El circo, una pasión

El circo, una pasión

Una familia de artistas, en breve parada del negocio

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Familia de artistas circenses, los integrantes del circo Mayars están en una especie de descanso, en busca del "oxígeno" para continuar
Ernesto Amaya Herrera, dueño del circo Mayars, en su remolque


La parada obligada del circo Mayars Espectaculares en la hacienda Tekat, tras 45 años de espectáculos continuos, no significa el cierre de ese negocio familiar sino un compás de espera del oxígeno que le da vida: dinero y artistas.

“El circo lo traemos en la sangre de generación en generación”, destacó Patricia, mientras cuidaba a su nieta Laila Saory Amaya Aranda.

“Es una pasión. Es bonito conocer muchas personas y que después sean tus amistades”, recalcó. “La gente y los aplausos nos mueve para seguir en el circo. No porque nos va mal vamos a cerrar. La familia seguirá en el circo. Es la primera vez que paramos en casi 50 años y no nos estamos retirando”.

El dueño del circo Mayars, Ernesto Amaya Herrera, oriundo de la colonia Miraflores, sólo pide que cuando reanuden sus funciones vaya la gente. Ellos ofrecen un buen espectáculo. Limpio y decente y con un plus que no cualquier circo puede ofrecer: la actuación de dos artistas circenses de talla internacional, como son sus nietos Alejandro y Fabiola, un espectacular acróbata y una joven que es considerada la reina del espacio por sus suertes en el trapecio.

Precisamente la espectacularidad de los jóvenes llamó la atención del American Crown Circus y los contrató un año. Partieron el 27 de diciembre de 2013 y deben regresar en noviembre de 2014 “si Dios quiere”, recalca don Ernesto.

Mientras esperan el retorno de las dos estrellas del Mayars, Patricia, su nuera Ana Lilia Aranda, de 24 años de edad, y quien no es de familia circense sino que apenas aprende los ejercicios del trapecio, y don Ernesto viven en los remolques-viviendas y dan mantenimiento a la tubería que sirve de sostén a la carpa, dan mantenimiento a los viejos camiones y viven de sus ahorros o lo que la gente buena de Tekat les ofrece.

“Venimos a este pueblito porque aquí nos aprecian. Conocemos muchos pueblos, pero aquí tenemos un cariño especial a la gente. Nos conocen desde hace años”, relató Ernesto.

Recordó que cuando empezó en el circo no había espectáculos en los pueblitos. Ellos eran la diversión y obviamente tenían grandes entradas.

“Hace años nos iba mejor. Ahora está dura la situación para los circos. Tanto los grandes como los chicos”, indicó. “La gente de ahora gana poco. Todo está caro y con lo que ganan no les da. Si tienes criaturas es peor. Entendemos que una familia no puede pagar tanto por diversión, pero la gente es la que mantiene vivo al circo”.

Dice que el Mayars cobra barato precisamente para que las personas entren al espectáculo, pero ni así hay suficientes espectadores. Cada día está más difícil el panorama de su circo y para mantenerlo ofrece buen programa a la gente.

“Los circos no cobran lo que deben cobrar y esa es una forma de ayudar a la gente”, indicó.

La pérdida de aficionados a los circos lo atribuye a la modernidad y nuevas formas de vida de la gente. Antes, ir a reír y divertirse era parte de la vida familiar porque no había tantas opciones de recreación, pero en la nueva etapa que viven las generaciones hay mucha competencia. Todo lo ven por televisión, cablevisión, DVD y hasta en teléfonos celulares.

“En décadas pasadas a donde llegáramos era un éxito”, recordó. “La gente ganaba poco, pero le daba para divertirse sanamente. Hoy para que vayan al circo en vivo es difícil porque mucha gente prefiere verlo en televisión”.

La historia de esta familia circense es extensa y no pierde la fe de que volverán a montar su carpa. (Continuará)- Joaquín Chan Caamal

Familia circense

Fundador

Ernesto Amaya Herrera, hoy de 70 años, incursionó en el circo cuando tenía 20 años de edad. Su afición al ejercicio, visitas al gimnasio, donde practicaba aros olímpicos, y su inquietud de chamaco lo encaminaron al mundo circense.

Debutó en el circo de Flor Liceaga y con sus continuas prácticas dijo que llegó a ser el mejor trapecista de esa época.

Su espectáculo en el trapecio lo hizo recibir mejores ofertas y dice que iba a donde le pagaban más. Es así que pasó al Circo Latino, del Huero Herrera. Sin embargo, como no se sentía libre y no le gustaba que lo mandaran, empezó a comprar lo necesario para formar su propio circo.

En plena euforia de las Olimpiadas en México en 1968, nació el circo Mayars y desde ese año se ha mantenido con su propia familia de artistas.




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