Con el arte en las venas

Apasionada de la pintura, tomó las riendas del hogar

Rosario López Balam trabaja en un vitral, en el improvisado estudio que tiene en su casa, en la Castilla Cámara

No hay palabras para describir el arte, es como sacar todo ese sentimiento que llevas dentro del alma y plasmarlo, dice Rosario López Balam quien a raíz de que su esposo sufrió una enfermedad que lo postró decidió hacer uso de sus capacidades para pintar y su facilidad para las artes plásticas, y ahora se dedica a hacer vitrales para las iglesias.

En su domicilio, en la colonia Castilla Cámara, habla con este reportero sobre su vida y su pasión por la pintura.

Desde los 14 años, pese a que su madre no estuvo de acuerdo, entró a Bellas Artes para desarrollar su habilidad, la cual considera “un don que Dios me dio”: pintar, dibujar y hacer retratos.

Cuando terminó sus estudio en Bellas Artes, siete años después, empezó a trabajar en conocida cafetería del Centro. “Todos los artistas, trovadores de la época acudían al ‘Café Ferráez’. De ahí me llevé un ‘souvenir’, me casé con el encargado”, confiesa, mientras se sonroja. En su trabajo conoció a Abundio Ábrego Mena, su esposo.

Durante un tiempo, por su familia dejó la pintura para dedicarse a las labores del hogar y al cuidado de los hijos, mientras su esposo trabajaba: “En ocasiones pintaba, nunca dejé de hacerlo, siempre me gustó estar activa”.

Para apoyar con los gastos del hogar trabajaba como enfermera en las noches y en las mañanas acudía al Centenario a pintar y hacer retratos.

“Me encantaba ir al Centenario, la personas hacían filas enormes para que les hiciera su retrato, era algo que amaba”, expresa, mientras sus ojos se iluminan.

Pero en un instante todo eso cambió cuando su esposo sufrió una serie de infartos que finalmente lo dejaron postrado en una cama.

Debido a esto, Rosario tuvo que hacerse cargo de los gastos de la casa, de la escuela, de sus hijas y demás cosas que se necesitan en el hogar.

Con el dinero que había juntado de su trabajo como enfermera tomó un curso para hacer vitrales con sus maestros y mentores Raúl Urbina Torres y Lety Martínez de Urbina, quienes le enseñaron todo lo que sabe.

Rosario tomó las riendas del hogar y gracias a su labor artística con los vitrales pudo pagar la escuela a sus hijas y más gastos de la casa.

Y así continua. Ya sus hijas han hecho su vida pero ella sigue trabajando en lo que le gusta. “Gracias a Dios ya puede caminar (su esposo) y hacer unas cosas. Además de los vitrales trabaja haciendo retratos, pinturas y repara esculturas.

Ha participado en algunas exposiciones, aunque asegura que ella pinta por pasión, por gusto, no tanto por el dinero. No se considera una gran pintora, pero dice que tiene un conocimiento amplio de diversas técnicas.

“En las exposiciones veo cómo se llevan las pinturas de los demás artistas y las mías se van quedando”, expresa, mientras sonríe.

“Pero lo que más me gusta es que reconozcan mi trabajo, que me halaguen, con eso basta… Nunca claudiquen en lo que se proponen, tienen que llevar al cabo ese deseo, hacer lo que les gusta y apasiona”, puntualiza.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

Diferentes técnicas

Rosario López Balam reconoce que domina varias técnicas, así como “Inventos” que ella realiza, que incluye cuadros que hace con unicel.

La única

Se considera la única que hace “retratos” sobre vidrio.

No me rajo

Para ella trabajar con vitrales es complicado, se necesita paciencia y dedicación; algunas personas que tomaron con ella el curso se “rajaron”.

Perfeccionista

“Me gusta dedicar mucho tiempo a mis trabajos para que queden impecables”.

Edad ideal

La artista indica que la edad ideal para empezar en el mundo del arte es desde niño. “Mientras más jóvenes mejor, para que sean mejores personas cuando crezcan; aunque nunca es tarde para empezar”.




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