Guadalupanos cumplen

Intensa jornada en el barrio de San Cristóbal

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Congestionamientos viales, calles atestadas de peregrinos y fieles, y algunos incidentes marcaron ayer la fiesta en honor de la Virgen de Guadalupe en los alrededores de San Cristóbal.

Desde las primeras horas de ayer, el antiguo barrio meridano quedó prácticamente cercado con el ir y venir incesante de personas para rendir tributo de amor a la Morenita, en su recinto.

Según cálculos de la Policía Municipal (PMM) y coordinadores del templo, sólo a las 25 misas que se ofrecieron ayer, a partir de las 5 de la mañana, acudieron alrededor de 50 mil fieles. La última misa, a cargo del arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán fue a la 8 p.m.

Omar Martínez Alcázar, subdirector de la PMM, informó que en la jornada de ayer hubo siete personas heridas en los alrededores de la iglesia, por tropezar y caer cuando corrían o por desmayos. Los mayores incidentes fueron derante la mañana. A las 9:15 horas, paramédicos de la PMM atendieron a un vendedor de frituras que sufrió quemaduras en un brazo cuando una flama de la estufa que utilizaba para freír sus productos lo alcanzó.

Quince minutos después, en el interior de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, Elma Rosa Martinez Pérez, de 68 años, se desvaneció. Según paramédicos de la Cruz Roja, a la mujer se le bajó la presión arterial. Luego de ser estabilizada se retiró del sitio.

Las calles de San Cristóbal que se cerraron fueron la 67 con 50, la 48 con 69 y la 50 con 57, lo que generó un caos vial en las calles aledañas.

En la entrada de la iglesia se instalaron varios vendedores que aprovecharon los festejos para ofrecer sus productos. Papas fritas, elotes, esquites, cuadros con la imagen de la Virgen y tortas y tacos se ofrecían a los fieles y peregrinos. No faltaron los vendedores de “nailon”, por la intermitente lluvia que cayó ayer en la ciudad y los rosarios de colores llamativos, un payaso vendiendo globos y hasta una botarga.

Incluso en el interior de la iglesia los comerciantes vendían artículos religiosos, como imágenes, veladoras, libros, entre otros.

Cuando la lluvia se intesificó, la gente buscó refugio en el interior de la iglesia o en los establecimientos cercados, lo que por momentos generó desesperación entre los fieles que se apretujaban entre sí en el recinto. Por la noche la romeria de feligreses y peregrinos continúo en la iglesia de San Cristóbal.

Por su parte, la Secretaría de Seguridad Pública reportó saldo blanco en carreteras estatales y federales durante el arribo de antorchistas al santuario guadalupano.

Informó que la noche del miércoles 11 y la madrugada del jueves 12 entraron por diferentes rumbos de la ciudad alrededor de 10,000 peregrinos que luego se concentraron en la iglesia de San Cristóbal para rendir tributo a la Virgen de Guadalupe, con motivo de su día.

“Hasta las dos de la tarde (de ayer) no había reporte de accidentes donde estén involucrados los peregrinos. Ni en carreteras estatales ni en federales”, informó el vocero de la SSP, Alberto Escalante.

La SSP escoltó a cuanto antorchista entró a la ciudad.- Abraham Bote Tun

SSP Despliegue

Operativo guadalupano

La corporación policiaca informó que instaló cinco filtros de seguridad en las inmediaciones de San Cristóbal. Desplegó 100 agentes, apoyados por 4 perros entrenados en detección de armas, explosivos y drogas, y colocó cuatro torres de vigilancia, una de ellas, la mecánica que está dotada con cámaras de video vigilancia de alta resolución conectadas al sistema Unipol. Además, instaló un autobús-dormitorio para que pernocten los agentes.

Diez patrullas y seis motocicletas recorrieron el sector de San Cristóbal, en apoyo a la Policía Municipal de Mérida, y se hicieron recorridos a pie y revisiones a personas sospechosas para evitar la portación de objetos prohibidos.

La estampa que vio el reportero por las calles, avenidas y Anillo Periférico fue grupos de antorchistas escoltados por patrullas con sus luces de emergencia activados.

El Periférico de Mérida fue una de las vías con mayor vigilancia policiaca porque era el circuito obligado que tenían que recorrer los peregrinos, tanto a su entrada como a su salida de la ciudad. La estampa común fue ver antorchistas escoltados.




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