Voces del Público

La violencia escolar es un fenómeno que está presente en las escuelas en todos los niveles. En un kínder un niño de cinco años le tiró el refresco a otro en la playera, lo sujetó y arrinconó contra la pared, le introdujo en la boca con violencia una hoja enrollada de papel y se salió del salón como si nada.

La maestra del grupo dijo que sucedió durante el descanso y por eso no se enteró, pero dijo una gran verdad recurrente: “Hay muchos niños así, que son violentos; y que por más que le decimos a los papás, éstos no hacen nada por remediarlo; quizá es sus hogares ocurre lo mismo”.

Al llegar a la primaria o secundaria los violentos ya son despiadados y los padres de familia no han podido resolver o dar atención adecuada a sus hijos por lo que ante tanta llamada de atención por parte de maestros y otros padres de familia se sienten víctimas del sistema y ponen en duda la veracidad de las acusaciones en contra de sus hijos.

Una de las maneras de defenderse de los reportes de conducta es la de argumentar que los maestros le tienen “filo” a sus hijos, es decir; mala voluntad.

Cuando la situación se vuelve más crítica por algún hecho de conducta más serio entonces la escuela decide suspenderlo, darle de baja o pedir su transferencia a otro plantel y es cuando entran los defensores y quedan amparados por los derechos humanos. No son pocas las ocasiones en la cual, en las escuelas, las autoridades están sujetas de mano puesto que al querer poner un correctivo o tomar medidas para normar este tipo de conductas violentas los padres de familia de estos alumnos se protegen con las “recomendaciones” CNDH . Sin atenuar la responsabilidad que se tiene en la escuela por parte de los maestros y personal en cuanto a los controles de seguridad y de disciplina establecidos en los colegios, los mentores evitan meterse en problemas legaloides y de demandas por tratar de corregir a los alumnos que detectan con este tipo de comportamientos.

El problema prevalece, está latente y en ocasiones termina en tragedias que pudieron evitarse. Considerando que “dicen” que hay personal o instancias a donde se pueden canalizar estos casos de alumnos agresivos se debe reconocer que aún no se ha encontrado el medio eficaz para que la escuela pueda de manera concreta ayudar a revertir este problema escolar que es resultado de una compleja vida social. Mérida, Yucatán




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