Sastres con mucha pasión

Sastres con mucha pasión

Toda una filosofía de vida de dos veteranos colegas

Al fondo, Jorge Hoil Gómez, sastre y dueño de una sastrería en el Centro. Adelante, su compañero, "El Capo"

Jorge Hoil Gómez, de 59 años, es técnico en maquinaria de combustión interna. Sin embargo, se gana la vida como sastre, ya que lo aprendió de su padre a temprana edad.

El sastre indica que desde los ocho años empezó sus primeros pasos en la sastrería.

“Me quitaron el ‘tuch’ en una (sastrería)”, dice, mientras sonríe. A los 15 años ya sabía hacer un traje.

Cuando finalizó sus estudios en el Tecnológico de Mérida se fue al Estado de México a trabajar, pero sólo duró ahí seis meses.

Afirma que prefirió trabajar como sastre porque “aquí no me mancho, ando limpio”, manifiesta y enseña sus manos limpias.

Trabaja con su compañero, a quien le dicen “El Capo”, en un negocio ubicado en la calle 55 con 56 del Centro.

Hoil Gómez cuenta que cuando era pequeño prefería aprender las técnicas de su padre como sastre que ir a jugar a la calle con sus amigos o andar de vago.

Afirma que sabe hacer de todo; pantalones para equitación, esmóquines… “Sé hacer desde un calzoncillo hasta un ‘frac’”, asegura.

También ha trabajado para compañías de teatro, como el Peón Contreras, haciendo vestuarios de la época de Luis XV y con varios modelos.

Para Hoil Gómez es una gran satisfacción dedicarse a esto, ya que gracias a la sastrería logró construir su casa y le dio a sus hijos una buena educación. Él ama lo que hace, es su pasión.

En su local, comenta, llegan personas de varias partes del mundo: franceses, alemanes, holandeses… para platicar con ellos y observar su lugar de trabajo, ya que les llama mucho la atención. Su local está lleno de montañas de ropa.

Su compañero, “El Capo”, de 80 años, sostiene que fue cordelero y sus manos quedaban muy duras por el trabajo. Por eso decidió dedicarse a la sastrería.

Ayuda en los trabajos a Jorge Hoil. “Él es el patrón, el ‘mero mero’”, asegura, sonriendo.

Hoil González dice que le gusta mucho leer y que conoce mucho de otras culturas, de historia y de poesía.

“Aunque no fui a la escuela, lo que sé lo he aprendido leyendo”.

Además de ser sastres, ambos demuestran un amplio conocimiento de las matemáticas, ya que afirman que “todo lo que se aprende en la escuela, aunque muchos digan que no te va a servir, te ayuda mucho en la vida”.

Y lo demuestran realizando varios problemas de álgebra y de razonamiento con el reportero del Diario.

Incluso recuerdan cómo en ocasiones ingenieros y personas con doctorados les han pedido trabajos y ellos mismos los corrigen cuando se trata de algo relacionado con los números.

“De antes había mucho trabajo, de a montones y se ganaban muchos billetes, pero en cambio ahora, casi no hay. Según sé, se debe a que ya hay muchas fábricas.

“La ropa se fabrica en Mérida, pero la mandan a los Estados Unidos y ahí le ponen la marca y luego la venden aquí más cara.

“Compadre, nosotros ya nos jubilamos, estamos a dos pasos del precipicio, del hoyo, por eso en la vida hay que hacer con pasión lo que te gusta y poner en práctica todo lo que has aprendido en la escuela y en la vida. Cuando lo haces bien, la gente lo nota y acude a ti para que le hagas más trabajos”, finaliza.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

Horario

Los sastres indican que trabajan desde 7 de la mañana hasta las 7 de la noche.

Herencia

El local donde se encuentran trabajando le perteneció al padre de Jorge Hoil Gómez y él lo heredó; lleva ahí más de 25 años, aproximadamente.

“De todo hago”

Jorge Hoil indica que sabe hacer de todo. “Hasta la ropa como usó Pedro Infante en la película A Toda Máquina”, expresa.

Nunca lo deja

Jorge Hoil Gómez estudió tres años en el Tecnológico, pero nunca dejó de dedicarse a la sastrería. En sus ratos libres realizaba algunos trabajos para ganarse un dinero extra.




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