Mensaje de César Camacho Quiroz en la IV Reunión Parlamentaria del PRI y el PVEM

Intervención del Dr. César Camacho Quiroz, presidente del CEN del PRI, durante la inauguración de los trabajos de la IV Reunión Plenaria de los Grupos Parlamentarios del PRI y del PVEM a la LXII Legislatura del Senado de la República, celebrada en la ciudad de Mérida, Yucatán, el jueves 30 de enero de 2014.
 
 
Gracias, querido amigo fraterno, Emilio Gamboa.
 
Aún recordamos hace prácticamente diez días el extraordinario informe que Rolando Zapata le rindió a los yucatecos, compartimos con la gente buena de la península la fortuna de un buen gobierno; un gobernador que mezcla la pasión por servir a los suyos, el talento acumulado y un gran profesionalismo en este cada vez más complejo quehacer, de servir a los demás.
 
Tu partido, señor gobernador, entonces como ahora, se siente profundamente orgulloso de esta gestión exitosa.
 
Y con ustedes, amigas y amigos senadores, Ivonne y yo nos sentimos francamente cómodos, bien recibidos, parte del equipo.
 
Hay una relación en la que parece que la política es un pretexto, porque somos amigos, porque nos respetamos mutuamente y porque abrazamos el mismo proyecto político, porque reconocemos idéntico liderazgo. Por eso, después de año y medio de esta fructífera y para nosotros muy estimulante y enorgullecedora relación, sencillamente les damos las gracias y los felicitamos.
 
En el mundo, amigas y amigos, compañeras y compañeros senadores, ustedes han dado mucho de qué hablar aprobando reformas. Gente respetada, reconocida por su actitud crítica, certera, ha dicho cosas como éstas: “profundas y meritorias”, dijo de las reformas Enrique Krauze; “sorprendentes”, las calificó apenas el domingo Gabriel Zaid; “profundas” precisó Jesús Silva-Herzog Márquez; “modernizadoras” dijo Felipe González; “Visionarias” dijo Klaus Schawab, fundador del Foro de Davos; “alentadoras”, las calificó Le Monde; “históricas” el Wall Street Journal; “positivas”, Standar and Poors, al mejorar la calificación de deuda soberana; “liberadoras del potencial del país”, dijo nuestro Presidente Enrique Peña.
 
Hace algunos meses la prensa, sobre todo extranjera, describió el momento mexicano. Y algunos, con dosis de escepticismo, creyeron que ese momento mexicano se iba a postergar, que sólo fue el anticipo de algo que no vendría.
 
Para su sorpresa no sólo llegó, sino llegó muy bien. Y eso, como las grandes cosas en la vida, nunca es producto de la casualidad; se trabajó, se intercambiaron impresiones y al final, con arrojo, con decisión y con un profundo amor a México, ustedes y muchos más hicieron la hazaña.
 
Cada reforma tiene valor per se, tiene un valor intrínseco, tiene un valor singular, pero el conjunto de las reformas es mucho más que la suma de todas, porque el mensaje que manda como en el Vaticano, “urbi et orbi”, es decir “para la ciudad y para el mundo”, es un mensaje alentador de que México tiene un gobierno no sólo confiable, sino un gobierno seguro; un líder que sabe no sólo por dónde transitar, sino que tiene claro a dónde llegar.
 
Y ese líder no trabaja en la escena política solo. Lo hace de la mano, en un diálogo republicano de mutuo respeto y colaboración, con un poder que ha estado reivindicando el ejercicio de la función legislativa.
 
Para decirlo con alguna dosis de autocrítica, durante algunos años fue testigo cercano, pero al fin testigo de muchas decisiones trascendentales.
 
Hoy se puede decir, en forma sintética, que legislar también es gobernar; que se legisla recogiendo las inquietudes de la gente y que hace como debe, el Poder Legislativo, las veces de bisagra, de correa de transmisión entre la gente que tiene claro lo que quiere, aunque lo frasee de manera más sencilla, y que también el Poder Legislativo, sus dos Cámaras, es capaz de convertir anhelos en normas jurídicas y después explicar los alcances de las mismas, y convertir mediante los productos de la tarea de legislar, que son justamente las normas de carácter general, que los puede convertir en los instrumentos para las políticas públicas, que se convierten en acciones, que redundan –como lo acaba de decir nuestro líder Emilio Gamboa- en cambios concretos, específicos que modifican no la macroeconomía de los grandes números, sino la microeconomía de los bolsillos de los mexicanos.
 
