cáncer de próstata y un tumor en el cuello comenzaron a manifestarse.

Después de un vía crucis que incluyó muchas vueltas a hospitales, estudios, consultas privadas y medicamentos que le costaron tener que empeñar sus alhajas y las escrituras de un terreno, hace dos meses conocieron el Albergue Buena Voluntad. La pareja llegó a un territorio desconocido: hasta ese momento, de Mérida sólo conocían el Hospital O’Horán, donde él estuvo internado un mes, y sus alrededores.

Cuando Francisco fue transferido al Hospital Regional de Alta Especialidad, en Altabrisa, para ellos fue trasladarse a una nueva ciudad, pero en el albergue encontraron un hogar que los acogió y en el que han aguantado las molestias de la radioterapia y los dolores de él, la incertidumbre y la ausencia de sus seis hijos, que se quedaron al cuidado de una tía en el pueblo.

Pero en el albergue también encontraron la oportunidad de cumplir un sueño: casarse por la Iglesia. Siempre quisieron hacerlo, pero él no ganaba lo suficiente cosechando maíz, y a raíz de su enfermedad dejó de ir a la milpa, por lo que ella entró a trabajar a una tortillería donde le pagaban $50 diario por lavar nixtamal.

“Nunca nos alcanzó el dinero para hacer una misa y algo sencillo, pero al llegar acá mucha gente nos ha ayudado… todavía hay personas buenas”, dice Francisca.

Las integrantes del patronato del albergue supieron del deseo de la pareja y han organizado casi todo: el vestido de novia y el traje de él lo consiguieron en el bazar que se realiza a beneficio del propio albergue, y traerán a sus seis hijos para el enlace; además, les donarán el pastel de bodas y los anillos.

A sus 54 y 42 años, respectivamente, “Don Panchito” y “Doña Panchita”, como los conocen en Buena Voluntad, los preparativos los emocionan como a cualquier pareja. Él no la ha visto con el vestido, “es de mala suerte, qué tal que se arrepiente”, opina ella. Él está de buen ánimo, bromea con los demás huéspedes acerca de la boda (“Ella está joven y hay que cuidarla, no me la vaya a robar otro cab…”, dice) y, sobre todo, tiene un motivo para aguantar los tratamientos y los consiguientes malestares. “Todos los días le pido a la Virgen que me mantenga con vida y salud ahora que me voy a casar”.

“No por nada -dice Panchita- él es el más emocionado con la boda”.Han recibido tanto de la gente, que dice ella que no se atreven a pedir algún regalo. Después de mucho insistirle, cede en voz baja: “Bueno, siempre hemos necesitado una lavadora o una estufa”, y finalmente admite “y me gustaría una foto enmarcada de nuestra boda”.El albergue Buena Voluntad se alista desde hace días para el enlace; sólo faltan una Biblia, una vela y un Rosario. La pareja no ha pedido nada en particular, ni siquiera sabe si habrá comida especial ese día y lo único que quiere es casarse ya y tener a sus hijos cuando entren a la capilla del lugar.Francisco y Francisca han sorteado dificultades económicas, familiares y de salud que no los han desanimado, y todavía creen en el matrimonio, la familia y el amor para siempre, aunque no sepan, en su caso, cuánto durará ese “para siempre”.- AMY BELINDA QUINTAL MARTINEZ

De un vistazo

Ubicación del albergue

En el fraccionamiento Altabrisa, a espaldas del Hospital de Alta Especialidad.

La boda

Será este domingo 8 en la capilla del Albergue Buena Voluntad. Si deseas colaborar con algo, comunícate a los teléfonos 923-1226 y 944-4333.

Detalles

Su hijo Eduardo, de 19 años, entregará a Francisca en el altar. Estudiante de Ingeniería Industrial en el Tecnológico de Valladolid, él dejó la escuela recientemente por falta de recursos económicos. Francisca desea un ramo de rosas de diferentes colores, para después ofrecérselo a la Virgen.

Necesidades

De mayo a noviembre, el albergue ha servido 11,982 comidas y atendido a 6,176 personas. Los gastos más fuertes son en pollo, verduras y legumbres, huevo y condimentos. El albergue entrega recibos deducibles de impuestos para quien lo solicite.




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