Fallece invetigadora emérita del INAH

Beatriz “Tita” Braniff Cornejo (1925), investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia

MÉXICO (El Universal).- Beatriz “Tita” Braniff Cornejo (1925), investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), falleció este viernes en la ciudad de México a los 88 años de edad. De acuerdo a información difundida por el INAH, la reconocida arqueóloga dirigió el Centro de Estudios Antropológicos de Occidente en la Universidad de Colima y coordinó el proyecto arqueológico en Paquimé de 1992 a 1995. En el año 2005 “Tita” Braniff presentó la Guía para el Museo de las Culturas del Norte. De los tiempos prehispánicos a Casas Grandes, ocasión en la que en entrevista habló de sus orígenes, intereses y trayectoria.

Vida
En ese entonces, la doctora tenía 80 años y vivía en Colima. Se levantaba a las cinco de la mañana, tenía dos perros y tres gatos que eran como su familia. Tuvo dos hijos y pronto sería abuela. “Me siento chichimeca y prefiero estar en el campo y el desierto, que en la ciudad de MÚxico, allá no regreso hasta que ya no pueda pensar”, decía. Caminaba con muletas y hacía 13 años que no realizaba trabajo de campo, cuando en Casas Grandes se fracturó el fémur y le pusieron su primera prótesis.

Se dedicaba a hacer libros y estaba preparando uno relativo al Occidente: “No me quejo. Estoy loca, porque además me metí a hacer otro Doctorado, de Arquitectura en la UNAM, ya llevó como dos años en la investigación, quiero contrastar la arquitectura del norte versus la de MesoamÚrica”, detalla el boletín. Una de las piezas del arte del norte que más le gustaba a “Tita” Braniff es la que ella llamaba La Maja de Paquimé, una mujer echada con sus pestañas, símbolo de la mujer fértil.

Y haciendo un símil con ella, comentó entonces: “yo siempre fui femenina y me gustaba presumir, e igual puedo andar en fachas que vestir elegantemente”. Fue autora de “Dioses Guacamayas del Norte”, que publicó El Colegio de México. “Tita”, como le dicen sus amigos, fue una de las primeras mexicanas en realizar investigaciones de quienes hasta ese momento habían sido conocidos como los “bárbaros” del desierto.

“No se vale estar estudiando sólo Teotihuacán, comentaba, y la zona maya, porque México también se extendía hacia otro mundo”, por ello, desde que egresó de la carrera de Arqueología, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), exploró diversos sitios, actividad que ayudó a redefinir el concepto de las Culturas del Norte, para integrarlas al Atlas de la arqueología nacional.

Su ruta de trabajo inició en el Valle de México, en el Cerro de la Estrella y Tlatilco; luego cerca de las minas de la familia, en la Sierra Gorda de QuerÚtaro, donde estudió los “triques arqueológicos” (hachas y puntas), objetos como los que su mamá guardaba y que en su paso por la escuela, descubrió que no estaban registrados en los libros. Poco a poco fue subiendo al norte: Morales, Guanajuato; Villa de los Reyes, San Luis Potosí; El Cerrito, Zacatecas, y varios sitios de Sonora, donde vivió alrededor de 10 años. Así como Casas Grandes, Chihuahua, para finalmente establecerse en Colima.

Una de las grandes propuestas de Braniff sobre los términos para comprender el norte de México es que la frontera actual no sirve para ningún investigador “ni gringo ni nacional”, pues el mundo mexicano de la Colonia y el prehispánico llegaba hasta Arizona, Utah y Colorado. “Incluía todo lo que nos robaron los gringos hace más de 150 años”. Lo que ahora ellos llaman Southwest y nosotros Norte. Conceptos que no aceptaba.

En el prólogo del libro “Nómadas y sedentarios en el norte de México”: homenaje a Beatriz Braniff, de Marie-Areti Hers y José Luis Mirafuente, et al, William Merrill reconoció a la maestra por sus contribuciones al mejor entendimiento del norte de México y sus habitantes, así como por sus contribuciones a la investigación y desarrollo de la arqueología de México. “Por medio de sus investigaciones, nos ofrece una visión profunda y sofisticada del norte la cual se encuentra a disposición no sólo de los investigadores sino ‘gracias a su trabajo en la creación del Museo de las Culturas del Norte en Paquimé, Chihuahu’ de un público general”.

“El compromiso con el norte que la maestra Braniff ha mantenido a lo largo de su vida profesional ha inspirado el trabajo de muchos investigadores y seguirá haciÚndolo con futuras generaciones”, escribió William Merrill. Por su parte, la arqueóloga Paloma Estrada Muñoz, en el libro Las mujeres en la arqueología mexicana (1876-2006), escribió: “la osadía distingue a las mujeres de la arqueología mexicana, algunas se aventuraron en regiones desconocidas y relegadas de los grandes proyectos.

Tal vez la inspiradora de muchas de ellas sea Beatriz Braniff, caminante de la ´Gran Chichimeca´ que ha buscado romper los prejuicios que pesan sobre los grupos de cazadores-recolectores”. Beatriz Braniff coordinó hace algunos años La Gran Chichimeca (CONCALTUA-Jaka Book), “lo hicimos puras mujeres, que se supone que somos tiernitas”. Participaron las estadunidenses Linda S. Cordell, y Marie Arreti Hers, María de la Luz GutiÚrrez y Elisa Villalpando, finaliza el boletín.




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