“Más crueles, los rastros”

Un criador local defiende a los clubes gallísticos

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Antonio Baqueiro Buenfil asegura que en Yucatán hay personas que se dedican a la cría y venta de gallos, y generan ingresos para otras familias, al igual que los obtenidos por personas que se dedican a la venta de medicamentos, vitaminas, navajas, espuelas y otros utensilios usados en esta actividad.

“Mucha gente cree que somos gente loca que ejerce crueldad contra los animales, pero el gallo de combate lleva miles de años de formación. En la antigua Roma combatían y al igual que en Grecia; se han encontrado platos y vasijas con una antigüedad de más de 300 años antes de Cristo con figuras de gallos peleando”, señala.Baqueiro Buenfil comenta que el gallo de combate se ha encontrado en varias civilizaciones, tanto antiguas como modernas; lleva la belicosidad en los genes, está hecho para eso y es algo que no se le puede quitar.

El gallero indica que en Mérida hay tres clubes gallísticos debidamente reglamentados; son asociaciones notariadas con el permiso de la Secretaría de Gobernación y con todos los permisos que otorga el Estado para su funcionamiento.

Esos lugares, dice, “son más seguros que los estadios de fútbol, donde acuden familias y los niños se divierten y pueden andar libremente, las apuestas son prohibidas como lo marca la ley, también las palabras obscenas; es un lugar donde los gallos riñen y los hombres fraternizan”.

En relación con las críticas, que al igual que en el caso de las corridas de toros toman cada vez más auge, encabezadas por asociaciones civiles contra el maltrato animal y que exigen se la ley lo prohíba, opina que son personas que desconocen que estos animales nacieron para eso y no pueden socializar con sus congéneres.

“Al igual que en las corridas, tanto el gallo como el burel, tienen una descarga muy fuerte de adrenalina y por tanto no sienten dolor. Es más cruel la forma en que los sacrifican en los rastros y el hacinamiento en que mantienen a los pollos para el consumo, y luego sumergidos vivos en agua caliente para sacrificarlos. “¿Y qué decir del sacrificio de los cerdos que están chillando y se le está clavando un cuchillo? ¿Eso no es crueldad, porque son para comer?”, se preguntó.- L.A.E.




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