Yo puedo decir que independientemente de lo cuantitativo, porque en 12 meses ustedes reformaron prácticamente la cuarta parte de la Constitución; lo más importante no es lo cuantitativo, sino lo cualitativo. En muchas de estas reformas ustedes rompieron atavismos; no sólo ataduras, sino atavismos, eso que a veces no deja vivir. Rompieron mitos, porque legislando de cara a la sociedad con suficientes argumentos, dijimos, explicamos por qué son los artículos de la Constitución los que deben servirle a los mexicanos y no hacer de la Constitución un objeto de culto.
 
La Constitución obviamente no sólo contiene normas jurídicas preceptivas, sino contiene principios, valores, y es ahí donde ustedes le metieron la mano para actualizarla y para hacer que la Constitución, que es al mismo tiempo que norma jurídica, proyecto de país, sin perder la esencia de 1917, pudiera estar a la altura del Siglo XXI mexicano.
 
Me parece que esta actitud audaz de a veces ir a contracorriente,  polémicas o habiendo generado la polémica muchos que no saben, no entienden o fingen no saber o no entender, en una actitud más dogmática que patriota; pero, en fin, ya pasó.
 
Yo diría  en síntesis, no hubo asunto en 2013, no hubo asunto toral de la agenda política que no haya pasado por el cedazo del Senado; es decir, la agenda política más importante, toda, estuvo en muy buenas manos, que son las de ustedes, las del Senado de la República.
 
Y también me atrevo a decir que está muy cerca, son pocas semanas, pocos meses, como para apreciar a cabalidad la trascendencia y la hondura de las reformas.
 
Esto que los aztecas llamaban la cuenta larga de la historia, que no daba cuenta de los acontecimientos coyunturales, sino de los grandes momentos, este año, es decir el año 2013, se va a inscribir en esa cuenta larga de la historia, aquello que nos cambió hasta el modo de andar. Y me parece que esto tiene que ver con el profesionalismo, con la capacidad para escuchar y plantear, y por supuesto con un gran compromiso con México.
 
Hoy –y esto me place porque he tenido la fortuna de ser legislador y comparto con ustedes esta vocación y este gusto- los legisladores son mucho más visibles a los ciudadanos y a los electores; es decir, son más cercanos a aquellos de donde viene la legitimidad funcional, y eso me  parece digno de ser mencionado.
 
Y bueno, esto tampoco obviamente es casual. Creo que es muy buen momento para reconocer la conducción impecable desde la presidencia de la mesa de uno de los nuestros, que hace la tarea –y ya nada más faltaba que no y más él, que es un profesional respetadísimo del derecho-, haciéndola como debe, con la ley en la mano, dio lecciones de cómo se puede ser absolutamente imparcial en el ejercicio de la tarea, sin dejar de lado su priismo sobradamente reconocido.
 
Querido Raúl, felicidades porque lo hiciste muy bien.
 
Él y por supuesto la Mesa Directiva, quienes hacen el favor de acompañarlo en las vicepresidencias y en las secretarías, subrayadamente del partido y de nuestros aliados.
 
Bueno, otro elemento fundamental, pivote central para la superación del desafío, es tener un grupo cohesionado. Y el grupo se cohesiona, por supuesto, con un proyecto compartido, un proyecto legislativo; pero, se cohesiona por la acción de un líder. Y el liderazgo no lo da ningún nombramiento, el liderazgo se construye, se mantiene y se gana.
 
A mí no me sorprende, porque he tenido la fortuna de estar con él nueve años en el Poder Legislativo, pero el hecho de que no me sorprenda, no significa que no aprecie con mucho cariño fraterno, con respeto amistoso a alguien que cuando ha sido necesario, se ha mostrado, porque es, sensible, prudente; pero, en este periodo también, la necesidad obligó a mostrarse por momentos firme y categórico, es decir mucha política, pero también el diálogo en algún momento se agota y se tiene que pasar a las decisiones firmes.
 
Dije, pues, incansable, sensible, firme y categórico, pero bueno, ustedes y yo lo conocemos, siempre eficaz, es decir lo que en la política al final vale son los resultados.
 
Querido amigo, mi admiración, mi afecto y mi respeto invariable, queridísimo Emilio Gamboa Patrón.
 
Esto que llaman o que formalmente se llama legislación secundaria, resulta que no es nada secundaria; es tan importante como las reformas constitucionales, en términos prácticos. Porque la reforma constitucional necesita desarrollarse, necesita contar con una prolija producción normativa, que le dé a quienes aplicarán las normas, que les den los instrumentos más eficaces.
 
