“Es un espectáculo inmortal”

Familia cirquera espera salir del bache económico

Los esposos  Ernesto Amaya Herrera y  Concepción Salazar Peralta con su hija Patricia y su nieta en el campamento del circo Mayars Espectaculares Hermanos Amaya, en el ex casco de la hacienda Tekat

Como en todo bache económico, el circo Mayars Espectaculares Hermanos Amaya, necesita de la solidaridad de la gente y del gobierno para mantener su patrimonio y continuar con su espectáculo de entretenimiento.

En primera instancia, Ernesto Amaya Herrera, fundador y dueño del circo, desea que mejore la situación económica de la gente para que asista a su circo y segundo que lo ayuden a subsistir con algún apoyo o ayuda de algún programa gubernamental.

“El circo es un espectáculo inmortal. Existió desde la época de los romanos y no va a desaparecer”, indica.

“Si mejora la economía de las familias, estoy seguro de que entrarán al circo”.

Ernesto, el mejor trapecista en su época cuando no existían redes protectoras, dice que una de las satisfacciones que le ha dado su vida nómada es que la comunidad circense lo conoce, la gente de los pueblos donde presentó su espectáculo lo respeta y aprecia, y su mayor orgullo es que su familia, generación tras generación, sigue la tradición circense.

Compañía filial

Son tres generaciones de cirqueros que han pasado por el Mayars y su hijo Ernesto, conocido como el payasito “Pichicuaz” o el alambrista Ernesto, formó su propio circo, el “Estadium Internacional”, que realiza funciones por Valladolid.

En el circo “Estadium Internacional” trabajan los hijos de “Pichicuaz”: Pablo Raymundo, de 18 años de edad, es alambrista y malabarista; Karina, de 22, es animadora y corista; Mayrani, de 21, es contorsionista; Blanca, de 17, y su hermanita Rosita, de 15, son las chicas de los malambos de fuego, una suerte argentina de cuerdas y bolas impregnadas de fuego.

Ernesto Amaya recuerda sus mejores momentos de su circo cuando su esposa Concepción Salazar Peralta, hoy de 75 años y quien vive en la colonia Melitón Salazar, era atracción visual; su hija Patricia era la reina del espacio; Lourdes, la chica del molinete de la muerte y quien se retiró por su familia; el payasito “Pichicuaz”, y Rita, la chica del ballet, quien también se retiró por su familia.

Ahora las nuevas estrellas son Alejandro y Fabiola, de 25 y 22 años, quienes fueron contratados por el circo estadounidense “American Crown Circus” y están en el extranjero, pero la intención de los dos es reunir dinero para reactivar la carpa del Mayars, que está en receso por problemas económicos.

Ernesto ha entrenado a sus hijos y cada uno se crea su estilo.

Conoce Yucatán porque le ha dado varias vueltas con su circo y dice que tiene regadas amistades en todos los pueblitos que visita.”Tenemos buenas amistades. Nos quieren mucho donde vayamos, pero vine a Tekat porque nos aprecian muchísimo, es como mi casa”, indicó. “Escogí a Tekat para estancarme porque nos conocen, saben cómo somos y porque está cerca de Mérida”.Confiesa que es difícil la vida en un circo. Tienen una vida nómada. Hay lugares donde les va bien y otras donde les va mal. Viven al día por la baja asistencia del público y no pueden ahorrar.”Lo más hermoso de este trabajo es que nos ganamos el corazón de la gente”, dijo. “Mis hijos conocieron niños que ahora son profesionistas y mantienen la amistad. Ese aprecio humano es lo que nos motiva a seguir en el circo”.Patricia intervino en la charla y dijo que toda la familia disfruta del circo y no pueden hacer ningún otro trabajo que no sea el circo.”Nacimos en el circo y aquí moriremos”, señaló la ex reina del espacio. “Cuando vengan los chamacos iniciaremos duro el trabajo. Ellos no podían desperdiciar la magnífica oportunidad. Todo cirquero sueña con la internacionalización y ellos tienen esa calidad”.Ernesto y su hija Patricia creen que la internacionalización de Alejandro y Fabiola será benéfico para el circo por su fama y nuevos ejercicios que aprenderán. De hecho, el entrevistado y su hija Paty entrenan a la nuera Ana Lilia Aranda, quien practica en el único aparato circense instalado en el improvisado campamento: un trapecio. Ella quiere ayudar y darle vitalidad al espectáculo.Es la primera ocasión que la familia Amaya del Mayars se separa y el circo permanece varado.”Ellos quieren seguir dando espectáculo en nuestro circo. Van a regresar”, dice con esperanza Patricia. “El circo es nuestra vida y continuaremos la función”.Ernesto insistió en que el Mayars seguirá adelante y el tiempo de receso le sirve para mejorar, reparar y arreglar las cosas del circo.”En un circo nos hace falta de todo y cualquier ayuda será bienvenida”, dijo. “Necesitamos focos, sogas, lonas para carpa y mano de obra para pintar los fierros y arreglar los motores de los camiones.El Mayars no utiliza animales exóticos o amaestrados para sus espectáculos. Sólo tiene sus mascotas.Su estrella animal, una changa conocida como “doña Chencha Dzipiris” que montaba un chivo, daba volantines y llevaba cubos de agua para las bromas, murió hace cuatro años de vejez. La mona vivió 40 años con el circo y ya era parte de la familia.”En muchos pueblos donde íbamos no conocían a los animales y el zoológico era una forma de acercar a la vida salvaje a la gente”, indicó. “Para evitar problemas con los protectores de animales preferimos no usar animales”.Sus casas rodantes y ellos permanecerán en el ex casco de la hacienda Tekat hasta diciembre próximo, cuando regresen sus dos estrellas.- Joaquín Chan Caamal




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