"La vida es bonita"

“La vida es bonita”

Huayo es ejemplo de que la vida no es una tragedia

1 / 2


José Eduardo Loría Paredes, de 67 años de edad, conocido como "Huayo", trabaja todos los días en su zapatería en la Vicente Solís
José Eduardo Loría Paredes, durante la entrevista con el Diario


El zapatero Huayo vivió la crueldad del castigo paterno en su niñez, superó su alcoholismo juvenil que lo llevó a lo más bajo del ser humano y perdió sus dos piernas a causa de la diabetes.

Relata que cuando se sintió inútil por la mutilación de ambas piernas y pensó en el suicidio, llegaron a su vida el apoyo moral de su pareja, Nery Salazar Manzano, el apoyo económico de la gobernadora Ivonne Ortega Pacheco y la filosofía del programa Alcohólicos Anónimos por medio del también zapatero Antonio Calderón, quien no descansó hasta que lo ingresó al grupo “La Amistad” y lo ayudaron en su rehabilitación.

La historia de José Eduardo Loría Paredes, de 67 años de edad y popularmente conocido como Huayo en amplio sector de la colonia Vicente Solís y los fraccionamientos Morelos, es una muestra de que sí se puede salir del atolladero y de enderezar el rumbo torcido.

“Los apoyos de la gobernadora (Ivonne Ortega) me devolvieron el ánimo de trabajar y de vivir”, dice en amplia entrevista en su modesto taller de reparación de zapatos, en la calle 81-A No. 495 con 32-A de la colonia Vicente Solís.

“Ahora ya no pienso en la soga (con la que quería suicidarse). La vida está bonita sin trago y con trabajo”, subrayó el zapatero.

Durante casi una hora de plática con el reportero, se vio que ahora “le llueve trabajo” y goza de la confianza de sus clientes.

“Huayo. Compon estos tenis (tres pares juveniles). Son de marca y están buenos. Se despegaron”, señaló la dueña de una carnicería que llegó en un automóvil de modelo reciente.

“Salen a 45 (pesos) cada par”, informó el zapatero, quien a falta de piernas permanece sentado en una silla de plástico. Cuando él necesita movilizarse, acerca su silla de ruedas y con ágil impulso sube a la silla móvil.

“Está bien. Refuerzálos”, pidió la empresaria.

También llegaron en ese lapso dos señoras por sus zapatos remendados. En menos de una hora el zapatero Huayo había ganado $200 en la entrega de trabajos pendientes y los nuevos.

“Llevo 47 años dedicados a la zapatería. Me gradué a los 20 años con un industrial zapatero de Ticul”, contó. “Nunca me gustó la escuela. Empecé a estudiar ya grande y me burlaban. Yo me peleaba con los chavos burlones. Pasé por cuatro escuelas y sólo estudié el primer grado de primaria. Pasé al segundo grado, pero le rajé la boca a uno de los consentidos de la maestra y huí de la escuela y no regresé nunca más”.

Tenía 12 años cuando huyó de su casa y del seno familiar, luego de que recibió una golpiza y tortura paternal.

“Mi padre tenía un trauma por su alcoholismo y afición a las barajas”, señaló. “Tenía un puesto de venta de pescado en el mercado Santa Ana y le iba bien, pero quedó arruinado por el alcohol y el juego. Eso hizo que siempre me advirtiera que si me pescaba jugando barajas me iba a dar una golpiza”.

“Lo desobedecí y me castigó”, relató. “Nunca me había pegado, sólo me castigaba. Me hincaba o ponía planchas en las manos alzadas. El día que me sorprendió jugando me dio una paliza. Me quitó la camisa, me amarró a un palo y me pegó con cable en la espalda hasta que quedé tirado. Luego me untó naranja agria en las heridas. Casi muero de dolor”. (Continuará).- Joaquín Chan Caamal

De un vistazo

Mal ejemplo apoyo

El zapatero José Eduardo Loría Paredes, mejor conocido como Huayo, relató que su padre diario tomaba y jugaba a las cartas y él lo veía. Aunque le prohibieron jugar barajas le atrajo el juego desde su niñez, juventud y etapa adulta, hasta que perdió las dos piernas.

“Bullying”

Desde su niñez (nació en 1946) sufrió del “bullying” escolar. Desde que entró al primer grado de primaria lo burlaban porque empezó grande sus estudios. Peleó en cada burla y fue sacado de las escuelas de Santa Rosa, Santos Degollado, Margarita Camargo y Cristóbal Colón.

Huye del hogar

Cuando sanaron las heridas de la golpiza de su padre huyó del hogar a los 12 años de edad. Fue con sus tíos de Yaxcabá, donde trabajó en las milpas, y luego a Hoctún, donde trabajó como herrero.




Volver arriba