Vamos bien, pero necesitamos, merecemos, podemos y debemos alcanzar más. Si tuviera que definirlo con una palabra, diría que la actitud es la persistencia y el resultado debe ser la concreción; es decir, vamos a darle suficiente solidez, una naturaleza férrea, aunque suficientemente flexible para evitar que las normas dejen de ser eficaces.
 
Hemos calculado que habrá alrededor de 85, cuando menos, asuntos que atender, entre minutas, temas que están dictaminados en espera de ser llevados al pleno o iniciativas nuevas; obviamente ustedes lo conocen y sólo lo mencionaré en forma enunciativa: la reforma energética, la de telecomunicaciones, la de radiodifusión y competencia económica.
 
Ya Emilio hablaba del Código Procesal Penal Único. Asuntos de competitividad económica. Uno que nos importa mucho a los aliados electorales y de gobierno, Verde y PRI, que es el régimen de transparencia, para imprimirle mucha mayor fuerza, legitimidad y calidad al ejercicio democrático del poder. Y, bueno, concretar la reforma política.
 
Y como al Ejecutivo, al partido ésta le resulta de la mayor relevancia, darle poder al ciudadano de premiar ratificando a sus representantes populares por medio del voto, profesionalizar la tarea legislativa y de representación popular y fortalecer a la autoridad electoral a partir del aprendizaje de muchos años, tanto en el IFE, institución creada, lo digo con orgullo y satisfacción, con una mayoría priista en aquel entonces, es decir con la voluntad política de un partido que teniendo la posibilidad de hacer prácticamente lo que su convicción le dijera, decidió por convicción abrir y crear un organismo de esa naturaleza, desde 90.
 
No es entonces el INE, un arranque desde cero, sino es el aprovechamiento y la ponderación del trabajo de más de 16 mil servidores públicos electorales, que merecen todo nuestro respeto y consideración.
 
Allí se va a fincar el nuevo Instituto Nacional Electoral y, por supuesto, también nos importa mucho salvaguardar no sólo la estabilidad de quienes trabajan en los institutos electorales de los estados, que también son una expresión del federalismo, principio de los que por cierto ustedes son salvaguardas.
 
Nos importa, entonces, que esta serie de disposiciones de carácter político-electoral, puedan ser mucho más que la reforma de las elecciones. Tiene que ser la reforma de la vida política, para que cale hondo y dure mucho.
 
Es mi convicción, y estoy seguro que la compartimos, que el Presidente Enrique Peña está asumiendo sus deberes y está haciendo las cosas bien; entonces, no sólo por cuestiones de orden político, sino ético y de compañerismo partidario, si él está dando resultados, ya nada más faltaba que nosotros no.
 
Y digo nosotros, considerando los legisladores y la dirigencia, porque al final unos y otros somos caras del mismo cuerpo geométrico. Al final lo que hagamos o dejemos de hacer, va a abonar o a demeritar la posición partidaria de cara a la sociedad.
 
A mí me da mucho gusto, y como el senador Gamboa lo dice reiteradamente, amacizar la relación con el Partido Verde, con quien tenemos no sólo identidad de propósitos, sino nos hemos entendido suficientemente bien, al punto que no sólo vamos juntos en las elecciones, sino vamos juntos a concretar proyectos de gobierno.
 
Que sea para ésta y muchas más, de estos episodios electorales en donde todos son un reto y a todos hay que salirles adelante.
 
Pues bien, amigas y amigos, compañeros de partido: este que podría yo calificar como el ecosistema priista: regidores, síndicos, legisladores locales y federales, gobernadores y el gobierno de la República, debemos acelerar el paso.
 
Vamos bien, pero tenemos que apretar nuestro andar.
 
La diferencia entre el régimen priista del Siglo XX y el priismo de este Siglo, es clara, somos el partido en el gobierno y no el partido del gobierno. Y para estar a la altura de esta condición que la sociedad nos ha dado al permitirnos estar en la presidencia desde la oposición, es un reto, pero también una oportunidad invaluable.
 
Este año, el año 2014, es el año para sorprender. Para sorprender a propios y extraños de nuestra capacidad para seguir transformando.
 
Ustedes tienen una larga cauda de temas electorales, sobre los que ya no mencionaré, porque Emilio lo ha dicho con suficiencia; pero, a ustedes y a nosotros, a todos los priistas, nos da la sociedad una oportunidad. Oportunidad para fortalecer nuestro liderazgo social, para tener la oportunidad de ir al encuentro de la ciudadanía y no esperar soberbiamente que la ciudadanía venga a nosotros; a llevar por un lado explicaciones, pero a recoger inquietudes y propuestas; establecer un diálogo social fecundo, que además de fortalecer a sociedad y partido, renueve y estreche nuestra alianza…- (Boletín de prensa)

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