“Con amor a la vida”

A sus 101 años, "doña Finita" es ejemplo de alegría

A sus 101 años de edad, "doña Finita" está lúcida, consciente y llena de amor.  Por su edad casi no oye,  pero mantiene su alegría de vivir

A sus 101 años de edad, “doña Finita” se encuentra lúcida, consciente y llena de amor. Debido a su avanzada edad escucha con dificultad y ya no puede ver, pero se encuentra firme y completa en el alma. “Todos me aman y yo amo a todos”, expresa.

Josefina Godoy Ojeda viuda de Miranda, “Finita” como la conocen todos, está sentada en la sala de su casa, en la calle 40 entre 59 y 61 del Centro. Platica sobre su vida, logros y alegrías, porta una blusa naranja, sus llaves cuelgan de su mano derecha, y un rosario, de su pecho. “Costumbre de ancianos”, dice. Trabajó 50 años en una fábrica regional de galletas, donde fue líder de los trabajadores de esa empresa y velaba por los derechos de sus agremiados.

Al llegar el momento de ser pensionada, no quería. Deseaba seguir trabajando como líder de sus trabajadores, para que todos tuviesen sus derechos laborales, pero por le edad “tuve que dejar de trabajar”, comenta. Aún así, gracias a ella y a sus gestiones como vecina, logró que la calle de su colonia se pavimentara y se le pusiera alumbrado.

Una de sus pasiones era bailar en las fiestas, o simplemente por gusto en su casa, hace unos pocos años aún seguía asistiendo a las fiestas de los vecinos. “Agarraba su burrito (bastón) y se ponía a bailar”, comenta Socorro Hurtado, vecina que le hace compañía.

A veces se pone triste porque recuerda todo lo que hizo, sus pasiones. Ahora que ha llegado a la edad de 101 años y se apoya de una silla de ruedas, ya no puede hacer las cosas que más amaba.

“No estoy abandonada, mi hijo me habla todos los días y los vecinos me cuidan”, indica “Finita”.

Su familia

Su único hijo, de 70 años de edad, quien actualmente radica en el Distrito Federal, está al pendiente de ella y todos los días le habla para saber de su salud.

Socorro Hurtado comenta que su hijo ha intentado llevarla varias veces a vivir con su familia, pero “doña Finita” no se deja ya que no le gusta el clima de ahí y prefiere quedarse en su casa.

Consciente de que su estancia en este mundo ya es muy breve y que en corto tiempo acuda al “llamado de Dios”, indica que quiere que la velen en su casa con su seres queridos y sus vecinos.

Dulce recuerdo

Aún recuerda a su esposo y el amor que tuvieron, y aunque él partió primero, siempre está en su corazón.

Sabe las fechas cuando trabajó y todo lo que hacía, sale a la puerta de su hogar a tomar el aire y ver a la gente pasar.

Es una luchadora, soñadora y amante de la vida, así se califica. Sólo porque no puede caminar sino estaría corriendo, indica entre risas su vecina Socorro Hurtado.

“Es la sabiduría de la colonia”, señala.

De igual manera, Lizbeth Buendía Carillo, dueña de la tienda “La Evelita”, comenta que todos los vecinos están al pendiente de ella, que nunca esté sola y su hijo siempre manda dinero, aunque sea poco , ya que él igual ya está grande y pensionado y su dinero no alcanza.

Comenta que su hijo debe venir el 15 de enero para buscar a una persona quien se quede con su madre. Ya que una mujer de 65 años se hacía cargo de “Finita”, pero falleció y ahora una enfermera se encarga de sus cuidados.

Dando lata

“Mientras respire y pueda sentir con mis manos todo lo que me rodea, seguiré dando lata, sé que pronto me iré, pero por mientras deseo estar con mis vecinos, mi hijo , nietos y todos los que me aman, los que se fueron antes de mí me estarán esperando en ese lugar donde todos ríen y no hay sufrimiento, donde todos tarde o temprano iremos, así que todos disfruten su vida, corran, sueñen , rían, porque vida sólo hay una”, dice.

De un vistazo

Sus pasiones

Una de sus pasiones era bailar en las fiestas, o simplemente por gusto en su casa, hace unos pocos años aún seguía asistiendo a las fiestas de los vecinos. “Agarraba su burrito ( bastón) y se ponía a bai lar”, comenta Socorro Hurtado, vecina que le hace compañía.

A veces se pone triste porque recuerda todo lo que hizo.

Trabajó 50 años en una fábrica regional de galletas, donde fue líder de los trabajadores de esa empresa y velaba por los derechos de sus agremiados.

Al legar el momento de ser pensionada, no quería. Deseaba seguir trabajando como líder de sus trabajadores, para que todos tuviesen sus derechos laborales.




Volver arriba