Tradiciones vivas de Santa Elena

La ceremonia del Koché obliga a no casarse en un año

Sobre estas líneas, vecinos de Santa Elena sirven el relleno negro para los invitados tras la salida de los gremios de la fiesta del Santo Cristo del Amor. A la izquierda, los voladores no sólo llaman a los eventos religiosos, sino también a los banquetes que ofrecen las familias

Si bien Santa Elena cuenta con importantes centros arqueológicos y edificios coloniales, la mayor riqueza se encuentra en sus habitantes, quienes mantienen vivas tradiciones prehispánicas adaptadas al mestizaje.

El vecino de Santa Elena es cordial y recibe a los visitantes orgullosos de mostrarle la riqueza histórica de su municipio, contarle sus costumbres, leyendas, relatos e invitarlo a probar su inigualable gastronomía, sea sentado en el interior de su casa o a la sombra de los frondosos árboles en sus limpios y aplanados patios.

Esta comunidad yucateca es una de las dos únicas en la entidad donde se celebra el baile del pavo o degollamiento del pavo (Kotz Kal Tzo), una verdadera fiesta del pueblo maya. La otra es Xocempich, comisaría de Dzitás. Consiste en un baile en el que participan hombres cargando pavos y que al ritmo de la jarana van torciéndole el cuello y desplumándolos.

Del 10 al 24 de enero se celebra la fiesta en honor al Santo Cristo del Amor y el 17 de mayo, la de los Santos Reyes de San Mateo.

Santa Elena se ubica a unos 110 kilómetros de Mérida y a 15 kilómetros al sureste de la zona arqueológica de Uxmal.

Antiguos moradores

Hay pruebas de que el sitio donde se ubica el pueblo fue asiento, antes de la conquista de Yucatán, de un poblado indígena maya llamado Nohcacab (la gran villa) y perteneció al cacicazgo de Tutul Xiu.

Poco se sabe, sin embargo, de sus antiguos moradores ya que a la llegada de los europeos en el siglo XVI el lugar y la zona habían sido abandonados. Después de la conquista se estableció el régimen de las encomiendas y en 1627 se tiene registrada la primera en ese lugar.

Se le reconoce como Santa Elena desde 1848, después de la independencia de Yucatán, pasó a formar parte del partido de Ticul y se erigió como cabecera del municipio homónimo en 1918.

Iglesia colonial

Hay también un templo en honor de San Mateo, construido en el siglo XVIII (1779) sobre un montículo prehispánico en el centro del pueblo.

Viajeros y exploradores de finales del siglo XVIII, durante su estancia por la región, residieron por un tiempo en los cuartos anexos en la sacristía de la iglesia donde participaron como observadores de las costumbres de la población, asistiendo a velorios y entierros que ocurrieron durante su estancia, entre ellos J.L Stephens y Desiré Charnay.

El primero describe en una de sus obras que junto al convento y pegado a la iglesia había un gran osario con una hilera de calaveras al andén de los muros y encima del pilar que servía de apoyo a la pared de la escalera había una oquedad llena de huesos. La cruz estaba también coronada de calaveras.

Muros adentro había una mezcla de huesos y calaveras de algunos metros de profundidad.

El segundo describe que el pueblo de Santa Elena presenta a su imaginación una visión del pasado y que le parecía estar viendo una antigua aldea maya.

A pesar de que en la actualidad predominan las casas de mampostería, muchas de ellas cuentan a su lado con chozas mayas como habitaciones de sus casas y sus patios son amplios, limpios con frondosos árboles y perros, cerdos, pavos y gallinas deambulando entre ellos, los cuales sirven de recintos festivos en sus celebraciones.

Festividades

En estos días se celebra la fiesta al Santo Cristo del Amor y en ella participan más de 10 gremios.

En las festividades se pueden ver el Baile de la Cabeza de Cochino por toda la población y concurridas vaquerías por las noches, sin faltar los tradicionales banquetes comunitarios en los que se llegan a matar más de 100 pavos y 10 cerdos para preparar en diversos guisos entre los que destaca el tradicional relleno negro, poc chuc, frijol con chicharra, frijol con puerco y cochinita pibil .

Rito peculiar

Durante estas fiestas tiene lugar un ritual que se llama Koché, en el que cuatro muchachas sentadas en sillas sobre una plataforma de madera y ataviadas con vestuario regional son llevadas en andas por los varones de la comunidad.

El arqueólogo José Guadalupe Huchim Herrera explica que esta ceremonia tiene sus orígenes en la época prehispánica, cuando los señores del Mayab eran trasladados de manera similar en plataformas.

“El grupo sale de la casa que el año pasado recibió a las muchachas y cuya casa tuvo a su cargo un baúl en cuyo interior se encuentran diversas reliquias de la población, como joyas y prendas de vestir, así como una lista donde se asientan los nombres de quienes colaboran para que la celebración se lleve al cabo”, explicó el arqueólogo.

“Lo curioso y emotivo de esto es las muchachas que participan en este ritual se tienen que comprometer a no casarse durante ese año que son custodias, ellas son seleccionadas entre los propietarios de las casas salientes y entrantes, generalmente son familiares”, agregó.

Victoria Mariel May Canché es una joven de la población que ha subido en tres ocasiones al Koché, sonriente platica con orgullo sus experiencias y recuerda que no todo es sencillo, pues ha habido ocasiones en que el Koché se cae, debido a que quienes lo cargan lo hacen ya pasados de copas.

“Antes las muchachas llevábamos en el Koché botellas de licor para darle a quienes lo cargaban, pero ahora se cuida que quienes lo hagan no estén tomados para que no ocurran accidentes”, señala.- Luis Alpuche Escalante

Poblado | Amistad

Este año, la ceremonia del Koché se realizó la noche del sábado 18 pasado.

Recibimiento

“Aquí somos muy amables, compartimos nuestras fiestas y comidas con los visitantes, nos gusta que vengan, y hasta les damos una ollita para que les lleven a sus familias”, comenta sonriendo la vecina Nubia María Amor Keb Cetina.

Banquetes

Ejemplifica que en la casa de sus vecinos, María Rebeca Mul May y José Samuel Magaña Koyoc, entró el gremio un martes de la semana pasada por la noche y se sirvieron panuchos, tostadas y salbutes después del rezo; al día siguiente desde las cuatro de la mañana se comenzaron a matar cinco pavos y tres cochinos, así que al mediodía se sirvió frijol con chicharra e higadilla, entre otros platillos, y en la noche, después del rosario, arroz con leche y espaguetti.

A la salida

“El jueves de la semana pasada comimos relleno negro y la cochinita de los animales que se mataron un día antes y el viernes a la salida del gremio se repartieron tacos de cochinita pibil. Dos horas después se sirvió el frijol con puerco”, señaló con entusiasmo la vecina de Santa Elena.




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